sábado, 19 de noviembre de 2016

Cuidado con las peligrosas enfermedades que puede transmitir tu mascota

Toxoplasma: el parásito que puede llegar al feto

El enemigo número uno entre las embarazadas que conviven con un gato es la toxoplasmosis. Durante los meses de gestación, han de manipular la mascota con cuidado, para prevenir una infestación que puede derivar en malformaciones e incluso en abortos. Para tranquilidad de las futuras madres, hay que decir que esa situación solo se da en casos extraordinarios, cuando el parásito que la provoca, el Toxoplasma gondii, atraviesa la barrera placentaria e infecta al feto. El contagio puede ser instantáneo al tocar las heces del animal enfermo cuando se manipulan inadecuadamente los areneros y las cajas de excrementos de la mascota. Los síntomas más comunes son la inflamación de los ganglios linfáticos de cabeza y cuello, fiebre y dolores de cabeza, garganta y músculos. Leídos de un tirón pueden provocar alarma, pero no hay motivo para ella, pues la toxoplasmosis suele ser una dolencia leve, aunque, eso sí, puede reaparecer. La mejor medida contra el contagio es la prevención. La persona encargada de limpiar el arenero del gato ha de enfundarse previamente unos guantes, a ser posible, desechables. Y, tras acabar con esta tarea, debe lavarse las manos. Por precaución básica, las embarazadas y las personas inmunodeprimidas es mejor que deleguen la tarea.

¡Atentos a los arañazos gatunos!

Si tu minino está cuidado, sus zarpazos no pasarán de ser unas caricias más o menos molestas. Si no, sus uñas pueden convertirse en el mejor aliado de la bartonelosis, una infección producida por la bacteria Bartonella henselae. Aparte de arañazos y rasguños, el germen puede desembocar en el ser humano a través de las mordeduras, así como de la saliva del animal al entrar en contacto con la piel o las superficies mucosas de la nariz, la boca y los ojos de su dueño. Los síntomas se manifiestan en ampollas en el lugar de la lesión, fatiga, fiebre, dolor de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos cerca del foco de la infección y malestar general. Por lo general, la enfermedad del arañazo del gato no es grave y suele remitir sin tratamiento médico. Si no, hay que tomar un antibiótico. Cortar las uñas del felino con regularidad, desinfectar instantáneamente cada lesión y lavarse las manos después de tocar al animal son el mejor antídoto preventivo contra una dolencia que puede calificarse de emergente, a pesar de lo fácil que sería desterrarla para siempre.

La fiebre de los conejos

Conejos, roedores y, en España, sobre todo, topillos. Estos son los reservorios más comunes de la tularemia, una enfermedad ocasionada por la bacteria Francisella tularensis que pasa al hombre por contacto con animales enfermos u otros agentes infectados, como garrapatas y moscas, o por la ingesta de carne o agua contaminadas. Algunas personas pueden llegar a tener neumonía después de inhalar la tierra o los vegetales infectados. A pesar de los controles, cada vez se producen más casos. Como explica Elías Rodríguez, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de León, “la OMS no solo considera emergentes las enfermedades graves descritas por primera vez, sino también aquellas que incrementan su presencia en zonas o en hospedadores nuevos, las que aumentan su gravedad o las que manifiestan nuevos tipos de transmisión”.

Al loro con loros y periquitos

Las mascotas de pico no están libres de culpa. La zoonosis voladora más común es la psitacosis, una infección generada por la bacteria Chlamydophila psittaci, que se oculta en los excrementos de los pájaros. Los loros y los periquitos son las aves domésticas más propensas a transmitirla. En muchos casos, estas aves son importadas, así que como medida de precaución, se mantienen en cuarentena. El paso de la bacteria a las personas provoca síntomas parecidos a los de la gripe, como fiebre, escalofríos y dolor de cabeza, por lo que es fácil confundirla con esta. El contagio se produce con frecuencia por inhalación del polvo de las heces secas que se encuentra en las jaulas. Estos restos mantienen su capacidad infectiva durante semanas. Por ese motivo, afecta particularmente a los empleados de tiendas de animales, a trabajadores de plantas de procesamiento de carne de aves y a veterinarios

Quistes en serie

Los lugares con déficit de higiene y condiciones pésimas de salubridad son el caldo de cultivo de la giardiasis. Por ello, es una infestación que se ceba con los países más pobres. La enfermedad se manifiesta en quistes, y tiene su origen en un protozoo microscópico llamado Giardia duodenalis. Este se propaga entre mascotas, de estas a humanos y entre humanos por contacto con las heces. Se considera también como una enfermedad de transmisión sexual (ETS), ya que en algunos países es frecuente adquirirla a través de relaciones anales sin protección. El mayor número de casos de giardiasis en España y en los países occidentales no se relacionan con los animales de compañía, sino con el consumo de agua contaminada. La diarrea –leve o grave–, el dolor abdominal y la pérdida repentina de peso son los síntomas más comunes de la giardiasis.

