domingo, 20 de noviembre de 2016

No los tires: alimentos que se pueden consumir después de vencidos (y los que nunca)

Entre las fechas de caducidad, las de consumo preferente y nuestros prejuicios de sociedad opulenta, muchas veces optamos por desperdiciar comida cuando nos surge la duda. Metemos en la heladera incluso lo que no necesita frío y, cuando no cabe todo, ahorramos sitio con ayuda del cubo de basura.

No debemos poner la salud como excusa: el motivo por el que tiramos comida suele ser que no planificamos lo suficiente nuestras compras y que ahorramos demasiado tiempo que deberíamos emplear en empaquetar bien, congelar o cocinar, en lugar de optar por productos precocinados.

Aquí tienes los alimentos que es más imperdonable tirar, porque duran mucho más de lo que solemos tardar en consumirlos.

Galletas


¿Sabes que esa característica textura gomosa no tiene absolutamente ningún efecto negativo sobre la salud? La sensación de comer una galleta que ha perdido su capacidad de crujir como está mandado es extraña, pero solo porque estamos demasiado acostumbrados a que engañen a nuestro paladar con productos hiperprocesados.

De hecho, si compras galletas con ingredientes caseros en la etiqueta, notarás que, desde el primer momento, no suenan ni se parten de la misma forma espectacular que las más procesadas y azucaradas. La causa es sobre todo la humedad del ambiente que va penetrando en ellas.

Los productos basados en el azúcar duran décadas. Puedes reblandecer la miel al baño maría en un fuego suave

Muchos niños las prefieren blandas: no te sientas culpable por dárselas así y, por favor, no las tires. Si no te gustan, puedes ponerlas unos minutos en el horno y quedarán como nuevas, incluso un par de meses después de comprarlas.

Miel y mermelada

Llevan azúcar en cantidad y se conservan sin problemas. Si observas que algunas zonas cristalizan no te preocupes: también se pueden comer. Los productos basados en el azúcar duran décadas. Si encuentras el bote tan duro que es impracticable, es muy sencillo solucionarlo: ponlo al baño maría a fuego suave mientras remueves unos minutos, o mételo un ratito en el horno a baja temperatura (que esté tibio).

Lo mismo pasa con el chocolate: por el mismo motivo, su cantidad de azúcar, puedes consumirlo incluso cuando se pone blanquecino.

Alcohol

Las bebidas alcohólicas destiladas duran mucho tiempo, incluso abiertas. En ocasiones el sabor empeora o se evapora parte del contenido, pero no suele haber problemas para consumirlas incluso fuera de fecha.

Para conservar bebidas como el vodka o el whisky a largo plazo, aunque estén abiertas, guárdalas mejor en vertical (para que no estén en contacto con el corcho y no se pierda líquido) y evita el calor y la luz directa. El envase de cada una está diseñado para que duren, así que no las metas en otros recipientes como licoreras.

Leche agria

Suena terrorífico si has vivido siempre con neveras modernas y 'ordeñando' solo tetrabriks, pero la realidad es que la leche que se cuaja en la nevera no tiene por qué hacerte daño. Si ha estado expuesta a sol o calor, la cosa cambia, porque puede tener bacterias peligrosas.

Desecha las partes espesas y puedes usar el líquido para hacer bollos, tortitas, natillas, pudin... Sabrá como si nada.

Patatas fritas

Hace poco explicamos que las patatas fritas de bolsa pueden salvarse y volver a la vida con ponerlas medio minuto en el microondas, incluso si se quedaron muchas horas fuera del envase.

Eso por lo que se refiere al sabor. En cuestiones de salud, las patatas rancias no pueden hacerte mal, y puede que hasta sean menos peligrosas para los dientes.

Aceite de oliva

El producto estrella de la dieta mediterránea no es perecedero: no caduca, propiamente dicho, nunca. Lo que sí sucede es que pierde algunas propiedades, por lo que cada empresa imprime la fecha que considera idónea para el fin del consumo preferente.

