domingo, 11 de diciembre de 2016

¿Por qué el calor da sueño de día y no dejar dormir de noche?

¿Sentís somnolencia después del mediodía y te cuesta mucho esfuerzo seguir trabajando? Y a la noche, cuando finalmente podés descansar, ¿te cuesta conciliar el sueño si hace mucho calor, o te despertás seguido? Quedate tranquilo, no es tu culpa. 

Pocas experiencias son más agotadoras físicamente que estar sentado en una biblioteca sobre calefaccionada en invierno, intentando trabajar. Uno puede estar leyendo el libro más fascinante y, aun así, mataría por una hamaca, antes que permanecer en esa silla de respaldo rígido. Entonces, al final, uno se arrastra a su casa, a su habitación demasiado calefaccionada, y se dispone a dormir toda la noche. Pero ese calor que indujo en el cuerpo un ansia enfermiza de lasitud, ahora nos convierte en un manojo de frustración que se agita y da vueltas. No podemos dormirnos. ¿Por qué?

No hay duda de que el calor drena nuestra energía. Muchas culturas latinoamericanas, asiáticas y mediterráneas, como rutina, permiten que los trabajadores tomen siestas durante los momentos más cálidos del día, porque son conscientes de que sin ese descanso la productividad disminuirá después del mediodía y de que los trabajadores vuelven renovados después de una siesta.

Sin embargo, todos los expertos del sueño consultados estuvieron de acuerdo con la declaración de Caroline Jones, del Concejo del Buen Sueño: “El calor no es lo que nos provoca somnolencia por la tarde. Algunos investigadores han documentado una caída universal de los niveles de energía que ocurre después del mediodía, sin importar la temperatura”. Estas fluctuaciones diarias de la somnolencia dentro de nuestro organismo se conocen como “ritmos circadianos”.


David L. Hopper, presidente de la Academia Americana de Medicina del Sueño, expresó que las últimas horas de la tarde y las primeras después del mediodía son “los dos períodos durante el ciclo de veinticuatro horas en que el sueño es posible, o probable, en circunstancias normales”.

Algunos especialistas del sueño piensan que los ritmos circadianos indican que los seres humanos tienen una predisposición innata hacia la siesta. Pero los somnólogos parecen coincidir en que la somnolencia natural que la mayoría de nosotros siente a la hora de la siesta, cuando hace más calor afuera, tiene poco o nada que ver con el efecto de decaimiento que el calor tiene sobre nosotros.

Sin embargo, la temperatura ambiente afecta nuestros patrones de sueño. La mayoría de las personas duermen mejor en ambientes frescos, razón por la cual muchos tenemos problemas para dormir en habitaciones caldeadas aunque estemos exhaustos por la noche.

Y si hay un cambio de temperatura mientras estamos dormidos, eso nos haría despertar, como explica Hopper: “Nuestra temperatura corporal alcanza su punto más bajo en las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde. Durante el sueño profundo REM y NREM (movimientos no rápidos de los ojos, por su sigla en inglés), perdemos la capacidad de regular eficazmente la temperatura corporal; por eso, si la temperatura exterior es demasiado cálida o demasiado fría, tenemos que despertarnos un poco para poder regular nuestra temperatura corporal de manera más eficaz.”




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