viernes, 28 de abril de 2017

Cuando la visita al museo se transforma en un desastre

Si bien los museos muestran creaciones geniales de grandes figuras de la historia, existen otros humanos más imperfectos que, en lugar de explotar sus habilidades artísticas, parecen dotados para la destrucción de la belleza. Motivados por simple torpeza o por mala leche, los siguientes casos de destrozos de obras de arte demuestran lo que no hay que hacer cuando uno visita un museo.

El niño que tropezó…. sobre un cuadro renacentista 

Pasear por una exposición llena de antiquísimos cuadros sin mirar al suelo y hacerlo además con un refresco en la mano no es lo más aconsejable. Un niño taiwanés de 12 años aprendió la lección hace unos meses, aunque por el camino rompió un lienzo del pintor renacentista Paolo Porpora del siglo XVII. Las imágenes captaron el momento en el que el pequeño tropieza y se apoya con la mano que sostenía la bebida en el cuadro, valorado en 1,5 millones de dólares (1,4 millones de euros). ¿El resultado? Un agujero del tamaño de un puño. Por suerte, la obra estaba asegurada y los padres no tuvieron que pagar el arreglo del jarrón.

A la cárcel por dar un puñetazo a un Monet

Si un cuadro está valorado en 12 millones de dólares (11 millones de euros), golpearlo puede salir caro. Hace unos años, un hombre destrozó de un puñetazo un cuadro de Monet expuesto en la National Gallery de Irlanda. La broma le salió cara: fue condenado a cinco años de prisión por dañar el lienzo que mostraba un bello paisaje con un velero. El suceso se hizo tan famoso que incluso se ha convertido en un juego ‘online’: en ‘Punch a Monet‘ puedes descargar tu ira contra las obras del artista francés, pero sin necesidad de mandar el cuadro al taller de restauración.

Dos chiquillos rompen una escultura de cristal… y la artista la rebautiza

Es normal que los más pequeños desconozcan que una obra tiene un valor incalculable e intenten jugar con ella, pero que sus progenitores no les reprendan por ello ya es más sorprendente. Por eso, resulta chocante que dos mujeres adultas contemplaran impasibles cómo dos niños destrozaban las alas de ‘Angel is waiting’ (‘El ángel está esperando’), una obra del Museo de Cristal de Shanghái.

Es más, lejos de regañarles, incluso grabaron con sus ‘smartphones’ el destrozo de una obra que su creadora había tardado 27 meses en realizar. Eso sí, en lugar de arreglar el estropicio, la artista Shelly Xue decidió dejar la escultura como estaba y la rebautizó como ‘Broken’ (‘Roto’).

La amante del arte que se cayó sobre un Picasso

Aunque todos nos hemos sonrojado en alguna ocasión al perder el equilibrio y caer de bruces contra el suelo, lo cierto es que hay desplomes mucho más bochornosos. Un buen ejemplo es el de una mujer que asistía a una clase en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, cuando dio un traspiés y cayó sobre ‘El actor’, un lienzo del mismísimo Pablo Picasso que data de principios del siglo XX. La caída provocó un desgarro en la obra de unos 15 centímetros aunque, afortunadamente, la rotura no se produjo en la parte central de la composición.

El artista que destruyó un valioso jarrón de Ai Weiwei

Romper una obra de arte es vergonzoso, pero hacerlo asegurando que el propio artista te ha inspirado a ello es echarle demasiada cara dura. Sin embargo, eso es lo que defendió el artista Máximo Caminero para explicar por qué había estampado un jarrón de la dinastía Han pintado por el mismísimo Ai Weiwei en el Art Museum de Miami. Supuestamente, vio la obra como una “una provocación” del artista y disidente chino, y decidió unirse “a él en un acto de protesta” por el que fue posteriormente detenido. A Ai Weiwei no le sentó nada bien que rompiera el jarrón: estaba valorado en un millón de dólares (940.000 euros).

