Ahora se sabe, por ejemplo, que aunque el pulpo está catalogado como un molusco y que la mayoría de estos carece de cerebro, en su caso desarrolló uno sumamente avanzado, que la ha permitido tener, además de una inteligencia notable, la capacidad de sentir emociones y de generar una personalidad individual, características sin duda relacionadas con el número de neuronas que posee: aproximadamente 130 millones de ellas (el ser humano tiene 100 mil millones),
Un número nada despreciable y todavía más sorprendente porque, a diferencia de otras especies como los primates, dichas células se encuentran distribuidas no solo en el cerebro, sino también en sus brazos. Esto ha dado pie a un curioso fenómeno descubierto por algunos investigadores: aunque un brazo de pulpo se haya desprendido del resto del cuerpo, se ha llegado a arrastrar por sí mismo y, en otra observación, si un brazo desprendido se topa con algo que considera alimento, realiza el movimiento de tomarlo y llevarlo al sitio donde estaría la boca del pulpo.








































