domingo, 23 de julio de 2017

Humor de padres tuiteros







Los 11 mejores cortometrajes hechos por fans de Star Wars

Star Wars (conocida en español como La guerra de las galaxias) es una serie de películas pertenecientes al género de la ópera espacial épica, originalmente concebidas por el cineasta estadounidense George Lucas, y producidas y distribuidas por The Walt Disney Company a partir de 2012.



La saga cinematográfica ha derivado en otros medios de expresión tales como novelas, series de televisión, cortos cinematográficos, videojuegos, historietas, juegos de rol, de guerra o de miniaturas etc. Los nuevos aportes de todos esos medios han conformado el denominado «universo expandido», a partir del cual se ha desarrollado de forma significativa el material de la saga. Además, este conjunto de medios ha profundizado en cuestiones apenas incorporadas en las películas originales, extendiendo por otra parte las tramas presentadas en cada trilogía.

Los fans de Star Wars son casi incomparables al resto en cuanto a su admiración por ese universo, y se dedican con venerable entereza a dar su punto de vista a través de cortos cinematográficos, que son verdaderas obras de arte, sobre varios aspectos de esa apasionante galaxia muy lejana. Hay cortometrajes sobre los Sith, los Jedi, los soldados, las familias, los pilotos, los contrabandistas y cualquier otro miembro del universo de Star Wars que puedas imaginar. En este post seleccionamos 11 de los trabajos mas destacados para que puedas disfrutar durante un buen rato de una mirada diferente y muy creativa sobre Stars Wars:

8 funcionalidades que vendrán con "Android O"

La llegada oficial de Android O está a la vuelta de la esquina. Lo más probable es que la primera versión final vea la luz en sólo dos o tres semanas para reemplazar Android Nougat. Es por eso que queremos mostrarte algunas de las principales funcionalidades que traerá el nuevo sistema operativo.



1. Restricciones y límites en segundo plano
Cuantos menos procesos de aplicaciones puedan correr en segundo plano, mejor será la duración de la batería y, por lo tanto, la experiencia de los usuarios.

La próxima versión del sistema operativo limitará los servicios en segundo plano y las actualizaciones de ubicación que una aplicación pueda ejecutar cuando no se está utilizando. Esto será genial para los usuarios, pero no para los desarrolladores de aplicaciones.

2. El modo Picture-In-Picture

Con la cantidad de contenido que consumimos (música, video, etc), es normal que Android acabase creando un modo en el que veamos contínuamente una ventana flotante con esos medios mientras se realizan otras tareas. Por ejemplo, ver videos de YouTube mientras estás en otra aplicación, algo útil en móviles con grandes pantallas.

3. Interfaz simplificada

Si te has acostumbrado al menú de configuración de tu Pixel, es muy probable que notes grandes cambios en Android O. Se rediseña el menú, haciendo que los elementos dentro de él sean los mínimos. Android Nougat en el Pixel tiene alrededor de 24 listas, Android O las reducirá a sólo una docena, consiguiendo un aspecto mucho más limpio y organizado.

Sin embargo, esto podría ser un poco perjudicial para la experiencia del usuario, ya que ciertas opciones esenciales no están escondidas de forma intuitiva, y habrá que aprender cómo activarlas.

4. Suspender y filtrar notificaciones

Habrá diferentes tipos de tipos de notificaciones: alertas, mensajes generales, capturas de pantalla, almacenamiento, general, etc. Los usuarios de Android O podrán silenciar cualquiera de estos como le plazca.

La idea es clara: reducir la gran parte del spam de notificaciones y asegurarse de que solo se reciban alertas de notificaciones específicas. Aparte de eso, también se podrá suspender notificaciones seleccionadas, algo muy útil en situaciones específicas.

Los opuestos NO se atraen y otros mitos de la vida en pareja

Analizar datos no suena muy romántico, pero el doctor John Gottman ha dedicado 40 años a averiguar la fórmula para que un matrimonio funcione.

Llamado “el Einstein del amor” por la revista Psychology Today, Gottman, junto con su esposa y compañera de investigación Julie Gottman, asesora a otros terapeutas matrimoniales sobre los mitos más comunes acerca del amor, con base en las conductas observadas en su laboratorio.