Leishmaniasis: una peligrosa picadura

De los vertederos y las alcantarillas o de las casas en ruinas no puede esperarse nada bueno para la salud. Son los ambientes preferidos del flebotomo, un díptero similar a un mosquito que también se esconde en cuevas, grietas del terreno, las oquedades de los árboles... Desde sus refugios, los flebotomos hembra parten para picar a los perros y chuparles la sangre. Durante esta actividad transmiten al animal protozoos del género Leishmania, causantes de la leishmaniasis o leishmaniosis, que también afecta a los seres humanos, especialmente a personas con las defensas deprimidas, como los pacientes con tuberculosis o sida. Lo más frecuente es que aparezcan lesiones cutáneas en forma de llagas, que pueden convertirse en una úlcera cutánea que sana muy despacio, y solo en los casos más graves –leishmaniasis sistémica– se produce una inflamación del hígado y el bazo que puede llevar a complicaciones mortales.

Campylobacter

Atentos al nombre: campilobacteriosis. Es la zoonosis doméstica más común en toda Europa. La causa: el contacto directo con las heces de las aves de corral, especialmente, y de perros, gatos, roedores, conejos, reptiles y anfi bios. Cada año se registran en España 48 contagios por cada 100.000 habitantes, en muchas ocasiones por no limpiar las jaulas con guantes o por no lavarse las manos después de manipular excrementos de animales infectados. Campylobacter, la bacteria responsable de esta infección, es extremadamente frágil, ya que no tolera la deshidratación y crece solo en ambientes con poco oxígeno. Esa condición la encuentra en el cuerpo de los pájaros. De hecho, las aves de corral pueden convivir toda la vida con este microbio sin enfermar. Por eso, se recomienda no utilizar nunca el cuchillo con el que se ha troceado un pollo crudo para manipular otros alimentos, porque puede contaminarlos si antes no se lava. Lo primero que notan los infectados es fiebre, y después dolor abdominal, calambres y diarrea. Este último síntoma dura entre 48 y 72 horas, y el resto remite a los siete o diez días. Como ocurre con otras infecciones, solo es potencialmente grave en personas inmunodeprimidas, ya que la infección puede extenderse a todo el cuerpo.

Garrapata, la gran chupadora

La bacteria Borrelia burgdorferi se aprovecha de los perros con garrapatas para llegar hasta el hombre. Su picadura produce la borreliosis o mal de Lyme, infección que se manifesta con fiebre, cefalea, vómitos y dolor muscular y articular. Algunas veces genera erupciones cutáneas con forma de escarapela, mancha roja y ligeramente elevada en el lugar de la picadura. En pocos casos, degenera en secuelas neurológicas y cardiacas. El 75 % de las infecciones en Europa se registran en España, Grecia y Portugal. No obstante, en nuestro país ha decrecido el número de casos: en los últimos tres años se han notificado ochenta. La borreliosis es tres veces más común en hombres que en mujeres. ¿Por qué? Nerea García Benzaquén, del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, cree que “es posible que los que esten más en contacto con animales y con la naturaleza y sean más propensos a sufrir una picadura sean, sobre todo, hombres de mediana edad”.

La tenia del perro

Los bichos la tienen tomada con el mejor amigo del hombre. En este caso es el reservorio de la tenia Echinococcus granulosus, un platelminto parásito que se aloja en el intestino delgado del can adulto y que pasa al ser humano para causar una hidatidosis o quiste hidatídico. Desparasitar al animal cada 45 días y evitar que consuma vísceras crudas son las mejores maneras de prevenir esta zoonosis, que afecta particularmente a personas con problemas inmunológicos, a mujeres embarazadas y a los jóvenes que entran en contacto con las heces del animal infectado. Las consecuencias del contagio pueden ser graves y se manifiestan en la aparición de quistes de gran tamaño en el hígado y el pulmón que solo pueden ser suprimidos con cirugía. Aun así, la frecuencia en España no es significativa: el último registro sanitario oficial data de 1996 y contempla 354 casos.

Sarna: no te acuestes con ella

Puede considerarse la más democrática de las infecciones porque se encuentra en todas las latitudes y no entiende de sexo, raza o edad. Afecta a todos. Aunque no existen datos actualizados sobre su incidencia en España, sí sabemos que en el mundo se registran unos trescientos millones de casos cada año. Algunos ácaros responsables de distintos tipos de sarna prefieren el cuerpo de los animales y no saltan a los humanos, pero los hay que sí, como el Sarcoptes scabiei. La infestación que provocan estos arácnidos es leve, caso de la desatada por los perros y por una mascota poco habitual pero muy vulnerable a estos microorganismos: los erizos. En ambos casos, el picor se limita a la zona de contacto y se cura sin tratamiento específico. Aun así, se recomienda usar guantes para tratar al animal y, en el caso del perro, evitar que comparta con las personas el sillón o la cama. La que más quebraderos de cabeza da es, precisamente, un tipo de sarna, la escabiosis, que provoca el citado Sarcoptes scabiei. Se transmite entre personas y es fácil que se instale en toallas o sábanas, por lo que hay que lavarlas a alta temperatura para que muera. Es muy resistente y reaparece con facilidad.



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