jueves, 18 de mayo de 2017

Curiosos experimentos sensoriales con tu cuerpo

Estos 3 curiosos experimentos engañan claramente nuestras percepciones de la realidad. Parecen mágicos, pero solo son "trampas" en las que cae nuestro (inocente) cerebro.

Experimenta con tu nariz

Cruza los dedos índice y corazón, y acaríciate la punta de la nariz con ambos como se muestra en la fotografía. ¿No te da la sensación de tener dos narices?

Tu cerebro ha caído en la trampa que le ha tendido el tacto, ya que no está acostumbrado a que los dedos ‘sientan’ en esta disposición.

En condiciones normales —con los dedos sin cruzar—, si el lado externo del dedo corazón —el más alejado del dedo índice— toca la nariz, el dedo índice no entra en contacto con ella, y viceversa.

Es un estímulo tan habitual que el cerebro ya lo ha asumido. Pero al cruzar los dedos, ambos entran simultáneamente en contacto con la nariz, algo que cerebro le cuesta encajar en sus esquemas, por lo que cae en la tentación de pensar en dos narices.

Experimenta con tus calcetines

¿Llevas puestos calcetines? Pues no los mires y trata de tocar el borde de uno de ellos con la punta de los dedos ¿Has acertado o simplemente te has aproximado?

El fenómeno que explica tu falta de puntería se conoce como ‘habituación’, o capacidad de los sentidos para adaptarse a la presencia de un estímulo continuo y constante, y no prestarle atención.

La habituación también afecta al gusto y al olfato. Los receptores de la nariz se acostumbran rápidamente a un olor y dejan de apreciarlo apenas un minuto después, lo que supone un peligro si se produce un escape de gas.

Experimenta con tu piel
Frota un área de la palma de la mano con alcohol y a continuación deposita en esa región unas gotitas de agua —puedes emplear una pajita para hacerlo—. ¿Observas lo que les pasa a las gotas?

En lugar de mantener su forma habitual se han extendido plácidamente por la piel y comienzan a penetrar en ella. Si no lo ves claro, puedes depositar unas cuantas gotas en la otra mano y observar la diferencia.

Las glándulas sebáceas presentes en la piel producen una sustancia oleosa que le confiere una capa impermeable. Al frotar con alcohol la has eliminado. Esta capa sebácea no sólo actúa como repelente del agua.

Su función protectora va más allá al actuar como barrera frente a los gérmenes, gracias a que en su composición incluye sustancias germicidas, que son los agentes desinfectantes del exterior del cuerpo.

Y es que, aunque no los veamos, la cantidad de organismos vivos que pululan por la piel de una persona es similar al número de habitantes del planeta. Entre ellos destacan las bacterias, responsables de descomponer el sudor y dotarlo de su olor característico.

Sin su participación, el sudor prácticamente no olería a nada.
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