jueves, 15 de diciembre de 2016

Cuando las luces de navidad eran un invento "demasiado futurista"

Si hoy vemos la posibilidad de que existan coches voladores o que los robots sientan emociones como algo más bien improbable, las luces de Navidad también fueron una vez (no hace mucho) algo tremendamente adelantado a los tiempos. Ahora ya estamos acostumbrados a que la llegada de diciembre (aunque cada año se adelanta algo más que el anterior) traiga consigo el momento de desempolvar los adornos navideños para comenzar a decorar casas, tiendas y calles. Sin embargo, no siempre fue así.

En una época no muy lejana, a finales del siglo XIX, parte de este ritual previo a la Navidad era inimaginable. El alto coste de la electricidad y el recelo a romper con la extendida tradición de utilizar velas para la iluminación de los árboles fueron los principales motivos para que a las luces navideñas les costara hacerse un hueco desde un principio. Pero en todas las épocas ha habido pioneros y, en este caso, fue el ingeniero reconvertido a empresario de la luz, Edward Hibberd Johnson, quien se propuso llevar la luz a todas las casas de los Estados Unidos.

Era el año 1885 cuando Hibberd Johnson se planteó sustituir las velas que hasta entonces servían para decorar los árboles de Navidad por bombillas. Muchos lo tildaron de loco, otros le afearon que tratara de acabar con una larga tradición y los más adelantados de la época, como no podía ser de otro modo, le apoyaron en su nueva propuesta. Colocar velas en los árboles era una tradición navideña, sí, pero también suponía todo un peligro que, en numerosas ocasiones, acababa en tragedia, con incendios que empañaban unas fechas tan señaladas.
El árbol de Johnson

Dos genios trabajando juntos
Como suele suceder cuando surgen las grandes ideas (o al menos eso creía pensaba Picasso), la inspiración pilló a Hibberd Johnson trabajando, y mucho. Su idea no se fraguó de la noche a la mañana y ni mucho menos estuvo solo en esta aventura. El gran Thomas Alva Edison le acompañó en su genialidad navideña. La amistad de estos dos inventores se remontaba a unos años atrás, a 1871, cuando Hibberd Johnson quiso contar con el padre de la bombilla para crear su propia compañía de telégrafo (la llamada Automatic Telegraph Company).

Edison le dejó prendado con su capacidad de trabajo y esfuerzo. Según él mismo contaba, Edison comía y dormía en su escritorio sin levantar la cabeza para sacar adelante sus proyectos. Tanto es así que, en seis semanas, había estudiado decenas de libros, hecho cientos de resúmenes y llevado a cabo miles de experimentos para dar con la solución a los problemas que Hibberd Johnson le planteaba para su aventura empresarial.

Así, quedó tan entusiasmado con el tesón de Edison que, cuando se fue para fundar la Edison Electric Light Company, él le siguió y puso a su disposición sus conocimientos empresariales unidos a los de ingeniería para apoyar el nuevo proyecto.

Menos de una década después, en 1880, Edison patentó la bombilla demostrando que era un invento útil (aunque muy caro para la época). A pesar del coste, sus avances hicieron que a Hibberd Johnson, entonces vicepresidente de la compañía, se le encendiera la bombilla y decidiera usar el invento de su colega para decorar su árbol de Navidad y sustituir así las peligrosas velas. El experimento tuvo lugar en su casa, en el 136 de East 36th Street, Nueva York. Junto a la ventana del salón colocó un árbol y lo adornó con 80 lámparas incandescentes rojas, blancas y azules, que él mismo había diseñado y que eran alimentadas por un generador de electricidad.

El espectáculo era tal que hasta la prensa de la época se hizo eco de semejante innovación. Un veterano reportero del Detroit Post escribió que “era difícil de imaginar algo más bonito”. El éxito visual fue total. Tanto, que el inventor continuó con su particular decoración. Al año siguiente, en 1884, el New York Times le dedicó un artículo destacando la belleza de las “120 luces que deslumbraban en el hermoso árbol de Navidad”. Johnson había aumentado las dimensiones de su propuesta, pero sin llegar a conseguir que se extendiera entre otros ciudadanos para dar comienzo a algo tradicional.

Las primeras luces navideñas usadas por Johnson
Y es que en aquella época, conseguir esas bombillas era realmente caro y difícil, por lo que la decoración del famoso árbol era imposible de imitar. En 1900, 16 bombillas podían costar 12 dólares, lo que, teniendo en cuenta la inflación, equivaldría a unos 350 dólares hoy en día. Hubo que esperar hasta los años 20, cuando su precio comenzó a ser más asequible para la clase media, para ver los árboles de Navidad de la Gran Manzana iluminados con bombillas.

El tiempo ha pasado y aquella excentricidad que rompía con las costumbres establecidas se ha convertido en algo casi obligatorio. De hecho, hoy y en la misma ciudad, el famoso centro Rockefeller congrega a miles de curiosos cada año para ver su espectacular árbol de Navidad con más de 30.000 luces LED, perfectamente dispuestas en cables que llegan a los 8 kilómetros.

Otras tradiciones navideñas recientes
Al contrario de lo que podemos pensar, esta no es la única tradición navideña que existe desde hace relativamente poco tiempo. Como las luces de Navidad de Edward Hibberd Johnson, la propia costumbre de colocar un árbol de Navidad o el personaje de Papá Noel con el aspecto con el que hoy lo conocemos provienen de mediados del siglo XIX. El gordinflón que trae regalos con su traje rojo y su barba blanca apareció por primera vez en los dibujos de Thomas Nast en 1862, mientras que fue en 1841 cuando el árbol de Navidad llegó a Inglaterra de la mano de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, marido de la Reina Victoria. En 1856 el presidente Franklin Pierce adornó la Casa Blanca con su correspondiente árbol y unos años más tarde, en la década de los 70, se extendió el ritual y ya se vendían árboles recién cortados en el conocido Washington Square Park, mientras los hermosos adornos se podían comprar en los tradicionales almacenes Macy’s.

Así, convendría no descartar que el día de mañana nazcan nuevas tradiciones navideñas que hoy ni siquiera imaginamos. La tecnología puede ser la respuesta a todo aquello que nos queda por descubrir. Y lo que quizás también cambie la forma en la que vivimos la Navidad.



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