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308 JUEGOS

viernes, 8 de marzo de 2013

El bigote de las mujeres portuguesas.

La mención al bigote de las portuguesas pudiera parecer un chiste xenófobo de los españoles hacia sus vecinos peninsulares si no fuera por un pequeño detalle: aún es habitual cruzarse en las aldeas de Portugal con mujeres mayores que lucen un hermoso mostacho.

La costumbre de dejarse crecer el bigote y los pelos de las piernas tiene un origen colonial y, ahora sí, racista: los territorios del imperio portugués estaban principalmente en África –Cabo Verde, Mozambique, Guinea Bissau, Zanzíbar y Angola- y en América –Brasil- (amén de múltiples colonias en Asia y Oceanía), de modo que la población sometida era principalmente negra. Como es bien sabido, los negros son barbilampiños: apenas tienen vello corporal, de modo que los portugueses (y las portuguesas) hacían alarde de su origen racial dejándose crecer el pelo de la cara, las piernas y allí donde saliera.

“Esto sucedía ya en el siglo XVI”, cuenta Catarina, la única portuguesa que ha accedido a romper la ‘omertá’ sobre este peliagudo asunto para este artículo: “Para diferenciarse de los negros, las portuguesas lucían un elegante bigote”, explica. “Lo curioso es que la gente más culta abandonó la costumbre hace un siglo, pero quedó como residuo en las zonas rurales y más atrasadas. Sin ir más lejos, la mujer que cuida la casa de mi familia en el pueblo luce un bigote que ya quisiera para sí Burt Reynolds”.

La colonización trajo a las calles de Lisboa la moda del bigote femenino; la descolonización, cuatro siglos después, extendió la costumbre capilar entre las clases más humildes. En 1975, tras la Revolución de los Claveles, Portugal pierde sus colonias en África -Cabo Verde, Guinea-Bisau, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe y Angola- lo que desencadena el retorno de miles de portugueses a la metrópoli.

Una vez más, las portuguesas quieren demostrar su ‘blancura racial’ ante sus compatriotas, así que desdeñan novedosos inventos de Occidente, como la Epilady y la cera, que ya es de uso común entre el resto de las portuguesas, y se dejan crecer los pelos en el pecho, en la cara y en las piernas.

No todos apoyan esta teoría, claro. Un profesor universitario de historia moderna portuguesa que prefiere mantenerse en el ‘economato’ cree que la hipótesis es “peregrina” y que entronca con “un prejuicio de los españoles respecto a la belleza (escasa) de las portuguesas, un prejuicio que ya alimentó el escritor Juan Varela, que estuvo destinado como diplomático en Lisboa en el siglo XIX”.

Sin embargo, la ilustre catedrática de Filosofía Portuguesa Pilar Vázquez Cuesta refería a sus alumnos -medio en broma, medio en serio- la teoría que explico sobre el origen del bigote de las portuguesas. Ligia Borges, profesora portuguesa afincada en Extremadura, también refiere la historia de los retornados de la Revolución de los Claveles aunque matiza que “se trata de una broma entre portugueses, no una verdad”.

Cabe aclarar que las portuguesas no son per se más hirsutas que las españolas: todos los ibéricos surgen de la misma cepa. La diferencia estriba en que España apenas tuvo colonias en el África negra (tan sólo Guinea Ecuatorial), de modo que no fue necesario para los españoles redundar en su origen caucásico.

Y hablando de bigotes… ¿sabías que la palabra ‘bigote’ viene de la expresión alemana ‘bei Gott’ (‘¡Por Dios!’), que utilizaban los soldados alemanes mientras se llevaban el dedo sobre el labio superior?