domingo, 20 de noviembre de 2016

Las micronaciones donde cualquiera puede ser rey

Al final del mensaje electrónico decía: “Saludos cordiales de su Excelencia, el presidente Kevin Baugh, de la República de Molossia”. ¿Cómo? ¿La República de qué?

No, no estás olvidando tus clases de geografía de la ex Unión Soviética. Molossia no está en ningún mapa del mundo. Pero lo que sí existe (“todo lo que un país tiene: un banco, un tren, una oficina de correos y una armada activa”, afirmó Baugh en su e-mail) lo puedes encontrar en una polvorienta franja del desierto de Nevada. Es una “nación independiente y soberana” para su Excelencia, y una fantochada para el resto de la gente.

Bienvenido al mundo de los micropaíses, donde cualquiera puede ser un dictador benevolente.

Países miniatura
Una micronación es una entidad física o virtual que alega ser un Estado soberano pero que en realidad no lo es. La primera micronación —la Upware Republic Society— era un grupo de estudiantes de literatura de la Universidad de Cambridge que se autonombraron clérigos y cónsules en 1851. Hoy día hay unas 98 micronaciones en el mundo. Hace poco 40 de ellas enviaron dignatarios a la MicroCon 2015, la primera convención de micronaciones, celebrada en Anaheim, California. Estos imperios no gozan de reconocimiento oficial, pero eso no los disuade. Casi todos los líderes de la MicroCon han escrito cartas a sus gobiernos solicitando reconocimiento diplomático.

“¿Qué mejor manera de alterar el orden establecido que formar tu propia nación-Estado?”, dijo Steven F. Scharff, quien ha estudiado las micronaciones desde los años 90, cuando una investigación sobre el Vaticano despertó su interés en el concepto de países dentro de otros países.

A veces, como ocurrió con la República de la Isla Rosa, las cosas no salen muy bien. En 1968 el italiano Giorgio Rosa emitió estampillas y se declaró presidente de una plataforma flotante en el mar Adriático, todo ello a fin de atraer turistas. Pero casi tan pronto como la construyó, la Armada italiana dinamitó su sueño de no pagar impuestos.

Por otro lado, señala Scharff, casi todos los asistentes a la MicroCon son soñadores pacíficos e independientes que gustan de imprimir sus propias estampillas, acuñar dinero propio y “gobernar” sus santuarios privados. “Es un fantasioso juego de roles que implica un autoengrandecimiento desmedido”, dice Scharff. Es una “feria renacentista” mezcla-da con el modelo de las Naciones Unidas, una fuerte dosis de teoría política y, según los líderes de esos minipaíses, es también pura diversión. He aquí un panorama de tres micronaciones modernas que, de hecho, puedes ir a visitar.

Westarctica
Razón de ser: Conciencia ambiental sin fines de lucro


Para conocer al emprendedor líder de Westarctica tendrás que viajar a West Hollywood, California, donde trabaja como reclutador para una empresa informativa y aboga por la sensibilización sobre el cambio climático; para llegar al país (1,600,000 kilómetros cuadrados congelados e inhabitables de la Antártida occidental) necesitarás un barco y una muy buena razón. 

“Nunca he estado allí, pero queremos ocupar esa región”, dice el gran duque Travis McHenry, quien fundó el país en 2001, cuando se dio cuenta de que el territorio no había sido reclamado por ninguna nación legítima. McHenry registró Westarctica (hoy de 300 habitantes) como una organización no lucrativa en 2014, y otorga carta de “ciudadanía” a quienes por vía electrónica le prometen lealtad y se suscriben a su boletín de noticias.


Las monedas de Westarctica, acuñadas en metal y madera, no tienen ningún valor real, así que McHenry en la actualidad se dedica a recaudar fondos con la esperanza de colonizar el territorio y, según dice, “construir una mejor plataforma para frenar el derretimiento del hielo”.


República de Molossia
Razón de ser: turismo lúdico


Este micropaís está situado en el este de Reno, Nevada, en un terreno de media hectárea que su presidente, Baugh, compró en 1998. Su banco es una cabaña, y su moneda, fichas de póquer. Su oficina postal no recibe cartas, pero Ralph, el administrador (un maniquí), está siempre atento, por si acaso. Su tren es de juguete, y la “armada activa” son los ciudadanos de Molossia (27 miembros de la familia de Baugh), que gustan de hacer “expediciones” en kayak al lago Tahoe con pistolas de agua.


Tú también puedes visitar Molossia, e incluso unirte a su armada, si le avisas a Baugh con dos semanas de antelación. “Hasta cierto punto nos inspiramos en los parques temáticos, pero no deja ganancias tener un país propio”, dijo Baugh, quien trabaja en recursos humanos y no cobra nada a los turistas por visitar su nación.

Estados Libres Ambulatorios de Obsidia
Razón de ser: arte político


No necesitas pasaporte para visitar Obsidia. Sólo tienes que localizar a Carolyn Yagjian, la matriarca de esta nación. Esta artista visual de 29 años, de Oakland, California, resentía el hecho de que casi todas las micronaciones fueran monarquías dominadas por hombres. Por eso, cuando encontró una roca volcánica de obsidiana en un sendero, la declaró un micropaís matriarcal y convirtió a la roca en su “embajada móvil”.

“Siempre me ha atraído la idea de la condición de Estado”, dijo, “y ésta es una oportunidad para cuestionar muchas cosas que la gente acepta como normales acerca de la identidad nacional”. Su roca-nación, que lleva consigo en una maleta azul y rosa, se aleja de los estándares de la MicroCon, pero Carolyn ha ganado mucho apoyo por su desenfado y mentalidad creativa.

“Voy a aceptar ciudadanos varones en Obsidia, pero no queremos que ocupen puestos en el gobierno”, sentenció la artista. Hasta el momento, Obsidia es un falso matriarcado integrado sólo por Carolyn, pero tiene 162 “Me gusta” (y contando) en su página oficial de Facebook.



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