jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Por qué somos incapaces de sentir nuestros propios olores?

Esto puede que te suene familiar. Vas en el metro y se te sienta al lado alguien que huele mal. Muy mal. Entonces comienzas a pensar:

¿Me cambio de sitio? ¿Me saco el cacao de labios del bolsillo y me unto disimuladamente toda mi nariz? ¿Por qué no llevaré el bote de desodorante encima para esparcirlo por todo el vagón?

Dios, ¿acaso no se está oliendo a sí mismo?

Lo más probable es que la respuesta a esa pregunta sea que no. Igual que tú tampoco percibes tu propio olor la mayor parte del tiempo.

¿Nunca te has preguntado por qué no te hueles?

Aunque apestes después de haber llevado todo el día el pijama sin haber pasado por la ducha y veas a tus compañeros de casa mantenerse a una distancia prudente de ti, tú probablemente ni te percates del hedor natural. Pero esa incapacidad de oler el propio aroma de nuestro cuerpo o de los productos que utilizamos (nuestra colonia o desodorante cuando pasa un tiempo) tiene un explicación científica.

Los receptores de nuestra nariz están diseñados para captar nuevos olores, pero dejan de percibir aquellos que le resultan aburridos por demasiado conocidos

Los receptores de nuestra nariz son expertos captando nuevos olores: en el momento en el que aparece uno nuevo, distinto, la nariz lo detecta rápida y eficazmente. Sin embargo, pasado un tiempo, nuestros receptores se cansan de él.

Los olores típicos —como el de nuestra casa, nuestra ropa o nuestro propio cuerpo— no los podemos percibir porque no llaman la atención de nuestra nariz. Son aburridos, ya se ha acostumbrado a ellos y los "apaga".

"El sistema olfativo es uno de los mejores detectores de diferencia del mundo, y así fue diseñado", explica Pamela Dalton, experta en la temática. "La nariz ayuda a detectar rápidamente cosas que son nuevas y extrañas, pero no tiene ningún uso para lo típico. A largo plazo se pierde la sensibilidad a ellos e incluso si los receptores de la nariz llegan a recogerlo, puede ser que nuestro cerebro filtre esa información como 'inútil'".

La investigadora hizo experimentos cambiando el ambientador en las habitaciones de un grupo de voluntarios y éstos confesaron que después de varias semanas ya no notaban lo que antes era una novedad.

" El olfato es curioso porque eso no sucede con la vista y el oído. Uno puede adaptarse a un sonido o visión, pero generalmente los sistemas se recuperan con bastante rapidez. El hecho de que se necesiten dos o tres semanas para recuperar la sensibilidad a los olores es muy singular", comenta.

Los científicos no saben exactamente por qué nuestra nariz se comporta de modo diferente que nuestros ojos y nuestros oídos, pero explican que no somos capaces de volver a percibir olores habituales hasta que no se renuevan los receptores de nuestra nariz, proceso que suele ocurrir cada pocas semanas. Eso serviría, por ejemplo, para volver a percibir el olor de nuestra casa tras haber pasado una temporada fuera, pero como no podemos despegar la nariz de nosotros, es bastante imposible saber cómo olemos.

Por eso, un consejo de amigos: no te fíes de lo que diga la nariz y, por si acaso, dúchate todos los días.



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