martes, 15 de noviembre de 2016

La tarea escolar que marcó para siempre la vida de estos estudiantes

Un día una maestra de matemáticas de Minnesota les dio a sus alumnos esta tarea: hacer una lista del salón y pensar qué les gustaba a cada uno en sus compañeros, anotando las cualidades positivas al lado de sus apellidos. Al final de la clase, recogió las hojas. Fue un viernes. El fin de semana la maestra analizó los resultados y el lunes le entregó una hoja de papel a cada alumno con la lista de todas las cualidades buenas que notaron en él sus compañeros de salón.

Los niños estaban leyendo y susurrando: ”¿Acaso todo eso se habla de mí? No sabía que me querían tanto". No hablaron de los resultados en el salón, sin embargo, la maestra sabía: había alcanzado su objetivo. Sus alumnos creyeron en sí mismos.

Unos años después, uno de estos chicos, Mark Ackland, falleció en Vietnam. Lo enterraron en su tierra natal, en Minnesota. Amigos y ex compañeros de escuela fueron a despedirlo. En el funeral, su padre se le acercó a la maestra de matemáticas: “Quiero enseñarle algo -sacó de su billetera una hoja doblada varias veces que tenía los pliegues desgastados. Se notaba que la hoja había sido leída muchas veces-. Lo encontraron en las cosas de Mark. No se separaba de este papel. ¿Lo reconoce?“. Le pasó la hoja. Era la lista de cualidades positivas que habían notado en Mark sus compañeros.

— Se lo agradecemos mucho -dijo la madre de Mark-. Para nuestro hijo fue muy importante.

Ahí sucedió algo increíble: uno tras otro, los compañeros de Mark empezaron a sacar sus hojas. Muchos de ellos las llevaban siempre con ellos, en sus billeteras. Algunos incluso guardaban las suyas en un álbum familiar. Uno de ellos dijo: ”Todos hemos guardado estas listas. ¿Acaso algo así se puede tirar?".



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