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327 JUEGOS

miércoles, 12 de octubre de 2011

Biografía de una mariposa


Lo que sí tienen todas las mariposas en común es un ciclo vital increíble: la metamorfosis, historia de una vida que se divide en cuatro capítulos (huevo, oruga, pupa o crisálida y adulto) y que aún hoy deja atónitos por su extrañeza a los científicos de todos los rincones del mundo. Es un ciclo que nos muestra magníficamente en estas fotografías Ingo Arndt.
La vida media de una mariposa dura desde 24 horas a varios meses en el caso de algunas especies, por lo que no tienen tiempo para florituras: una vez logran salir de la crisálida al mundo e ingerir los mínimos nutrientes para la supervivencia, su primera misión es buscar pareja y plantar el huevo.
Así, sin perder el tiempo. Una vez fecundadas, las mariposas buscan la planta de la que después se alimentarán las pequeñas larvas, asegurándose como una buena madre avispada de que no haya más huevos en ella, para que la comida sea solo de los suyos.
Esta clase de metamorfosis, conocida como holometábolos (o metamorfosis completa) es todo un prodigio natural: en estado larval no tienen ojos compuestos, ni patas, ni siquiera esbozos de alas. Mientras se transforman para pasar al estado adulto, mudan y cambian varias veces la delicada piel que las protege, hasta que llega el momento de la pupación y su cuerpo termina de formarse. La propia larva participa en el proceso activamente, luchando por salir del refugio improvisado.
Concluida la etapa de metamorfosis y de apareamiento, la mariposa vuela hasta agotar sus energías. Se cumple un ciclo más de vida.

Etapa huevo


A partir de la puesta, el pequeño huevo empieza a transparentarse, lo que permite que podamos ver a la larva antes de salir al mundo exterior. Cuando llega el momento, el joven gusano, se dispone a cortar con sus diminutos dientes la resistente cáscara que le ha servido de residencia –corión–; lo hace en forma de tapa circular (como si abriera una lata de atún con un abrelatas). Una vez despejado el paso saldrá de su refugio con movimientos serpenteantes y se alimentará al principio de la cáscara vacía, para proveerse de los nutrientes necesarios que le ayudarán a vivir hasta que localice la planta de la cual se debe alimentar (trigo, otros cereales...). Habitualmente, en previsión, las hembras sueltan sus huevos en las plantas de las que se nutrirá después la pequeña oruga. Esto causa un problema para los agricultores, quienes ven sus cosechas atacadas por un joven ejército de gusanos hambrientos.



Etapa oruga


Las larvas de lepidópteros en esta fase solo hacen dos cosas: evadirse de los depredadores y comer. Por cuestiones de supervivencia, las orugas se ven obligadas a usar venenos y trampas para defenderse, y algunas han desarrollado incluso una amplia gama de colores y formas con las que engañar a los enemigos haciéndoles creer que son peligrosas. Esta fase está caracterizada por una alimentación continua y voraz de la larva, únicamente detenida en aquellos momentos en los que la oruga realiza las mudas de piel, que, por razones de crecimiento, llevará a cabo unas cinco veces (dependiendo de la especie) en un período de unas tres semanas de media.


Etapa Pupa


Al final de su ciclo de vida, la piel de la oruga se divide y revela la conocida pupa, o crisálida. Con el paso de los días, antes de que la mariposa abandone su improvisado hogar, la pupa se va volviendo cada vez más translúcida, y el color que la mariposa tendrá cuando llegue a adulta empieza a ser visible. El hogar de seda de la oruga comienza a resquebrajarse y el insecto lucha por salir al exterior. Una vez libre, desprende de su abdomen meconio, un fluido opaco, las primeras heces de la mariposa. Minutos después de sus primeras necesidades realiza un pequeño ejercicio de abrir y cerrar las alas para bombear el líquido hemolinfático a las venas alares. Así consigue que las alas, que después le permitirán volar, se endurezcan y cojan ritmo. En esta fase, de la creación de trampas y otras genialidades es de lo que depende su supervivencia.


Etapa Mariposa



Cuando la mariposa está formada completamente, la metamorfosis ha llegado a su fin, lo que dará como resultado la mariposa o polilla que todos estamos habituados a ver. En este momento, las mariposas ya están preparadas para la reproducción, que se hará dentro de las siguientes 24 horas en la mayoría de los casos, dada la corta vida de estos vistosos insectos. La vida de una mariposa varía mucho según la especie. Su longevidad puede variar desde un día hasta el caso de la mariposa monarca o la brimstone, que consiguen evitar mejor a la parca y sobrevivir durante aproximadamente nueve meses.


De peluche nada, monada


Esta oruga, de la familia de la polilla de la franela, tiene una apariencia entrañable, cálida y agradable, pero en realidad es una estafadora. Sus cerdas sintéticas esconden dentro una sustancia venenosa, así que si te la encuentras por ahí, metamorfoseando, evita la tentación de acariciarle su llamativo lomo.



Un improvisado disfraz


La mariposa Athyma perius, en su mayoría en el sur de Asia, evita a los depredadores haciéndose menos visible: cambia sus espinas y colores por otros más tenues, de forma que pueda confundirse con el entorno.


De camuflaje


La crisálida de la mariposa  Phoebis sennae combina tonos y formas de plantas tropicales para ocultarse a la vista de los ávidos depredadores. Puede adoptar formas y colores realmente insólitos durante la fase de pupa. Esto trae de cabeza a entomólogos y científicos, ya que todavía no han encontrado el porqué de este extraño colorido.


Forma de cometa


La Mittrei argema, también conocida como polilla de la cometa, cuenta con trece centímetros de “cola”, que en realidad son solo dos alargadas alas. Utiliza  también esos falsos ojos que ves para ahuyentar a los posibles depredadores. Otros lepidópteros tienen ojos falsos que parecen parpadear cuando baten sus alas.



Súper rastreadora


Con una envergadura de casi 16 centímetros, la Piri saturnia es la polilla más grande de Europa y consta entre las más grandes del mundo. Su impresionante sentido del olfato –el resultado de enormes antenas con forma de peine– llega a detectar el olor de las hembras a kilómetros de distancia.