miércoles, 16 de noviembre de 2016

El implante que escribe en una pantalla lo que se piensa

A Hanneke De Bruijne, doctora de medicina interna de los Países Bajos, le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en 2008. La enfermedad neurodegenerativa irreversible fue paralizando todos los músculos hasta dejarla en una silla de ruedas. De Bruijne, como cualquier otro paciente, tiene la mente lúcida pero no puede mover ninguna parte de su cuerpo —a excepción de los ojos— y ha perdido la capacidad de hablar.

En 2015, decidida a hacer todo lo posible para no verse enjaulada en su cuerpo, plenamente consciente pero sin poder expresarse, De Bruijne accedió a apuntarse como voluntaria a un programa encaminado a posibilitar que estos enfermos se comuniquen.

El proyecto consistía en implantarle quirúrgicamente unos electrodos en el cráneo para capturar las señales eléctricas de su cerebro. Esas señales, después, de pasar por un transmisor colocado en su clavícula, se envían a un ordenador que escribe las palabras que ella no puede decir, pero sí pensar.


Es decir, la máquina puede "leer la mente" de De Bruijne y teclear las letras que la paciente está pensando en pulsar con los dedos de su mano derecha.

El sistema lee la mente de la paciente para teclear las letras que está pensando en pulsar con los dedos de su mano derecha

A De Bruijne le ha costado siete meses aprender a utilizar el sistema que le permite escribir dos letras por minuto. Los investigadores, para acelerar el todavía lento proceso, han desarrollado una opción que puede predecir qué palabras desea formar el paciente mientras se van tecleando mentalmente las letras.

Los médicos holandeses aspiran a implantar este sistema a otros dos pacientes el próximo año y, en el caso de obtener resultados positivos, se ampliaría el estudio a 20 personas de Países Bajos, Francia, Japón y Estados Unidos.


Esta interfaz cerebro-ordenador no es la única herramienta para que personas que no pueden moverse sus músculos se comuniquen. Exsten otros dispositivos que se encargan de grabar el movimiento de los ojos para seleccionar los elementos de la pantalla de un ordenador y posibilita teclear entre cinco y diez letras por minuto.

El rastreador de ojos, aunque es más veloz, posee un inconveniente: se para cuando cambia la iluminación del ambiente y debe calibrarse. Puede resultar un poco caótico utilizarlo al aire libre y esa razón llevó a De Bruijne, que se ha valido de él durante dos años, a dejar de querer salir al exterior por si acaso no podía avisar a su cuidador de que se encontraba en problemas.

"Nuestro objetivo final es que aquellos pacientes que deseen seguir viviendo tengan la posibilidad de comunicarse de forma independiente", dice Nick Ramsey, profesor de neurociencia cognitiva en el Centro Médico Universitario de Utrecht y autor del estudio.

Ramsey estima que será a partir de 2021 cuando estos implantes, fabricados por la empresa Medtronic, lleguen al mercado a un precio que rondará los 40.000 euros. Una herramienta cara, pero que permitirá que los pacientes con parálisis sigan pudiendo ponerle palabras a su vida.




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