lunes, 21 de noviembre de 2016

La sopa para alcanzar 200 kilos, que toman los luchadores de Sumo

Uno de los momentos mágicos más esperados para los aficionados al sumo, es el acto de la Asociación de Sumo Japonés anunciando el peso de los luchadores antes del inicio de cada gran torneo.

Durante mas de 15 años nunca se clasificó un luchador que pesara menos de 100 kilos. Se podía ganar o perder, pero pesar menos de esta "cifra ridícula" era casi como una deshonra profesional. Y es que lo normal es rondar los 170 y 200 kilos de peso.

Para cultivar su gran volumen, los luchadores de sumo preparan cada día con sus propias manos la receta que les dará fuerza para el combate: el chanko nabe. Esta sopa mágica les proporciona alrededor de 6.000 calorías.

Porque los batidos de proteínas son para los cobardes. Y ellos son los “hombres fuertes” (rikishi), reconocidos por alcanzar su enorme peso de forma natural y que puede ser determinante para lograr que el contricante salga fuera del dohyo o círculo de paja elevado.

Por eso toda su dieta, igual que el resto de su vida, está estrictamente controlada por la Federación de Sumo, que establece rigurosos rituales y jerarquías hasta a la hora de comer.

Así, el chanko nabe es una sopa que cocinan los más jóvenes del gimnasio y se sirve dos veces al día: al mediodía, después de entrenar 5 horas con el estómago vacío y antes de echarse una buena siesta; y por la noche, antes de dormir, para que no gasten nada de energía y todo se transforme en grasa.

La receta es súper proteica. Se empieza a hacer con dashi, una mezcla de algas, bonito seco y setas. Luego se puede añadir a la marmita gigante que usan lo que haya en la cocina: pollo, ternera, pescado, fideos, arroz, tofu, nabo, pak choi, cebollas, patatas y más vegetales. Y para darle sabor, se usa un poco de sake o vino dulce de arroz.

No obstante, en época de competición, no todo vale. El ritual obliga a que la carne con la que se hace el caldo sea únicamente de pollo por una sencilla razón: igual que los pollos y a diferencia de los cerdos o los terneros, el luchador tiene que mantenerse sobre las dos patas.

Se come según la jerarquía de los luchadores: los primeros en comer son los más seniors y de mayor categoría, que pueden escoger los mejores cortes, y los últimos, los más jóvenes, que tienen que conformarse con los restos que quedan.

A simple vista, esta sopa podría parecer bastante sana. No obstante, las cantidades que consumen no lo son: pueden llegar a comer hasta 5 kilos de carne y 10 boles de arroz diarios. Tetsuro Matsuda, director del gimnasio Takasago, afirma que la clave para que los luchadores no enfermen es el ejercicio intenso al que se someten.

Y aunque comer esas cantidades pueda parecer el sueño de cualquier comilón, para los luchadores jóvenes es una pesadilla.

Al principio pesan poco y es fácil que el ejercicio les haga adelgazar. Con el objetivo de engordar comen hasta que su cuerpo dice basta y entonces, por desgracia suya, vomitan esas ingentes cantidades de comida que habían tragado con mucho esfuerzo.

Sólo cuando comer y entrenar forman parte de un todo armónico pueden aspirar a convertirse en Yokozuna, el rango más alto entre los luchadores que en Japón se equipara a las deidades.




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