EN LA ESQUINA de López de Hoyos con Príncipe de Vergara había una pareja discutiendo. Ella lloraba y cuanto más lloraba ella, más agresivo se ponía él. Me acerqué con disimulo deteniéndome frente al escaparate de una tienda de muebles. Entonces la mujer dijo:
-Pues si quieres, lo metemos en mi maletero.
No comprendí a qué se refería, pero la voz me sonó familiar y me di cuenta de que se trataba de la chica del telediario. Era un poco más delgada que en la pantalla y su voz tenía un registro agudo que en la televisión tampoco se advertía, pero no hay que olvidar que estaba excitada por el asunto del maletero. Entonces, él advirtió mi presencia y continuaron andando un poco más contenidos los dos.
Al día siguiente, cuando empezaron las noticias, me fijé en la chica y advertí que había llorado. Un espectador menos atento, o que no hubiera asistido a la pelea del día anterior, no se habría dado cuenta, porque el maquillaje era perfecto. Lo más probable era que se hubiera puesto colirio también, para iluminar un poco la pupila. Pero se percibía en el fondo de los ojos un poso de cansancio. Me dio lástima, la verdad.
Durante los siguientes días la observé con atención y comprendí que las cosas entre la chica y el hombre no iban mejor. Tenía mala cara, pese al maquillaje, y no llevaba el pelo tan arreglado como era habitual. Se lo dije a mi mujer.
-Esa chica está muy desmejorada.