En su “Laboratorio del Amor”, ubicado en la Universidad de Washington, ha analizado la comunicación verbal y no verbal de muchas parejas, y ha seguido a éstas durante años para saber si se mantienen juntas. Con más de 200 artículos publicados en su haber, este hombre asegura ser capaz de predecir, con un 94% de certeza, el desenlace de una relación de pareja.

Mito: Tu pareja no te lee la mente, así que debes decirle exactamente lo que quieres
No entiendas mal: la comunicación abierta es esencial para tener una relación satisfactoria. Pero los Gottman han observado que las parejas mejor avenidas son capaces de comprender los sentimientos y las necesidades del otro sin tener que expresarlos verbalmente todo el tiempo.

Un estudio suyo halló una relación entre los matrimonios satisfechos y la habilidad del marido para interpretar el lenguaje no verbal de la esposa.

Mito: Las diferencias de género están detrás de los megapleitos conyugalesNi los hombres son de Marte ni las mujeres son de Venus: todos somos habitantes de la Tierra. Resulta que “los varones experimentan emociones tanto como las mujeres”, afirma Julie Gottman. “Por otro lado, algunas mujeres se niegan a expresar sus emociones negativas, así que se produce un equilibrio. Hay más semejanzas entre los sexos de lo que la sociedad suele creer”.

Un estudio publicado en Cognition and Emotion reveló que cuando las mujeres hacían un recuento de su vida, se mostraban más emotivas que los hombres, pero cuando unos y otras evaluaban sus sentimientos día tras día, las diferencias de género desaparecían.

Tu formación cultural y tu entorno familiar pueden tener más peso en tu disposición a expresar tus emociones que tus cromosomas XX o XY, afirma Gottman.

Mito: Uno repite los problemas de relación de sus padres
La manera de llevar a cuestas el bagaje de la infancia pesa más que no cargar con ninguno. “Nadie sale de la niñez sin haber tenido algunas experiencias que se vuelvan detonadores, pero esto no significa que no puedas tener una excelente relación conyugal”, dice Gottman.

El doctor Tom Bradbury, psicólogo de la Universidad de California en Los Ángeles, acuñó la frase “soportar vulnerabilidades” para referirse a esos detonadores. Ciertas palabras y acciones pueden hacer que afloren algunos sentimientos añejos y suscitar una reacción. Asegúrate de que tú y tu pareja comprenden qué es lo que irrita al otro, y eviten esas debilidades.

Las experiencias infantiles pueden provocar también lo que los psicólogos llaman identificación proyectiva; por ejemplo, sacar a flote un resentimiento de la niñez y reflejarlo en tu pareja. Si, digamos, tuviste un padre distante y frío, quizá supongas que tu pareja también es distante y fría. En lugar de reprobar el carácter de tu cónyuge, explícale el efecto que sus acciones tienen en ti y lo que puede hacer para que te sientas mejor.

Mito: Las parejas que pelean a gritos terminan por divorciarse
Según los Gottman, las parejas “volátiles” son uno de los tres tipos de relaciones “estables felices” (los otros dos son las “validadoras” y las “evasivas”).

De hecho, la pareja volátil feliz promedio tiene una tasa positiva-negativa de al menos cinco a uno; es decir, tiene cinco veces más interacciones positivas que negativas, lo que Gottman considera indicador de una relación sana. Las parejas que terminan divorciándose, en cambio, tienen una tasa de 0.8 a uno. La clave es que, si bien las parejas volátiles felices llegan a tener peleas intensas, las equilibran con amabilidad y consideración.

Cada estilo tiene pros y contras. “Quienes evitan el conflicto llevan una vida muy pacífica, pero, por otro lado, pueden acabar con una vida paralela en la que se distancian mucho”, dice Gottman. “Y las parejas apasionadas que discuten mucho corren riesgo de terminar enfrascadas en pleitos constantes”.
Mito: El matrimonio debe ser equitativo
Las parejas que adoptan un estilo de pensar quid pro quo —yo te rasco y tú me rascas— tienden a meterse en serios problemas. “Nos volvemos contadores de emociones sólo cuando está pasando algo malo en la relación”, señala Gottman.