El estudiante al que le daba “asco” una escultura

Lamentablemente, también en España existe quien ha deteriorado obras de arte adrede. Hace unos años, un licenciado en Bellas Artes acudió al Instituto Valenciano de Arte Moderno y, desagradado por una escultura de Bernandí Roig que representaba a un hombre echando agua por la boca, la arrojó al suelo. El autor del violento acto, que fue acusado de un supuesto delito contra el patrimonio artístico, defendió que la figura le provocaba “asco” y se quejó de que los museos no dejan exponer a artistas jóvenes.

Saltarse el cartel de ‘No tocar’… y romper un reloj único

A veces somos tan osados que incumplimos las reglas pensando que nadie se enterará. Eso es lo que le debió pensar un visitante del Museo Nacional del Reloj en Pennsylvania, que ignoró los carteles de ‘No tocar’ y decidió averiguar por su cuenta el funcionamiento de un antiguo reloj de pared junto a su pareja. La hazaña secreta no les salió como esperaban y el reloj acabó echó pedazos en el suelo. Lo que no podían imaginar era que el museo iba a subir el vídeo de su imprudencia a YouTube para dar una lección de civismo a los futuros visitantes.

La anciana que rellenó una obra de arte con un crucigrama

El eccehomo de Borja no es el único caso en el que una anciana ha intentado contribuir al arte a su manera y el resultado ha sido patético. Una mujer de 91 años visitó hace unos meses el Neus Museum de Núremberg cuando vio un cuadro llamado ‘Insert words’ (‘Inserte palabras’) en el que había un crucigrama. Ni corta ni perezosa, sacó un bolígrafo y completó el pasatiempo, asegurado en 80.000 euros. Eso sí, nadie consiguió llevarle la contraria: tras llegar la policía, la longeva señora seguía defendiendo que había hecho lo que al artista “le hubiera gustado que hiciera”.

En busca del torpe chiquillo para decirle que todo está bien

En ocasiones, las historias de destrucción tienen un final feliz. Un ejemplo es la que tuvo lugar en la Christchurch Mansion, una casa de estilo Tudor situada en Ipswich (Reino Unido) que alberga, entre otras piezas, una jarra con más de 200 años de vida. Un niño de solo cinco años quedó “devastado” después de provocar sin pretenderlo que se rompiera en más de sesenta pedazos y su familia también se mostró “disgustada” por el suceso. Por eso, cuando el personal del museo logró restaurarla, hizo un llamamiento público para encontrarlos e informarles de que la pieza volvía a lucir como nueva.

Pisa una alfombra de manteca de cacahuete y le hacen pagar los daños

El museo holandés Boijmans Van Beuningen, en Rotterdam, se enfrentó en 2011 a un situación ciertamente pegajosa, cuando un visitante se metió dentro de una alfombra de mantequilla de cacahuete sin darse cuenta de que era una instalación de arte moderno. Se trataba de la obra ‘Peanut-Butter Platform’, que el museo había comenzado a exponer como parte de una retrospectiva del artista Wim T. Schippers. Lo más llamativo es que el incauto visitante tuvo que pagar los desperfectos. La obra ya había sido pisoteada tres veces durante otras tantas exposiciones. Aún así, los directores del museo se negaron a levantar un anillo de separación alrededor de ella alegando que se estropearía “su belleza”.

La señora de la limpieza que tiró el arte moderno a la basura

En ocasiones, es difícil saber si una obra de arte contemporánea lo es realmente. Por eso, una empleada de limpieza del Museion (el museo de arte moderno de la localidad italiana de Bolzano), decidió tirar a la basura unas cajetillas de tabaco, unas botellas de champán y el confeti de una de las salas para dejarla reluciente después de lo que ella pensaba había sido una fiesta. Lo que no sabía la buena señora es que aquellos objetos desperdigados formaban parte de la instalación ‘¿Dónde vamos a bailar esta noche?’ que se exponía en el museo. Eso sí, suponemos que reconstruir esta obra de arte en concreto no costó demasiado esfuerzo a sus creadores.




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