miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lo que te produce sueño después de la comida, es la sal.

Todos lo hemos comprobado. Después de una comilona, digerimos no solo los alimentos, sino también procesamos una profunda somnolencia. Una nueva investigación con moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), realizada por expertos del Instituto Scripps, liderados por William Ja, sugiere que un mayor contenido de proteína y sal en la comida, así como el volumen consumido, puede llevar a siestas más largas.

El artículo, publicado en la revista eLife, demuestra por primera vez un modo de estudiar el coma inducido por alimentos, en la mosca de la fruta y explica algunas de las causas de este fenómeno.

"En Drosophila – explica Ja en un comunicado –, hay una interacción bien documentada entre el sueño y el metabolismo, por el cual las moscas suprimen el sueño o aumentan su actividad cuando pasan hambre. Sin embargo, los efectos agudos del consumo de alimentos en el sueño aún no han sido probados, en gran medida porque no había ningún sistema disponible para hacerlo”. El equipo del Instituto Scripps, desarrolló un sistema que permite medir tanto el sueño, como la conducta vinculada a la alimentación de cada mosca de la fruta y descubrió que, al igual que los seres humanos, los animales duermen durante períodos más largos después de las comidas más copiosas. El mencionado sistema, llamado Activity Recording CAFE (ARC), el primer sistema que permite realizar un seguimiento visual del consumo de alimentos y el movimiento de los animales. Las grabaciones del comportamiento de las moscas de la fruta efectuadas con ARC revelaron que, después de comer, los animales duermen más antes de volver a un estado normal de vigilia, si los alimentos incluyen proteínas y sal. Las moscas estudiadas recibieron una dieta consistente en proteína, sal o azúcar. Y el equipo de Ja descubrió que sólo las dos primeras propiciaban el sueño.

"El ARC proporciona un punto de partida para futuros estudios dirigidos a descubrir los genes y circuitos exactos que vinculan el tamaño de la comida, las proteínas y la sal, como impulsores del sueño – concluye Ja –. Dado que el sueño es un estado vulnerable para los animales en la naturaleza, será interesante descubrir por qué las siestas posteriores a las comidas son necesarias”.



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