Un estudio realizado en 1977 por el psicólogo Bernard Murstein fue el primero en revelar que la mentalidad quid pro quo es característica de las relaciones enfermizas, no de las que son felices.

“Hemos descubierto que los mejores matrimonios son aquellos en los que se invierte en los intereses de la pareja, y no en los propios”, dice Julie Gottman.

Las parejas más felices tienen un elevado nivel de confianza mutua, lo que permite a cada cual dar sin esperar algo a cambio porque saben que su cónyuge lo apoya.

Mito: Los opuestos se atraen
La idea de que las fortalezas de uno compensan las debilidades del otro, y viceversa, suena bien al principio, pero los Gottman dicen que sus investigaciones no validan esa creencia. Tú y tu pareja pueden ser opuestos en asuntos menores (por ejemplo, mientras tú lees un libro en la playa, tu pareja se mete al mar), pero cuando se trata de asuntos importantes, es mejor ser parecidos.

“Hemos observado que la mayor incompatibilidad predictora de divorcios tiene que ver con la manera de expresar las emociones”, dice John. Por ejemplo, si uno de los dos quiere expresar su ira o su tristeza y el otro prefiere reservarse sus sentimientos negativos, cada uno sentirá rencor por el otro.

Mito: Las cosas se ventilan hasta llegar a un arreglo
El 69% de los problemas matrimoniales se discuten, en lugar de ser resueltos, indican los estudios de Gottman. “Existe la creencia de que es malo evitar los pleitos”, dice John, “pero a muchas parejas les funciona decir simplemente ‘Estamos de acuerdo en discrepar’”.

El secreto es evitar trabarse en un conflicto que pueda llevar a riñas recurrentes. En el fondo de esas peleas los Gottman han descubierto que hay profundas diferencias de valores que sorprenden a la pareja; por ejemplo, una discusión por las finanzas no tiene que ver sólo con el dinero, sino también con el significado del dinero, el poder, la seguridad y la libertad. Quizá no logres llegar a un acuerdo perfecto con tu pareja, pero si entablas un diálogo abierto con ella, podrás discutir el asunto sin herir sus sentimientos.






Así se "construye" un luchador de Sumo

El pasado 9 de julio la ciudad japonesa de Nagoya inauguró su campeonato internacional de sumo. Esta galería fotográfica recoge los entrenamientos de los luchadores de la prestigiosa escuela de sumo de Tomozuna en su templo budista y arroja luz sobre la complejidad de este tradicional deporte nipón.

El luchador Kaisei, originario de Brasil, y el mongol Kyokushuho se colocan una venda en las piernas durante su entrenamiento.


El chanko nabe es un estofado muy popular entre los luchadores de sumo. Es consumido con el propósito de ganar peso.

El luchador de sumo Kyokutaisei posa con una niña para hacerse una fotografía.

El luchador de sumo Kyokutaisei descansa en su habitación.

Los combatientes Kyokutaisei, Kyokushuho, Kaisei y Asahisho se preparan para ir a cenar fuera del templo de Ganjoji Yakushido.

Niños de un jardín de infancia entregan a los luchadores de sumo un exorno decorativo para el festival Tanabata hecho con una rama de bambú y tiras de papel coloreadas.

La utilidad de ser negativo y preocuparse antes de tiempo

Un paciente en urgencias con más de 40 grados de fiebre. La médica decide inyectarle un cóctel de dos sustancias que no ha oído en su vida: penicilina y otros compuestos irreconocibles. «Respira hondo», le pide la mujer. «¿Duele?», pregunta él con el pantalón ya por mitad de la nalga. «Respira hondo», repite aquella, sonriendo. Le hinca la aguja y el enfermo se agarra a los barrotes de la cama, grita, tose, sufre un par de arcadas, se le nubla la vista, se marea. Luego le cuesta andar.

Al día siguiente debe recibir otra dosis de lo mismo. Llegó, asustado, con ganas de huir. Se tumbó y volvieron a inyectarle: dolió también, mucho, pero solo eso; no hubo angustia, asomos de desmayo ni cegueras. Estaba convencido de que le habían pinchado algo más leve, pero la doctora le aseguró que se trataba del mismo preparado. El miedo, el puro esperarse la tortura redujo el impacto del dolor.

