viernes, 23 de diciembre de 2016

El árbol que te puede dejar ciego, o matar

Si por casualidad ves este árbol: no comas su fruta, no toques sus ramas y no huelas el aire que lo rodea. Se conoce como manzanilla de la muerte y, según algunos historiadores, fue lo que mató al explorador español Juan Ponce de León, primer europeo en llegar a lo que hoy es Estados Unidos.

La manzanilla de la muerte (Hippomane mancinella) es una especie nativa de Mesoamérica y las islas del Caribe. Se extiende hasta el sur de Florida y los bordes más septentrionales de América del Sur. A menudo está cargada de pequeñas frutas de color amarillo verdoso y aroma agradable, parecidas a la manzanas. Sus hojas son de un verde tropical, con nervios muy brillantes.

A primera vista no hay nada que diga “peligro”, excepto que el árbol está en peligro de extinción en el estado de Florida. Pero no te dejes engañar. En su breve guía sobre la manzanilla, los científicos Michael G. Andreu y Melissa H. Friedman de la Universidad de Florida escriben: Advertencia: Todas las partes de la manzanilla de la muerte son extremadamente venenosas. La ingestión y la interacción con cualquier parte de este árbol puede ser letal.
No es una exageración: todas las partes de la planta —la corteza, las hojas, las flores y su fruto— dejan manar una savia blanquecina al romperse que provoca irritaciones, quemaduras, ampollas e inflamación. Es tan corrosiva que consume con facilidad la tela de algodón y otros materiales ligeros. Si te frotas los ojos después de tocar el árbol, puedes quedarte ciego. Si comes de su fruta, imagínate lo que le puede pasar a tu tracto digestivo.

Algunos reptiles se alimentan de la manzanilla de la muerte y se alojan en su copa, pero la planta es espectacularmente tóxica para los humanos y el resto de mamíferos. Se recomienda incluso que no te eches la siesta cerca porque el polen que sueltan sus flores es altamente alergénico y puede desatar reacciones severas en personas sensibles. Por algo aparece como el “árbol más peligroso del mundo” en el libro de los récords Guinness.

La manzanilla de la muerte, en defintiva, puede resultar letal. Y aunque no haya casos de muertes registrados en la literatura moderna, sí que podemos leer el escalofriante relato de la radióloga Nicola Strickland que, sin saber el riesgo que corría, se comió una fruta de este árbol en el año 1999, durante unas vacaciones caribeñas en la isla de Tobago: Tomé un bocado de esta fruta y la encontré agradablemente dulce. Mi amigo también participó (por recomendación mía). Unos momentos más tarde nos percatamos de una extraña sensación irritante en la boca, que gradualmente progresó a una sensación de ardor, lagrimeo y opresión en la garganta. Los síntomas empeoraron durante el siguiente par de horas hasta que apenas podíamos tragar comida sólida debido al dolor insoportable y la sensación de una gran masa obstructiva en la faringe. Lamentablemente, el dolor fue exacerbado por la mayoría de las bebidas alcohólicas, aunque ligeramente aplacado por la piña colada, pero más aún por la leche sola.

Durante las siguientes ocho horas, nuestros síntomas orales comenzaron a disminuir lentamente, pero nuestros ganglios linfáticos cervicales se ablandaron y fueron fácilmente palpables. Contar nuestra experiencia a los lugareños provocó incredulidad y horror; tal era la reputación venenosa de la fruta.

No es de extrañar que los aborígenes del Caribe estuvieran familiarizados con la manzanilla de la muerte y utilizaran su savia para fabricar flechas venenosas. De hecho, se cree que la tribu de los calusa pudo usar la toxina de este árbol en el flechazo que mató a Juan Ponce de León durante su segundo viaje a la Florida, en 1521. Otras fuentes apuntan que la herida de la flecha se gangrenó. Sea como fuera, el conquistador murió en el barco de regreso a La Habana a causa de aquella herida de flecha



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