La nota de suicidio es un género literario injustamente menospreciado por la crítica. Al fin y al cabo el suicida debe expresar en unas pocas líneas su legado al mundo, reivindicar, si cabe, su gesto y acaso justificarse de cara a la sociedad, tan poco comprensiva respecto a los atajos hacia la parca.
Elaborar una adecuada nota de despedida final tiene que seguir algunos puntos básicos para tener "éxito". Aquí enumeramos algunos, con la esperanza de que solamente lo lean, lo disfruten y se sonrían, pero eso sí, que ninguno intente llevarlo a la práctica, porque no deben olvidar que este es un tipo de literatura que, literalmente, te mata, y no precisamente de aburrimiento! :)

1. Sé conciso. El suicidio es muy a menudo un acto de narcisismo extremo, lo que explica que el suicida tienda a sobrevalorar la atención que le van a prestar sus semejantes y deje escritas largas filípicas a modo de legado póstumo. Pero no te engañes: en una sociedad enferma de déficit de atención, una nota de más de 140 caracteres es, para la mayoría, un tocho como ‘Guerra y Paz’.
El poeta Mishima, probablemente el suicida más célebre de la edad moderna, escribió estas palabras antes de hacerse un seppuku (lo que erróneamente llamamos harakiri):
“La vida es breve y yo quiero vivir para siempre”
2. Deja una enseñanza útil. No enfangues con recriminaciones o estériles

divagaciones tus últimas palabras. Lo que necesitamos los vivos son consejos prácticos. Por ejemplo, puedes compartir ese truco de cocina para que el arroz quede siempre en su punto o, como hizo el gran Hunter S. Thompson, un momento a partir del cual no vale la pena vivir: los 50 años. El inventor del periodismo gonzo aguantó 17 más, pero claramente le sobraron. Esta es la nota que dejó escrita a su mujer cuatro días antes de volarse los sesos:
“Se acabó la temporada de fútbol. No habrá más juegos, ni más bombas, ni más caminatas, ni más diversión. No volveré a nadar. 67. Estos son 17 después de los 50. Diecisiete más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Siempre estoy de malas pulgas. No hay diversión… para nadie. Te estás volviendo codicioso. Actúa tu vejez. Relájate. Esto no va a doler.”