Esta anécdota real (sufrida en nalga propia) ejemplifica cómo situarte en lo peor, procesarlo mentalmente, recorrer los relieves de lo negativo, ayuda a que, cuando se produce el hecho, tengamos más herramientas para tolerarlo y resulte, de manera tangible, menos doloroso. Sufriremos, pero tendremos un estado emocional más dispuesto a soportarlo.

Los discursos de la positividad suelen basarse en metas tan contundentes como poco definidas; sopesar matices terrenales los destruye de manera automática. Suelen orientarse hacia un único objetivo: el éxito, ya sea en el ámbito sentimental, social o laboral. Según algunos psicólogos y filósofos, incluso en este aspecto, la negatividad goza de un potencial práctico mayor.

Un artículo de The New York Times recoge ejemplos de pensadores que defienden el poder de la negatividad. La psicóloga Gabrielle Oettingen habla de que «visualizar un resultado exitoso, bajo ciertas condiciones, puede hacer que las personas tengan menos probabilidades de lograrlo».

El mensaje es que visualizar solo la parte positiva produce una motivación que tiene mucho de fe, es decir, excita un estado emocional que no tiene en cuenta los problemas de la realidad. Es más: pensar en ellos implica una traición que hace desaparecer los efectos maravillosos y hace peligrar la meta. Es un truco: descubres la realidad tras la ilusión y la magia desaparece. Este sistema de pensamiento positivo desata la motivación, sí, pero como indica Oettingen, nos relaja.

La experta hizo un experimento. Puso a los participantes en un estado de deshidratación. Solicitó a algunos de ellos que imaginaran un buen vaso de agua y a otros les indujo fantasías contrarias en que la sed se mantendría. El resultado fue que quienes habían visualizado el recipiente lleno y fresco acusaron un «descenso en los niveles de energía». En cambio, los otros mantuvieron la tensión. En una situación real, los últimos habrían tenido más posibilidades de saciar la sed.

Muchos equipos de comerciales comienzan cada mañana con sesiones de motivación. Necesitan chutes así cada jornada como el diabético necesita sus pinchazos de insulina: para neutralizar un problema crónico que, en el caso de los trabajadores se trata de precariedad, semiesclavitud, competitividad salvaje y un rechazo personal en cada puerta a la que tocan.

El diario El País recogió unas declaraciones de Julie K. Norem, autora de El poder positivo del pensamiento negativo: «Hay que ser verdaderamente valiente para manifestarse y luchar contra una corriente de pensamiento que promete a las personas que se sentirán mucho mejor si siguen sus preceptos, y que si alguien tiene problemas es que falla su carácter».

Siempre ha sido difícil luchar contra la religión y sus sucedáneos. El artículo, a través del ensayista Pascal Brunker, señala que «la felicidad a cualquier precio ha creado una nueva clase de discriminación, la de los que sufren». Sufren porque son infieles.

Expertas como Norem y Oettingen defienden la utilidad de ponerse en lo peor y adelantar la dimensión de angustia que nos inundaría en caso de que cayera sobre nosotros el más doloroso de los sucesos posibles.

En una charla en TED, el autor y emprendedor Tim Ferriss habló de cómo pensar mal le abrió el camino del éxito (es curioso cómo incluso para negar la positividad sigue siendo necesario apoyarse en el dogma del éxito para ser escuchado). Según afirma, sigue la filosofía de los estoicos.

Ejercitó la premeditatio malorum: «visualizar el peor de los casos que temes en detalle, eso que te impide actuar, para que puedas hacer algo y derrotar esa parálisis». Explicó que pensar solo en soluciones no le funcionaba y que, al contrario, le urgía definir sus miedos.

Se trata de un buen avance en el proceso de arrancarte las gafas fluorescentes de la positividad. Los estoicos abogaban por la ataraxia o la imperturbabilidad del ánimo. Disminuir las pasiones y deseos sobre la base de distinguir entre aquello que depende de uno mismo y aquello que no se puede controlar. El fin absoluto es la paz de espíritu.

