sábado, 25 de marzo de 2017

¿Por qué mienten los políticos?

Tengo grabado a fuego el recuerdo de la intervención de anginas de mis hermanos mayores, que comían helados como si no hubiera un mañana. Desde entonces, me pierden los helados. Así funciona también la amígdala cerebral: los recuerdos con connotaciones emocionales son mejor recordados, y es la amígdala cerebral la que se ocupa de los mismos.

Pero, ¿qué es la amígdala cerebral? Se trata de un conjunto de núcleos neuronales localizados en la profundidad de los lóbulos temporales, que se ocupan del procesamiento de la memoria, asociado a la emoción y a la consolidación de la misma.

Un estudio reciente ha demostrado que las imágenes emotivas preparan al cerebro a recordar mejor las cosas. Es decir, cuando has de recordar algo neutral, lo haces mejor tras exponerte a imágenes emocionales. Nuestro cerebro se modula según las experiencias que hemos acumulado previamente.

Pero la sorpresa nos la acaban de dar unos investigadores británicos del University College de Londres, que explicarían por qué la repetición y escalada de las mentiras insensibilizan a la amígdala cerebral, y la repetición de esta conducta, a la que nos tienen tan acostumbrados la mayoría de los políticos, anima a engañar más aún en el futuro.

Estos científicos realizaron resonancia funcional al cerebro de 55 personas mientras participaban en tareas en las que podían mentir para obtener beneficios personales, mediante la estimación que hacían de la cantidad de monedas en un tarro transparente. Se confirmó que la amígdala se activaba cuando las personas mentían para lograr un beneficio, pero la respuesta de la amígdala a la mentira disminuía con cada mentira, mientras que la magnitud de las mismas aumentaba. La explicación que dan es que la amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir, pero que a medida que se miente más, esta respuesta se desvanece y cuanto más se reduce esta actividad, más grande será la mentira que nuestro cerebro acepte. Pero, si ya lo sabemos, por qué seguimos votando a los mismos? La explicación también está en nuestro cerebro.

Propongo hacer un estudio comparando el funcionamiento de la amígdala de los políticos frente a la amígdala de los no políticos, porque como dicen los británicos: la deshonestidad es como una pendiente resbaladiza, donde pequeñas transgresiones éticas allanan el camino para futuras transgresiones más grandes. Sería fundamental encontrar un tratamiento que reactivara a la amígdala a su función inicial.

La conclusión es que nuestro cerebro se modula con el entrenamiento, para lo bueno y también para lo malo. Aquí tienes la prueba de que tu amígdala funciona: ¿A que recuerdas dónde estabas el 11-S?



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