lunes, 12 de diciembre de 2016

Cero: la gran importancia del número que representa la nada

Sin él no habría lenguaje informático, no sabríamos si cumplimos 3, 30 o 300 años y no seríamos capaces de representar la nada. Puede que no seas consciente, pero la importancia del cero es mucho mayor de lo que pensabas. 

Es más, nos atreveríamos a decir que el 0, el valor nulo, es el número inventado más útil de todos.

Y al igual que casi todas las cosas importantes, este número orondo y redondito esconde una historia curiosa detrás.

Realmente, el concepto “0” existe desde tiempos inmemoriales. Antiguas civilizaciones como los sumerios, los mayas o los babilonios ya utilizaban el cero como marcador de un numeral ausente. A través de diversos símbolos, estas civilizaciones podían indicar la ausencia de un número, de igual manera que ahora usamos un cero en 101 o 102 para dejar claro que no hay múltiplos de 10 en la posición media.

Sin embargo, para conocer el verdadero origen del cero tenemos que trasladarnos a la civilización India. Es ahí donde el concepto de lo nulo por fin se ve reflejado en un número. La palabra “cero” proviene de la traducción del nombre en sánscrito “shunya”, que significa vacío. Y tiene lógica, viniendo de una civilización en cuya filosofía aparece el Nirvana, que no es otra cosa que la ausencia de preocupaciones y deseos. La nada, el cero, la paz total y absoluta con el Universo.

Se cree que el matemático indio Brahmagupta fue el primero en reflexionar sobre el número cero allá por el siglo VI. El buen hombre no solo lo definió como una cantidad nula, sino que teorizó sobre él, fue el inventor de los números negativos e introdujo el cero como punto de inflexión entre los positivos y estos nuevos números. Y por primera vez se consideró este número igual que los demás. Es decir, se podía multiplicar, sumar, restar a los otros elementos.

Si nos vamos a un mero sentido estético, se dice que la forma redondeada del cero también se la debemos a los indios. Para ellos, el cero es redondo porque representa el círculo de la vida, también conocido como la serpiente de la eternidad.

El siguiente salto que dio nuestro número lo llevó a Oriente Medio, donde fue ampliamente defendido por los científicos árabes, creadores de gran parte del sistema numérico vigente hoy en día. El cero gustaba, en parte porque era mucho más fácil a la hora de comerciar y realizar transacciones comerciales.

Hubo que esperar unos cuantos años más para que este nuevo número llegara a Europa de la mano de Fibonacci, que lo introdujo en su libro del ábaco publicado en 1202. Sin embargo, el cero no gozó de la misma aceptación en Europa que en Oriente Medio. Era una época en la que el fanatismo religioso que reinaba en Europa hacía que todo lo árabe fuera recibido con odio y con desconfianza. Casi como ahora, pero en vez de política alt-right y hijabs, se hablaba de Papas, cruzadas y conquistas varias. Problema religioso al que también tuvo que enfrentarse el cero.

En 1299 el cero fue incluso prohibido en Florencia. Según los censores, el cero y el resto de números arábigos fomentaban el fraude. El cero podría ser fácilmente manipulado para convertirse en un nueve e incluso se podía añadir de manera indiscriminada en un extremo para inflar el precio.

Hasta que, por fin, en el siglo XV el cero y el resto de los números arábigos fueron aceptados, en detrimento de los números romanos.

De hecho, este número es una de las bases de las coordenadas cartesianas, inventadas por el filósofo Descartes en el siglo XVII. Este uso cada vez mayor del cero llevó a la creación del cálculo tal y como lo conocemos hoy en día. De hecho, conforma una de sus piezas fundamentales. Y en el último siglo, este número ha sido una de las mitades del famoso sistema binario (0-1) que conforma uno de los mayores avances del siglo XX: la programación informática.

Y así fue como el número que no significaba nada acabó convirtiéndose en el más útil de todos.



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