jueves, 3 de noviembre de 2016

La vida "insignificante" de mi madre

Mi mamá tiene 73 años. Me pasa unas naranjas y me dice con voz apenada: “No se ven tan bonitas, ¡pero están muy sabrosas! Y cultivadas en casa, a ti te encantan las naranjas, llévatelas“.

Las acepto. Y acepto también el yogur. Porque me gusta el yogur. Y ella ”por casualialidad, tiene uno en el refri“ porque “te vas pronto, para que cenes, hijita”.

Salgo de su casa, me subo al auto, voy conduciendo.

Otra vez me voy a algún lado. Viajo por todas partes. Cambio de ciudades y zonas horarias. Visito a mi mamá cuando puedo. Después de todos los asuntos. Después de tomar café con mis amigas y hacerme una manicura en un salón. Le llevo algo delicioso, rápidamente le pregunto cómo le va, la escucho impacientemente (¿qué tipo de actividades interesantes pueden tener ella y papá?), con ironía comento sus preocupaciones inútiles e insignificantes, desde mi punto de vista. Y nuevamente me voy, me apresuro a hacer mis cosas.

Mi mamá siempre me dice que me pongo ropa demasiado ligera, que no cubro el cuello y que por eso nunca se me pasa la tos. Me dice que trabajo mucho y que ya es hora de tomarlo con más calma. Está de acuerdo conmigo en que la vida es muy difícil y no pasa nada si no puedo visitarla más seguido.

Vivimos a 40 kilómetros una de otra. La llamo cada día y escucho sus narraciones detalladas y sin prisa acerca del mercado, mi hermana que tiene muchos problemas, que se acabó el perejil en la tienda, que debido a la sequía se cosecharon pocos tomates y que por eso subieron los precios, y que el gato Panchito perdió un ojo porque quién sabe dónde se habrá metido...

No me interesa. Y me parece que en su vida no sucede nada importante. Me enojo un poco cuando se queja de sus dolencias y yo le pido mil veces que vaya con un doctor, y ella no quiere; ¿y yo qué puedo hacer? ¿Cómo puedo saber qué tipo de medicinas necesita tomar si no soy médico?

De repente mi mamá me dice con una voz lastimosa: ”¿Con quién más puedo hablar si no con tu padre o contigo?“

Y me quedo paralizada con mi móvil en la mano y me doy cuenta de lo desgraciada que soy. Que esa voz suya, sonora y fuerte al otro lado, y todas sus palabras y fracesitas, y nuestros debates eternos con el fin de determinar quién de nosotras tiene la razón, y las discusiones con y sin motivo, sus sermones y mis lecciones... todo eso es nuestra vida. La que transcurre aquí y ahora.

Dejo todo y voy a visitarla ”fuera del plan“, ella logra freírme pescado, papá corta una sandía y me quiere servir un poco de vino casero. No, el vino no, papá, estoy al volante. Se sirve una copita, la bebe y elogia el vino. Nos reímos.

Me envuelvo en el suéter de mamá, tengo frío. Mamá se levanta de inmediato y enciende el horno para “calentar un poco la cocina”. Y me siento una niña pequeña otra vez, y que todo está bien. Y todo es delicioso. Y acogedor. Y no hay ningún problema...

Mamá, mamita, sólo vive una vida larga porque no sé cómo sería no escuchar tu voz por teléfono, porque no sé cómo viviría sin tu cocina, donde me sirves la cena e intentas hacer todo lo posible para que la casa esté calentita...


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