martes, 15 de noviembre de 2016

6 razones científicas por las que Facebook nos hace malas personas

¿Por qué todo el mundo en Internet se comporta como un imbécil?

Es hacer scroll por mi muro de Facebook y no poder evitar que esa pregunta resuene muy fuerte en mi cabeza. O algo mucho peor: ¿Me estaré comportando YO como una imbécil en Facebook? ¿Lo seré?

Si tú, querido lector, también tienes las mismas dudas, no te preocupes: la respuesta a todas esas preguntas es SÍ. Según la ciencia, la gente se comporta como una imbécil en Internet y tú, aunque no lo quieras admitir, también.

Aquí te dejamos seis pruebas de ello.

I. Quejarnos en las redes sociales nos hace sentir mejor que quejarnos en la vida real.

Para qué le dan el Nobel de Literatura a Dylan si es cantante. Trump va a hacer implosionar el planeta y nos va a deportar a todos. Mira tú que mal estos ingleses con el Brexit o vaya drama que Mariano vuelve a ser presidente porque it's very difficult todo esto.

Es pasear por las redes sociales de mis colegas y comprobar que esa tía que no abría la boca en clase se ha convertido en una experta en política internacional o que ese muchacho tímido de la última fila se ha transformado en un líder de opinión, todo a golpe de like y de mucha mala baba online.

Todos sabemos de todo. Todos opinamos de todo e Internet se ha convertido en el ring perfecto en el que batallar por cosas de las que, verdaderamente, no tenemos ni idea. ¿Y por qué? Puro gregarismo, dice la ciencia.

Cada RT, comentario a favor o like nos hace sentirnos parte de un grupo unificado, un grupo que nos apoya en todas nuestras decisiones.

Además, parapetarse tras una pantalla nos permite enfadarnos más a gusto. Ponerse a gritar como un descosido en un entorno social real da palo. ¿Pero quién no ha soltado sapos y culebras a golpe de teclado? Disparar dardos en Internet es mucho más sencillo. Y siempre podemos dar en el blanco.

II. El enfado es más viral que la felicidad
Un día te encuentras súper inspirado y decides postear una cita motivacional de Paulo Coelho. El universo conspirará para que logres tus objetivos o algo así. A la semana, eres consciente de que no, que lo único que hace el maldito universo es joderte una y otra vez. Entonces decides escupir tu rabia en un estado de Facebook. Y voilá. La magia ocurre y los likes comienzan a aparecer. A la gente le gusta tu sufrimiento, a la mierda Coelho.

Según un estudio llevado a cabo por Weibo, la versión china de Twitter, las emociones viajan de manera más fuerte a través del mundo online e incluso pueden influir sobre los sentimientos de aquellos que lo leen. Y la emoción que más rápido se propaga es, por supuesto, la rabia. Especialmente si nos referimos a “problemas sociales y asuntos diplomáticos”.

La ira es una emoción de “alta excitación”, lo que explica por qué las personas nos decantamos tan rápido por ella. Nos hace querer hacer algo y nos hace querer hacerlo YA. ¿Porque qué sería de todas las peticiones de Change.org sin la ira?

Sin embargo, existen una serie de emociones que, según explicaba el profesor de marketing funcional Jonás Berger, consiguen eclipsar a la ira: el temor, la sensación que tenemos cuando somos testigos de la verdadera belleza o del conocimiento inalterable. Y desgraciadamente eso cada vez escasea más.

III. Los likes hacen que nos crezcamos
Los seres humanos perseguimos la aprobación del grupo. Y unos cuantos likes pueden provocar que nuestro pequeño ego crezca como la espuma. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de California llegó a la conclusión que los 'me gustas' y los 'retuits' pueden llegar a ser tan placenteros como el sexo y tan adictivos como la droga.

Para un estudio de la Universidad de UCLA, un grupo de adolescentes revisó sus fotografías mientras su cerebro era escaneado y ocurrió lo siguiente: sus fotos más populares provocaban la activación de los mismos circuitos de recompensa cerebrales que los que correspondían al chocolate, al sexo o a las drogas. Esto puede provocar que nos dedicamos a buscar ese placer en las redes y acabemos totalmente adictos a la aprobación virtual.

IV. El cerebro no puede procesar conocer a tanta gente
Verdad incómoda en 3, 2, 1... Tus amigos de Facebook no son realmente tus amigos. Y da igual que tengas 500, realmente tu cerebro solo puede procesar la interacción con un máximo de 150 personas. Eso es lo que se conoce en psicología como Número de Dumbar, y hace referencia a que el ser humano solo puede mantener relaciones sociales exitosas con un máximo de 150 individuos.

Facebook ha conseguido que el dichoso número nos reviente en la cara y que el usuario promedio de la red social acumule 100 amigos de media. Sin embargo, solo con el 20% de ellos interactúa en la vida real. Una encuesta llegó a la conclusión que el 54% de la gente acepta solicitudes de amistad por cortesía y un 34% por la necesidad de ser visto como alguien popular.

Pero bueno, realmente tiene su lógica cuando el proceso de amistad en las redes acabó convirtiéndose en una simple petición y en la vida real implica cosas como preocuparse por los dramas de tu colega.

V. Es imposible captar el tono de las conversaciones por chat
Las guerras del futuro comenzarán por un emoji mal seleccionado o por unas mayúsculas equivocadas que provocarán que cualquier conversación SE CONVIERTA EN UNA ORGÍA DE GRITOS.

Un estudio de 2005 detectó que nuestra capacidad para detectar si el tono de un correo electrónico era serio o sarcástico era bastante limitada. De hecho, solo lo consiguió averiguar el 56% de los participantes. Por el contrario, si el mensaje llegaba por teléfono la probabilidad de éxito llegaba al 73%. Eso se debe a que a menudo juzgamos la intención del mensaje basándonos en la persona, no en lo que nos dice el mensaje. Así que si recibimos un correo electrónico del tarado de la oficina y el mismo de nuestro jefe, es muy probable que nos tomemos más en serio lo que dice nuestro superior.

Pero el remitente también tiene su parte de culpa. Cuando enviamos un mensaje sabemos lo que queremos decir y asumimos por simple pereza que nuestro interlocutor también lo hará. Sin embargo, en comunicación el 55% tiene que ver con el lenguaje corporal, el 38% con el tono de voz y solo el 7% con las palabras escritas. Además, los seres humanos tendemos a interpretar los mensajes de manera neutral o, en el peor de los casos, de manera negativa. Así que combinemos nuestra arrogancia, la paranoia y que solo captamos el 7% de la información y ya tenemos el lío montado en Internet.

VI. El anonimato nos hace muy cafres
Todos sabemos que es más fácil ser ofensivo siendo un huevo de Twitter o un avatar friki de Internet. Pero un estudio de la Universidad de Houston nos confirma la teoría. Se analizaron 900 comentarios sobre artículos de inmigración y se llegó a la conclusión de que el 53% de los comentaristas anónimos eran maleducados, frente al 29% de la gente que tenía que registrarse.

Sentirnos parte de la manada nos permite deshacernos de todo sentido de la responsabilidad y esconder nuestros insultos entre la masa de la red.

Por otra parte, la bilis que algunos expulsan por Internet tiene más poder de lo que pensábamos. Una investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison averiguó que los comentarios de los demás nos pueden hacer incluso cambiar de opinión sobre lo que acabamos de leer. Para ello, se obligó a los participantes a leer un blog falso y luego los comentarios negativos. Y también pasó algo muy curioso: los comentarios ayudaban a polarizar la opinión, simplificándola.



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