jueves, 17 de noviembre de 2016

4 consejos para tratar con hijos desobedientes

Hace unos años los adolescentes se rebelaban contra sus padres, pero hoy en día los niños ya comienzan a edades mucho más tempranas con dicha conducta. Todos conocemos que alrededor de los dos años lo niños tienen la etapa del NO, se oponen a todo. Esta conducta puede cesar o mantenerse durante muchos años. Algunos no la atraviesan en la etapa preescolar y comienzan con la rebeldía en la adolescencia.

Más que saber las causas de la rebeldía es importante tener claro cómo responder, pues vuestras reacciones ante ella tienen un fuerte impacto en la personalidad de sus hijos ya que están en pleno proceso de formación. Ustedes tienen herramientas muy productivas como el silencio, las palabras y las actitudes. La conciencia ayuda a poder decidir plenamente cuál y cómo las utilizarán para que sean positivas y eficaces. Antes de empezar a presentar la guía, tienen que tomar conciencia de lo que sienten ante la rebeldía de vuestros hijos: enojo, miedo, impotencia, sentimientos de no ser buenos padres, culpa, etcétera.

El primer punto es tener presente que la relación padre-hijo es vertical, ambos se deben respeto mutuo pero el primero es la autoridad que educa, pues tiene experiencia para transmitir pautas de conducta. Los niños pueden enojarse por la puesta de límites, pero el padre tiene que ser consciente de que es el responsable de su educación. La rebeldía puede ser una forma de responder pero no los exime a ellos de cumplir con las normas fijadas por los padres, ni a éstos últimos de educar.

La segunda pauta es que todo límite o pedido tiene que ser expresado con un tono calmo y tranquilo. Cuando el padre habla con rabia, mal humor o irritabilidad, el hijo lo siente como una persona débil que le transmite inseguridad. La falta de firmeza en los adultos es un terreno propicio para desobedecerlos.

La tercera herramienta es que el padre tiene que tener respuestas predecibles ante las conductas de su hijo para que éste pueda estar seguro que ante determinada acción suya vendrá siempre la misma respuesta del adulto. Esto brinda calma, seguridad y así es más fácil obedecer al adulto. Por ejemplo el niño sabe que sí no cumple con determinada tarea perderá el derecho de ir a un lugar que le guste por determinado tiempo.

La cuarta herramienta es utilizar siempre un lenguaje que transmita ideas claras sin rodeos, comprensible y simple, sin insultos, ni burlas, ni amenazas. Para eso los adultos tienen que estar firmes y tener plena conciencia con respecto a lo que ellos están sintiendo para poder gestionar sus sentimientos. Muchos padres se enojan intensamente y no pueden contener la rabia y comienzan a gritar, insultar o amenazar. Si bien en ciertas situaciones los niños acatan las normas lo hacen para dar por finalizada la discusión, no por respeto o entendiendo que es una regla que hay que tener en cuenta para la convivencia. Los adultos no pueden responder con la misma conducta irrespetuosa, tienen que expresar de forma asertiva que son los padres y conducirse en la vida como tales.



padres, hijos
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