Tac-Cata-Taca-Tac-Taaac” viene a decir maliciosamente el jefe de las tropas invasoras antes de convertir al Congreso estadounidense en esqueletos de color verde o rojo. Tim Burton, en su Mars Attacks!, que convertía al cine unos cromos de 1962, rescataba a los marcianos malvados, que han sido parte de la historia de la ciencia ficción desde que H. G. Wells escribiera en 1898 La Guerra de los Mundos.
Pero los “hombrecillos verdes” tienen mucha más historia. Por cierto, que el responsable de que tan a menudo los marcianos se pinten verdes, también fue un escritor de ficción: Edgar Rice Burroughs, más conocido por su serie sobre Tarzán de los monos, publicó en 1911 unas presuntas memorias de un capitán norteamericano, John Carter, en su libro La princesa de Marte (la saga continuaría con diez novelas). El excombatiente de la Guerra Civil es transportado a Marte, que se halla en guerra, y acaba interviniendo en el destino de esos seres verdosos. Burroughs empleó, realmente, al Planeta Rojo como metáfora de la condición humana.
Representaciones del planeta como Dios
1.- Ares Ludovisi, escultura de Lisipo (320 a. de C.).
2.- Marte de Todi, bronce etrusco del siglo IV a. de C.
3.- Este Marte que aparece como un guerrero es una miniatura gótica (siglo XV) de un manuscrito llamado De Sphæra.
4.- Botticelli píntó en 1500 a Marte lánguido, rodeado de faunos y descansando junto a otro planeta, al que dio forma de mujer: Venus, la diosa del amor.
Mapas de planetas
Representación astrológica del Sistema Solar con los seis planetas que se conocían hasta 1781: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter Saturno y la Luna.
La larga vida de los canales
El término “marciano” casi es sinónimo de extraterrestre; casi nunca se habla de jovianos, saturnianos o venusinos. Y posiblemente se debe a los propios astrónomos. En 1877, el italiano Giovanni Schiaparelli realizó mapas de Marte en los cuales aparecían largas estructuras que él denominó “canales”. Un acaudalado hombre de negocios con vocación de astrónomo, Percival Lowell, confirmó el descubrimiento con el mejor telescopio de la época: el que se había hecho construir en Flagstaff, Arizona. Y concluyó que no podían ser sino obras de ingeniería de una avanzada civilización, que permitían llevar agua desde los polos al desértico ecuador del planeta. (El Canal de Suez, prodigio de la ingeniería humana, había sido inaugurado en 1868; los canales marcianos eran cientos de veces mayores.) Marte no sólo estaba habitado, sino que los marcianos eran mucho más avanzados que nosotros. Un mundo seco, pero muy parecido a la Tierra, habitado…
Posteriormente, los astrónomos comprobaron que los canales no existían: el ojo creía ver esas líneas en las manchas que el planeta ofrece cuando se observa con instrumentos astronómicos. A pesar de que la única inteligencia que los había fabricado era la que estaba a este lado (el terráqueo) del telescopio, los marcianos pasaron al imaginario popular.
El primer mapa de Marte (arriba) fue realizado en Berlín por Wilhelm Beer y Johann Heinrich von Maedler en 1839 a partir de dibujos de entre 1830 y 1832.
Huygens vio en 1659 que la superficie marciana cambiaba con las estaciones.