Huir de las pasiones incontrolables nos haría perdernos grandes cosas en la vida: las que para muchos dotan a la existencia de relieve y significado. Sin embargo, puestos a iniciar la búsqueda de la felicidad (entendida como sosiego constante), la anticipación y ponderación de los males (o sea, poner los pies en la tierra) ofrece un camino más racional y menos expuesto a manipulaciones como la de la omnipotencia de la motivación que, una y otra vez, acaba en frustraciones que solo se solucionan mediante otro chute de euforia que reinicie el ciclo.





El arte de cambiar de opinión

Paris. Año 2012

Noche de sábado. Julie apura un cigarrillo a las puertas de una sala de conciertos. Antonio se le acerca sutilmente. «Excuse moi, je peut te demander une cigarrette?». Acompaña su petición con un fuerte acento español, mirada seductora y peculiar ternura.

—Sí, el tipo quizás sea un caradura que solo quiera acostarse conmigo, o un gorrón —se dice Julie a sí misma—. Pero hay algo en el fondo de sus ojos que me hace confiar en él.

Así que le da un cigarrillo, se enciende otro y se los fuman juntos.

Hablan de música, del concierto que acaban de presenciar, de esto, de lo otro. 


Luego llega el silencio, el primer silencio incómodo. El último, tal vez. Ella se despide.

Bueno, pues ya nos veremos en algún otro concierto.
– Sí, sí. Claro. ¿Vendrás al del mes que viene?
– Es probable. ¿Y tú?

Entonces, Antonio decide pegarle una patada al destino. Probar suerte. Le pide a Julie el teléfono.

Ella duda. Se enfría. Le incomoda darle su número a un tipo que acaba de robarle un cigarrillo y con el que apenas ha conversado diez minutos seguidos. Actúa de la manera más razonable y le responde que no.

Él afronta la respuesta con elegancia, le da las gracias por el cigarrillo y se aleja calle abajo.

Ella se despide también, camina hacia su moto, la arranca y se va.

Nunca vuelven a verse.

Final de la historia.

De hecho, no. No es verdad. La historia no acabó aquí.

Sí, Julie se montó en su moto y miró de reojo a Antonio. Le vio alejarse despacio deshaciendo, paso a paso, todo rastro de un eventual futuro que pudieran construir juntos.

Arrancó en dirección contraria asumiendo que, seguramente, no volverían a verse más.

Pero, tras recorrer varios metros, Julie se detuvo. En un segundo decidió que no le apetecía asumir las consecuencias de lo que acababa de decidir. Y, consecuentemente —siendo plenamente inconsecuente con su decisión inicial— hizo algo imprevisto, ilógico y bastante poco razonable: Julie giró 180 grados su motocicleta, cruzó la calle en dirección a Antonio y se detuvo a su lado.

—He cambiado de opinión. He pensado que sí que te voy a dar mi teléfono.

La historia continuó.

París. Año 2017

Una madrugada de febrero nace Lea, la hija de Antonio y Julie. Juntos planean conciertos futuros. Pisos. Cenas. Vidas. Un precioso universo, rico y complejo, que no existiría si ella no hubiera cambiado de opinión.

Barcelona. Moraleja final

Recuerdo frecuentemente esta historia. Me encanta la valentía de Julie. Su flexibilidad. Su coraje. No es fácil dar media vuelta y tener la valentía de decir «¿Sabes qué? Cambié de opinión. Antes dije que no y ahora digo que sí».
Julie tiene razón. Ahora más que nunca, ante las nubes de fragilidad e incertidumbres que nos acechan, tenemos que aprender a desaprender cosas. A cambiar de rumbo sobre la marcha. A dar saltos sin red.

Tenemos que perderle el miedo a parecer ilógicos, débiles o inconsistentes.

Tenemos que frecuentar más las dudas, hacernos fuertes en ellas.

Tenemos que engrandecernos al hacernos chicos, al perdernos.

Sí, tenemos que retomar el arte del toqueteo, de dar media vuelta, volver atrás, probar otra vez. El arte de cambiar de opinión, reescribir el guion, seguir por un nuevo camino.

Y, finalmente, tenemos que formarnos en el sutil y precioso arte de darle nuestro teléfono a desconocidos.

Porque solo así recibiremos llamadas que nos toquen el alma.




Cómo se entrena un perro bomba

Es difícil concebir una mejor herramienta que el hocico de un perro para olfatear el peligro en lugares públicos. Conocé cómo es el entrenamiento de un futuro ‘perro bomba’ para aprender el vocabulario de los olores sospechosos.

