jueves, 27 de julio de 2017

Insectos, los amos del mundo

Los insectos son los únicos invertebrados que han aprendido a volar. Sus alas sirven como capas protectoras, instrumentos musicales, camuflaje,  señas de reconocimiento, para atraer parejas o retraer predadores y, claro, también para volar.
El más grande competidor del hombre por comida es el insecto, pero al mismo tiempo mantiene a la tierra limpia y productiva. Sin ellos no podríamos alimentarnos (el caso de las abejas es especialmente significativo). Y aunque ellos podrían fácilmente sobrevivir sin nosotros, el ser humano depende de ellos.
La revista Wired celebra a estos hiperestéticos monstruos, que más allá de molestarnos por su presencia deberíamos de rendirles tributo, como dioses fractales, obreros mínimos del gran proyecto de alquimia que es la vida en la Tierra.
Pese a ser primitivas, estas alas son las más rápidas del mundo de los insectos: las libélulas han cronometrado vuelos de más de 56 kilómetros por hora.




La capacidad de doblar las alas, les permite a algunos insectos adaptarse a diferentes habitats y esconderse de sus depredadores. Entre los primeros insectos en adoptar esta habilidad están los efemerópteros (popularmente cachiporras). Doblar las alas les permite volar por terrenos accidentados, entre pasto y follaje, convirtiéndolos en todoterreno.




La evolución ha llevado a las alas de los insectos a una simpleza y elegancia estética.  Los crisópidos también son llamados “alas de encaje” por la sutileza y refinación de sus herramientas de vuelo.








 Un claro ejemplo de la clásica mimesis de alas con hojas. Un saltahojas, de la familia de los cicadélidos, se alimenta justamente de las hojas que sus alas mimetizan: para qué usar un arma mientras cenas y te distraes, si te puedes volver invisible.
Las alas de esta polilla o mariposa nocturna (de la familia Saturniidae) de Brasil también están diseñadas para acoplarse al bosque y pasar hipnóticamente desapercibidas. A primera vista podríamos pensar que sus alas están emplumadas como las de un ave, pero son solamente parte del embrujo de este insecto de la familia de los lepidópteros, que ejerce un mítico magnetismo en diferentes culturas tradicionales.


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