martes, 1 de noviembre de 2016

En la antigua Roma ya soñaban con tener sexo con robots

Había una vez un rey que estuvo buscando durante muchísimos años a una mujer con la que casarse. Tras años y años de pesquisas, el rey, que se llamaba Pigmalión, se dio cuenta de que ninguna cumplía la única condición que él había puesto: ser perfecta.

Frustrado, abandonó su sueño y decidió no casarse con ninguna mujer. En cambio, se convirtió en escultor. Un día, el escultor creó a Galatea, una obra de proporciones perfectas, todo con lo que él había soñado. Sin embargo, había un problema, no podía casarse con una escultura.

Afrodita, viendo su desgracia, se apiadó del rey e insufló vida en el perfecto cuerpo de Galatea. Ahora el rey ya tenía a su esposa, una que él mismo había creado.

Si Pigmalión viviera en el siglo XXI, en vez de hacer esculturas se habría dedicado a la robótica. Y su Galatea de marfil no sería otra cosa que una creación de aluminio y cables.

En los últimos años, las pulsiones sexuales alrededor de compañeros de inteligencia artificial se han desatado. Pero, lo realmente sorprendente, es que no son tan modernas como creemos, llevan existiendo miles de años.

El mito de Pigmalión es un muestra de ello. Al igual que el de Pandora, la mujer creada por los dioses y enviada a la tierra para desatar todos nuestros males. La profesora de Historia Genevieve Liveley explica que todos estos mitos, y el deseo hacia criaturas controlables, nace de una raíz común: la dificultad de interactuar con las personas reales.

"A Pigmalión no le gusta el mundo exterior, no le gustan las mujeres, las ve como prostitutas. Le dan asco porque usan maquillaje y se comportan de manera inapropiada. Para el Pigmalión de la historia de Ovidio, tener un robot sexual es genial porque no tiene que interactuar con mujeres reales, no tiene que comprometerse con el mundo", asegura la profesora.

Pero para Liveley, esta no es la única lectura que tiene el mito. Hay una mucho más sombría y en cierto sentido pervertida. "Ha creado a esta criatura porque no puede seguir adelante con las mujeres reales, porque está hecho un desastre, es misógino y no puede mantener relaciones humanas reales", asegura Liveley.

Tanto en el mito como en la utopía del amor robótico hay un sedimento oscuro en el que una relación íntima con objetos inanimados es la respuesta a la soledad. Las criaturas creadas para fines sexuales no nos deberían sorprender. Llevan siglos formando parte de nuestro imaginario erótico.




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