Cuando conozco a Merry, una joven hembra de labrador, se está limpiando las fosas nasales con nueve o diez resoplidos agudos antes de olfatear ruidosamente una hilera de equipajes en un gran hangar fuera de Hartford, Connecticut. Es la Bomb Dog U, lugar donde la MSA Security entrena a los perros que se conocen entre el gremio de seguridad como Caninos de Detección de Explosivos o EDC, según sus siglas en inglés. La mayoría de las personas los llaman perros bomba.

En el campus de la ‘Bomb Dog U’ de MSA, las piezas de equipaje incluyen palés envueltos en plástico y bloques de cemento. No es necesario enseñar a los perros cómo olfatear, pero sí dónde, por ejemplo, a lo largo de las costuras de una maleta o debajo de una tarima, en donde se asientan los vapores más pesados que el aire.

En el oculto mundo de la educación de los perros bomba, la MSA es una academia de élite. Empezó en 1987 con un puñado de perros, y en la actualidad cuenta con 160 equipos, que se despliegan principalmente a las grandes ciudades del país y cada perro trabaja con un adiestrador específico, en general, durante ocho o nueve años. La MSA también proporciona perros para lo que describe escuetamente como “una agencia gubernamental denominada con tres iniciales, que los usa en las zonas de conflicto en Oriente Próximo”.

¿Cómo hacen los perros para descubrir una bomba?
En sentido estricto, el perro no huele la bomba. Disgrega los olores de sus componentes y selecciona las sustancias químicas que han sido entrenados a detectar. Zane Roberts, el principal entrenador canino y actual subdirector de programas de la MSA, hace una analogía gastronómica: “Cuando entrás en una cocina y alguien está preparando salsa para espaguetis, tu olfato dice: Ajá, salsa para espaguetis. El olfato de un perro no dice eso. De manera instintiva, dice: tomates, ajo, romero, cebolla, orégano”. El entrenador es quien dice salsa de espaguetis, o en este caso, bomba.

Los perros de la MSA empiezan a construir su vocabulario de olores sospechosos trabajando con hileras de más de 100 latas idénticas colocadas en cuadrado. Los ingredientes de las familias de las sustancias químicas básicas que se utilizan en los explosivos se colocan en latas aleatorias.


A todos los perros bomba se les enseña que sentarse es la forma de responder cuando encuentran lo que están buscando. Nadie quiere que un perro golpee y rasque con la pata un objeto que podría explotar.

Los perros de la MSA llegan a la sede principal cuando tienen entre año y año y medio. Casi todos han ido primero a una guardería canina poco común llamada Puppies Behind Bars (Cachorros entre rejas) un programa sin ánimo de lucro, que entrena perros para invidentes, pero la idea era que los reclusos también aprendieran. Un interno escribió en un diario de entrenamiento, sobre su cachorro labrador: “me ha demostrado lo que importa de verdad: el amor, la honestidad, el dar y la perseverancia”. Con el 11-S, los Puppies Behind Bars entraron en la guerra del terror. Desde entonces, 528 perros, la mayoría de detección de explosivos, se han graduado en el programa en las prisiones.

Sería muy difícil concebir una máquina para detectar olores mejor que un perro. Su nariz se extiende desde las fosas nasales a la parte posterior de la garganta, lo que le da un área olfativa 40 veces mayor que la de un ser humano.

El 35 % del cerebro de un perro está relacionado con el olfato, mientras que solo el 5 % de los recursos celulares de un cerebro humano se encarga de esta tarea.

Cuando entra el aire en el hocico de un perro, se divide en dos vías separadas: una para respirar y otra para oler. Así, cuando un perro exhala, el aire sale por una serie de aberturas a los lados de la nariz y no perturba su capacidad de analizar los olores que entran. Aún más importante, esto permite a los perros oler de manera continua durante varios ciclos de respiración. Un estudio noruego descubrió a un perro de caza que podía oler en un flujo de aire ininterrumpido, durante 40 segundos.


