sábado, 19 de noviembre de 2016

Todos creemos que somos mejores personas de lo que en realidad somos

Usualmente percibimos el mundo desde una perspectiva única, con una distorsión del yo que en ocasiones dista de cómo nos perciben los demás. La forma de cómo nos miramos en relación a los otros es un constante tira y afloja entre dos fuerzas opuestas.

En un extremo del espectro hay algo llamado superioridad ilusoria – un peculiaridad psicológica en la que tendemos a asumir que somos mejores que el promedio. Y en el otro lado del espectro está la proyección social, o la asunción de que los demás comparten tus habilidad y creencias.

Y de acuerdo a un nuevo estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Londres, la moral suele caer en la primer categorías – es decir, la gente suele creer que son mucho más morales que casi todas las personas que les rodean.

Hay algunos contextos en los que tiene sentido ver nuestras propias cualidades como inusuales con rasgos que son medibles de forma objetiva, como el cociente intelectual o el tiempo que tardas en correr 100 metros. Pero la moralidad no funciona así.

Sin embargo, los participantes del estudio se veían como personas ejemplares en un mundo de seres amorales.

Los investigadores reclutaron a 270 participantes de un portal en línea y les pidieron autocalificarse y a las personas promedios conforme a 30 rasgos. También se le pidió calificar que tan atractivo era cada uno.

Un tercio de los rasgos se relacionaba con la moralidad (como honestidad, los principios, etc..), un tercio con la sociabilidad (orientado a la familia, afectuoso) y el otro tercio con agencia (trabajador, competente). Después los científicos compararon que tan similar era cada participante con el resto de la muestras en estos dominios.

El resultado, publicado en el diario Social Psychological and Personality, mostró que virtualmente todos los individuos inflaban irracionalmente sus cualidades morales. En conjunto, los resultados sugieren que la superioridad moral es únicamente una forma fuerte y prevalente de ‘ilusión positiva’.




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