Si aparece moho en un queso duro, no hay por qué desperdiciar todo el trozo: puedes rasparlo o cortarlo y comerte el resto sin preocuparte

Tomar aceite de oliva caducado no supone riesgos, pero pruébalo en pequeñas cantidades antes de estropear una ensalada con un sabor distinto al deseado. Si te sabe rico, no tengas ningún problema. Para conservarlo adecuadamente, las indicaciones son similares a las del alcohol: lugares frescos (con temperatura constante) y oscuros, en cajas a ser posible herméticas. Así, además de no hacerte daño, sabrá y olerá como el primer día.


Quesos duros

Como todos los lácteos (el yogur es otro caso que no suele ser peligroso), dan más miedo de lo que está justificado. El queso manchego (incluso el tierno), el parmesano, el cheddar, emmental, el Gouda, el de tetilla, el de Mahón... duran muchos meses si están cerrados de forma más o menos hermética y en la nevera, incluso un buen tiempo después de pasada la fecha de consumo preferente.

Si aparecen capas de moho, no hay por qué desperdiciar todo el trozo, puedes rasparlas o cortarlas y comerte el resto sin preocuparte. Si se ha quedado muy duro y cuesta quitar la capa, humedécela un poco con aceite de oliva y será más sencillo. Si te gusta el queso y al comprarlos enteros se te enmohecen habitualmente, seguro que te compensa comprar una quesera o una bolsa de congelación. No hace falta que estén en el congelador, pero ese tipo de bolsa será de mucha ayuda para retrasar aún más la pérdida de propiedades.

Los que jamás debes consumir una vez vencidos:

En estos casos, la fecha de la etiqueta va a misa.
  • Huevos Quizá te parezca exagerado marcar la fecha de caducidad en cada huevo, pero está muy justificado. Aunque por la famosa época de los yogures se habló de comérselos tranquilamente si la cáscara no estaba rota, lo responsable es tirarlos después de 28 días, y el envase está para recordártelo si te despistas.
  • Incluso mejor unos días antes. En 2014 la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea (EFSA) declaró que, según los estudios, cada semana más después de la tercera podría suponer un aumento del 40% en las intoxicaciones por salmonela.
  • Quesos frescos Un clásico de los récords de duración es el queso, pero solo el curado. Los quesos frescos caducan pronto y no debes comerlos. Las autoridades sanitarias nos recuerdan además que no los lavemos a no ser que vayamos a comerlos en el momento y que, si vamos a tardar un poco, los conservemos mejor en la parte más fría de la nevera (no en la puerta) y en su envase original de cartón, para que no pierdan del todo su humedad natural. El principio general de “secar para conservar” no es para ellos. El queso fresco solo hay que consumirlo en su momento. La parte positiva es que suele saber fatal cuando se estropea, incluso mezclado o cocinado, así que es difícil fallar si no tienes el paladar muy insensible.
  • Carne y pescado crudos Son especialmente susceptibles a los microorganismos más tóxicos, así que si los compras en carnicería o pescadería tradicional, sin envase, pregunta al tendero por el tiempo que llevan ya almacenados. Deberías hacerlos desaparecer en dos o tres días máximo.
  • Con el pescado marinado pasa lo contrario que con el queso, puede llegar a saber bien aunque esté intoxicado, así que no te guíes por las apariencias y tíralo sin contemplaciones después de tres días. El olor puede dar más pistas, pero la falta de olor tampoco es señal de que puedes comértelo.
  • Gazpacho El ajo es un conservante natural, pero las verduras frescas caducan. Cuando compres gazpacho en frasco, recuerda seguir las instrucciones al pie de la letra, dura pocos días desde que lo abres aunque lo tengas en el frigorífico. 
  • Leche no pasteurizada La moda de lo natural y poco procesado tiene aspectos positivos, pero para adoptarla tienes que disponer de tiempo libre y gastar un poquito más que la media. En el caso de la leche, Pasteur y los químicos y microbiólogos que han venido después han salvado millones de vidas. Si no estás seguro de dar abasto con el litro, mejor no te arriesgues a comprarla, o hiérvela.
  • Embutidos Suelen dar muestras visibles, pero aunque no las den, procura que no pasen abiertos más de una semana aunque estén bien conservados en frío. Eso en cuanto a los que llevan fecha de caducidad, claro. Por suerte, los embutidos salados o ahumados, como el jamón serrano o el fuet, no suelen tenerla.



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