Hoy los perros bomba están en bancos, aeropuertos, trenes, oficinas de correos, estadios deportivos. Hace varios años, un banco empezó a usar dos perros para revisar cada uno de los paquetes que entraba y salía del edificio. “A la gente le encanta tener perros a su alrededor”, comenta un guardia de seguridad del banco. “Pero se pone nerviosa ante un policía con chaleco antibalas y un arma. Es una obviedad.”

El lugar donde los perros bomba de verdad han demostrado su temple es en el campo de batalla. Joe Atherall, antes de ser vicepresidente de operaciones en MSA comandaba a un batallón de marines en Irak. La unidad tenía tres equipos de perros. “Un día fuimos a una escuela, pero no encontramos mucho. Había desagües alrededor de la escuela, y los perros empezaron a golpearlos. Cuando los abrimos, encontramos un amplio depósito de pequeñas armas de fuego, mortero y cordón de detonación junto a material explosivo. “Salvaron vidas”, comenta Atherall.

Es difícil imaginar a un guerrero más valiente que un perro. Los perros trabajan por amor, por ser elogiados, por la comida, pero, sobre todo, porque les gusta hacerlo. Mike Wynn, director de entrenamiento canino de MSA comenta: “Los mejores perros bomba son los que de verdad disfrutan”.

El dramático caso del joven que "muere cuando duerme"

Cuando Liam Derbyshire nació, los doctores dijeron que no viviría más de seis semanas. En unos meses cumplirá 18 años.


Se estima que en el mundo apenas 1.500 personas tienen la misma enfermedad rara que este adolescente británico, llamada síndrome de hipoventilación central congénita.

La maldición de Ondina (Síndrome de Hipoventilación Central Congénita)
Se trata de un fallo congénito que afecta al sistema nervioso central y autónomo, que hace que si Liam se queda dormido espontáneamente deje de respirar.

A esta condición también se le llama la maldición de Ondina, en una referencia a una ninfa de la mitología germánica a la que un mortal le había jurado su amor “con cada aliento”. Al descubrir su infidelidad Ondina lo maldijo diciendo que si se quedaba dormido moriría y así sucedió, según cuenta la leyenda, cuando cayó rendido por agotamiento.

Por eso cada noche para poder sobrevivir Liam debe conectarse a un ventilador. “Sin esa máquina no estaría vivo”, dice su madre, Kim.

Cada día un nuevo nacimientoEl fallo congénito crónico que sufre Liam afecta a sus funciones vitales básicas, como la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la respiración.

Su síndrome conlleva un gran riesgo de daño a sus órganos, especialmente a su cerebro.

Tiene ciertas dificultades de aprendizaje y la familia convive con la incertidumbre de no saber qué le puede pasar: sufrir una convulsión, cansarse y colapsar en cualquier momento.

Duerme en una cama eléctrica especial que tiene una placa sensora que detecta sus espasmos y activa el ventilador al que se conecta cada noche con una mascarilla para poder descansar.

Liam puede respirar independientemente durante el día, pero no cuando se queda dormido. Según Peter, su padre, “desde el día en que nació Liam nunca tuvo una buena noche de sueño”


Ese ventilador ejerce una presión positiva sobre sus pulmones y los obliga a exhalar. Pero siempre debe haber un cuidador cerca en caso de que algo vaya mal.

Este síndrome tiene distintos grados de gravedad. En las variantes más leves los pacientes pueden dormir, pero tienen un sueño poco reparador. Pero la de Liam es una versión muy grave.

Un futuro incierto para Liam
A medida que Liam va creciendo su caso se vuelve más y más raro porque está sobreviviendo tantos años con esta condición que desafía las expectativas médicas.

Ni la familia ni los especialistas saben cómo este síndrome va a afectar a largo plazo a su capacidad de aprendizaje.

En el WC del futuro no tendremos que tirar la cadena

Desde el origen de los tiempos, la principal preocupación del ser humano ha sido encontrar comida. El problema era deshacerse de los desechos generados después de ingerirla.

Durante la etapa nómada, la solución era sencilla: se abandonaba el lugar una temporada y se regresaba a él transcurrido cierto tiempo. Cuando esto sucedía, a su vuelta encontraban que esa zona, antes insalubre, se había vuelto más frondosa y tenía más vegetación.

