En su nueva obra Galloti realiza un retrato de la infidelidad femenina, un fenómeno que, tal como ha explicado a El Confidencial, sigue siendo negado por sistema y calificado negativamente. Aunque la autora reconoce que la infidelidad femenina ha ganado visibilidad, cree que estamos en una época en la que se está cerrando el círculo de las libertades sexuales: “Los jóvenes vuelven a valorar cosas del pasado, con respecto a la moral de las relaciones sexuales. Hay chicos que no quieren usar el preservativo, como si nada hubiera pasado. Los cambios no son tan profundos como parecen. Hay una falsa moral. La sociedad se sigue escandalizando con la infidelidad femenina y no con la individual, con la que protagonizamos todos los días en el trabajo o las relaciones, cuando no somos fieles a nosotros mismos”.
Acabando con lugares comunes
Hay un tópico muy extendido para justificar la infidelidad masculina: los hombres son más propensos a ésta que las mujeres, ya que tienen un deseo sexual incontenible. Gallotti cree que se trata de un lugar común que no se ajusta a la realidad. Según la sexóloga, no hay tantas diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta al amor y el sexo, “lo que durante siglos ha hecho que parecieran distintas es un encasillamiento moral”. A la sociedad en conjunto le interesaba especialmente que la mujer no fuera infiel: “La reproducción complica mucho la sexualidad femenina, y afecta enormemente a su libertad sexual. Históricamente la sociedad ha intentado asegurar que los hijos fueran del marido de la pareja estable. Si los hombres también pudieran tener hijos la sexualidad sería muy diferente”.
Numerosos investigadores sociales han estudiado si la monogamia es realmente la forma natural de relación entre hombres y mujeres. Gallotti es de la opinión de que la monogamia es sólo “una convicción social y no está claro que es lo que quiera todo el mundo, ni siquiera que sea la forma de relación más beneficiosa en conjunto”. En la década de los 70, tal como explica Gallotti, se empezó a hablar abiertamente de la crisis de la familia y la pareja monogámica. En todo este tiempo han cambiado enormemente los modelos de familia, sin embargo la monogamia sigue resistiendo como la única forma comúnmente aceptada de relación sexual y amorosa.








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