miércoles, 9 de noviembre de 2016

El gobierno que está deliberadamente dejando ciegos a sus ciudadanos

El pasado 8 de julio, un joven de 22 años muere abatido por la policía en Cachemira. Se trataba de Burhan Wani, un militante musulmán del grupo separatista Hizbul Mujahideen, considerado terrorista por la India. Rápidamente, su figura se convirtió en símbolo del independentismo y la noticia de su muerte pasó de móvil a móvil como la pólvora. Miles de personas se congregaron en su funeral para despedirse por última vez de este joven.

Allí, en medio del luto y de las lágrimas, surgió el lema que predeciría lo que iba a pasar luego: Burhan, tu sangre traerá la revolución. Revolución que a su vez, trajo más y más sangre.

El dolor pasó a convertirse en rabia y las piedras sustituyeron a las lágrimas. Los ciudadanos protestaban, se manifestaban contra la opresión y la presencia policial en la Cachemira india. Piedras y palos frente a balas y perdigones. Coches destrozados, toques de queda, funerales y lo que parece ser la primera ceguera masiva provocada de la historia.

Porque en esas protestas de verano, la policía decidió reprimir a los manifestantes con pistolas de perdigones y con balas que apuntaban directamente a los ojos.

Según la versión oficial, “no quedaba más remedio que disparar a la gente a los ojos”. El ministro de Educación Nayeem Akhtar declaraba en su momento que los antidisturbios debían “persistir con ese diablo necesario [los perdigones] hasta que consigamos encontrar una alternativa no letal”.

Para ello, utilizaron cartuchos del calibre 6 y 8, con hasta 500 perdigones de munición fina en su interior. “Los perdigones pueden no matarte, pero te arruinan la vida. En muchos casos, los pacientes sufren oftalmía simpática, una condición que provoca la pérdida de visión del ojo lesionado”, explicaba a The Wire uno de los oftalmólogos del hospital de Kashmir.

En las protestas de verano en la Cachemira india la policía decidió reprimir a los manifestantes con pistolas de perdigones y con balas que apuntaban directamente a los ojos

Un ojo lesionado o la ceguera total
Según los expertos, lo que ocurrió esos días de verano en Cachemira es el primer caso registrado en el que una democracia moderna deja ciega de forma sistemática y deliberada a su población civil. Una expresión de violencia sin precedentes que a finales de agosto había provocado cerca de 6.000 heridos, 972 de ellos con graves lesiones en sus ojos.

“No he visto una serie de lesiones oculares como las que han sucedido en los últimos años”, explicó el líder del equipo de AIIMS K. Sudarshan Kumar después de examinar alrededor de 50 pacientes con lesiones en la retina. Según este médico, los pacientes con lesiones oculares por perdigón recuperarán tan solo el 20% o el 40% de su vista. Aquellos a los que los proyectiles no consiguieron dejar completamente ciegos, claro.
Según contaba al Indian Express uno de los oftalmólogos del principal hospital de Cachemira, “por primera vez los perdigones son irregulares, lo que provoca mucho más daño".

Bordes irregulares y afilados dedicados a lacerar la carne y a cegar a una población que lleva más de 30 años en lucha.

Desde hace casi tres décadas, la Cachemira india sufre un conflicto entre los soldados y los rebeldes que se ha llevado miles de vidas. Pese a que en los últimos años los enfrentamientos han disminuido, el gobierno indio tiene desplegado en este pequeño territorio medio millón de efectivos. India acusa a Pakistán de apoyar a los militares separatistas y esta situación ha provocado la ruptura del alto al fuego fronterizo en un sinfín de ocasiones.

Una calma tensa que a veces se rompe y explota en protestas como la del pasado verano. Protestas acalladas con plomo y que han convertido a la generación más joven de Cachemira en un pueblo sin mirada.




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