El ser humano no tardó en vincular ambos fenómenos. Mientras que un exceso de desechos resultaba desagradable e insalubre, una buena gestión de los residuos podía ser beneficiosa para el campo.

Sin embargo, a medida que los asentamientos humanos fueron creciendo, el volumen de residuos aumentaba y la capacidad de gestionarlos menguaba. El resultado era que lo insalubre de las heces superaba con mucho a sus beneficios.

Por esa razón, a lo largo de la historia se han inventado diversas formas de deshacerse de los residuos humanos. Desde letrinas a pozos negros e incluso canalizaciones de alcantarillado. A pesar de ello, en pleno siglo XXI, hay lugares que aún no disponen de servicios sanitarios.

Mientras que la telefonía móvil ha llegado a casi cualquier lugar del mundo, hay territorios en los que no hay servicios. En ocasiones por falta de agua y en otras, por exceso. Cuando llega la época de las lluvias torrenciales, los pozos negros se desbordan y anegan casas, calles y cultivos.

Concienciada por este problema, la Bill & Melinda Gates Foundation puso en marcha el Reinvent The Toilet Chalenge, un proyecto que busca mejorar la calidad de vida de las personas a través de la innovación y la investigación en los servicios sanitarios y los inodoros.

Para ello, la fundación ayuda a financiar iniciativas que desarrollen sistemas que, además de facilitar la eliminación de residuos humanos permitan recuperar energía, agua y nutrientes de las heces.

Pero no solo eso. Los inodoros promovidos por la Bill & Melinda Gates Foundation deben funcionar sin necesidad de corriente eléctrica o agua y su coste de uso no debe superar los 0,05 céntimos diarios para que sean fáciles de instalar en países en desarrollo.

A aquellas se suma una última exigencia: previendo que en el futuro el agua escasee, la Fundación Gates quiere asegurarse de que las propuestas no son solo soluciones para países del llamado Tercer Mundo. Por lo tanto, el sistema debe resultar útil para todo tipo de países, rentas y territorios.

Una de las personas que recibió una ayuda de la Fundación Gates es Virginia Gardiner. Esta licenciada en Literatura Comparada ha creado Loowatt, una empresa que ha diseñado un inodoro que no precisa de agua para funcionar.



Después de depositar los excrementos, un dispositivo los recubre con un plástico, los envasa al vació y los deposita en un compartimento estanco que es retirado por la propia compañía una vez a la semana, o antes, en caso de que sea necesario.

El contenido es llevado a la planta de gestión de residuos de Loowatt que, tras procesarlos, obtiene biogás y fertilizantes a partir de ellos.

Las familias interesadas en el inodoro de Loowatt deben pagar 12 libras como depósito por tener el aparato en su domicilio. Cantidad que es devuelta si el usuario ya no quisiera tenerlo por más tiempo. A esas doce libras hay que añadirle tres libras al mes para cubrir el servicio de recogida de residuos.

A pesar de que la propuesta de Loowatt aún está en pleno desarrollo, ya hay lugares de Madagascar que lo utilizan. Si bien es cierto que el sistema de gestión de residuos no consigue explotar todo el potencial de las heces humanas, los habitantes de esos lugares han visto como su calidad de vida mejoraba.

Además de una mayor higiene en su entorno y un descenso de las enfermedades en el lugar, ya no temen caerse en un pozo negro y morir asfixiados por los gases o que las inundaciones desborden los pozos. Además, ahora tienen compost y abonos para sus campos.
Según los expertos, los inodoros sin agua serán el futuro a la hora de solucionar el problema de los excrementos humanos en los países en desarrollo. La razón principal es que en esos lugares un sistema como el que se usa en occidente es impensable.

A la falta de agua, se suman los costes para construir el alcantarillado. Si además no se quiere que los desechos acaben en el mar o en los ríos, también hay que construir plantas de gestión de residuos. Unas inversiones en infraestructuras inasumibles para los gobiernos de esos países.

Lo más llamativo de todo esto es que en el futuro es probable que este sistema de inodoros sin agua, lejos de exportarse a los países en desarrollo, sea el que acabe imponiéndose en occidente.

Para empezar, Loowatt ya ha comenzado a utilizarlos en eventos masivos y festivales de música de Estados Unidos e Inglaterra. Para que te vayas acostumbrando.