domingo, 27 de noviembre de 2016

Hoy el "samba" el conocido ritmo musical brasileño cumple 100 años

El 27 de noviembre de 1916 se registraba la primera canción de samba, Pelo Telefone (Por el teléfono) de la que puedes escuchar una versión moderna al final del post, destinada a abrir la puerta a un género musical profundamente democrático e inclusivo, y que hoy erróneamente asociamos al carnaval y a miles de estampas de mujeres semidesnudas. Lo que sigue es un repaso justiciero a una música que hoy ya es centenaria. ¡Samba! 


Un clásico del turista en Río de Janeiro cuando llega a una ‘roda de samba’ es preguntarse: “¿Dónde están las tías buenas bailando en tanga?”. Se trata de una actitud que denota desconocimiento y dice muy poco de ellos.

Este domingo se cumplen exactos 100 años del registro de la considerada primera canción de samba, Pelo Telefone, en la Biblioteca Nacional brasileña. Un siglo después, fuera de Brasil la mayoría habla de samba como resumen del país sin saber ni remotamente lo que es.

Es tal la deformación en el mundo de esta música popular brasileña que las ‘passistas’ del carnaval, o sea las chicas que bailan ligeras de ropa en el sambódromo una vez al año, se han convertido en la imagen del género de puertas hacia afuera. En verdad, estas 'passistas' no representan ni un 0,08 % de lo que significa esta expresión cultural.

Lo cierto es que el samba, porque es así como se denomina en Brasil, tiene una historia relacionada con África, la persecución y la voz de los pobres.


Mucho más que cualquier culo hablan del género instrumentos como el ‘cavaquinho’ y la guitarra (‘violao’ en portugués), instrumentos de cuerda; la cuica, que funciona como la zambomba pero suena más tropical que un maracuyá; el ‘pandeiro’, el ‘tamborim’ y un buen etcétera de instrumentos de percusión.

"Un tango brasileño sin percusión"
En los años 10 del siglo XX, músicos como Joao da Baiana, Pixinguinha, Mauro de Almeida y Donga, que fue el que realizó el registro en la Biblioteca Nacional, se pegaban unas buenas farras en casa de la Tía Ciata. Ciata era una cocinera y madre de santo, o sea sacerdotisa de candomblé, música sincrética con su origen en el animismo africano.

Allí empezaron a tocar las primeras canciones, pero “era como un tango brasileño, un baile de salón sin instrumentos de percusión”, contó al diario El Mundo André Diniz, historiador y autor del libro ‘Almanaque do Samba’.

Por entonces ya existían los batuques de percusión que los descendientes de esclavos habían llevado a Brasil. Los sambistas Ismael Silva, Heitor dos Prazeres y unos buenos cuantos que se hacían llamar Deixa Falar empezaron a meterle jaleo de percusión al samba cuando crearon la primera escuela de samba.

Mezclado esa especie de tango con la percusión, el samba estaba preparado para liarla en el carnaval de Río. La samba fue la voz del pueblo y de los pobres, en parte porque nació en los alrededores de la praça XI, la Pedra do Sal y el Morro da Providencia, puntos y favelas cercanos al puerto de Río, uno de los que más esclavos recibió en todo el mundo.

Se consideró tan marginal que la policía llegó a prohibirla y perseguirla y después incluso se intentaron direccionar sus letras para que sirvieran a la dictadura de Getulio Vargas.


Agoniza pero no muere
En los años 50 y 60 de la ‘bossa nova’, relectura "elegante" del samba con aires de jazz que se desparramó por el mundo al son de ‘Garota de Ipanema’, una joven cantante de clase alta prefirió romper con el elitismo del nuevo género y rescatar a los clásicos del samba más popular.

Beth Carvalho

Se llamaba Beth Carvalho y metió su piel blanca de rica en las favelas más remotas de la ciudad para rescatar a verdaderos genios, poetas y compositores, a los que versionó y puso en el mapa de la música para que ya nadie pudiera borrarlos. Canciones en el olvido de Nelson Cavaquinho, Cartola o Nelson Sargento vieron la luz gracias a su trabajo. De Cartola llegaron a pensar que estaba muerto y al grabar ella ‘As rosas nao falam’ reapareció y empezó a sacar un disco al año.

Los años dieron al samba el lugar que merecía de valiosísimo patrimonio cultural, pero en los últimos años ha perdido su lugar privilegiado en las favelas. El crecimiento de otros géneros más adaptables a los oídos jóvenes como el sertanejo o el funk carioca (el del tchum-tcha, thchum-tchum tcha y el ‘twerking’) le han desplazado de las favelas y las radiofórmulas.

Como reza un clásico de Nelson Sargento, “el samba agoniza pero no muere / alguien siempre le socorre / en el último suspiro”. Sobrevivió a la persecución policial y lo hace a la nueva competencia gracias a las infatigables voces de tipos casi centenarios y a nuevos y enérgicos cantantes como Toninho Geraes que ha escrito uno de los mejores sambas de lo que va de siglo, ‘Alma boemia’. Y a un público irreductible que siempre sabe cuál es la buena -en la plaza Harmonia o en Tiradentes-, casi siempre en las callejuelas vetustas, decadentes y encantadoras del centro de Río.

En sus cien años de historia, el samba se ha ramificado en hasta diez tipos, unos más lentos, otros más animados, unos más asociados al carnaval, otros más románticos.

Pero lo que caracteriza una ‘roda de samba’ es que es democrático, gente de todo tipo sin postureos ni prejuicios de clase se mezclan en torno a las mesas de bar donde los músicos tocan y beben cerveza sin escenario o podio que les eleve a lo religioso. A veces hasta lo más viejos y consagrados tocan en un bar mugriento sentados en mesas de plástico con la humildad y las ganas del joven que empieza.

Los coros espontáneos del público entregado al samba y la cerveza tienen tanto peso en las ‘rodas de samba’ como los propios músicos. Y hay mucha más gente cantando en torno a los músicos con los brazos y el vaso de cerveza en alto que exuberantes ‘passistas’ enseñando sus piernas definidas.

Si te pones a escuchar una de las canciones más bellas jamás compuestas, ‘Disritmia’, de Martinho da Vila, y sigues pensando en los culos del carnaval, es que no tienes alma.








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