jueves, 27 de abril de 2017

Las mas espectaculares fugas de prisiones del mundo

Muchos hombres desafiaron los sistemas de seguridad más sofisticados y consiguieron la libertad fugándose de formas muy peculiares: desde amenazando con una pistola de madera hasta cavando un túnel con ayuda de una cuchara, pasando por una visita a la enfermería que acabó en huida con muletas. Sin duda, muchas veces la realidad supera a la ficción.

Con una pistola tallada en madera

John Dillinger fue un asaltante de bancos de Estados Unidos de la época de Bonnie y Clyde, cuyas hazañas también llamaron la atención de la sociedad estadounidense de la década de 1930 e incluso fueron vistas como las de todo un ladrón justiciero, debido a la mala fama que tenían los bancos por aquel entonces. Sin embargo, una de las correrías más peculiares de Dillinger fue su fuga de la cárcel de Crown Point, en Indiana. Para ello talló un trozo de madera con forma de pistola, el cual utilizó para amenazar a los guardias de la prisión y salir por la puerta como un señor. No contento con su hazaña, Dillinger, famoso por su picaresca, utilizó el coche de la sheriff Lillian Holley, un flamante Ford V8, para emprender la huida.

Una mano profesional nunca viene mal

David Sweat y Richard Matt se escaparon en 2015 del penal de Clinton, en el estado de Nueva York, gracias a la ayuda de una funcionaria que les daba clases de costura. Según desveló la investigación, la mujer les habría provisto con destornilladores y brocas que pudieron utilizar para perforar las paredes de sus celdas y acceder a pasadizos y tuberías que le dieran acceso al exterior. Entre las pertenencias de ambos se encontraron pequeños recipientes de pimienta, que según desveló la policía, los fugitivos podían utilizar para ocultar su rastro ante los perros utilizados para intentar encontrarlos.

Nadando más de 30 kilómetros por el mar Negro

Un caso más extremo es el de Pyotr Patrushev, quien huyó en 1962 de la Unión Soviética hasta Turquía a través del mar Negro. Allí tuvo que nadar más de 30 kilómetros con el fin de escapar de la pena de muerte que le habían impuesto por desobedecer órdenes del ejército soviético. Patrushev era nadador profesional en su país. Sin embargo, al llegar a Turquía no le creyeron capaz de tal hazaña y estuvo un año en régimen de confinamiento por creerle un espía ruso. Finalmente, Patrushev quedó en libertad y viajó a Australia como refugiado. Allí se desarrolló profesionalmente como escritor y traductor hasta su muerte, en mayo del año pasado.

En helicóptero desde la azotea de la prisión

El francés Pascal Payet hizo de su huida un asunto de altos vuelos. Para ello, se sirvió de un cómplice que le estaba esperando con un helicóptero robado en la azotea del penal de Luynes (Francia) en el año 2001, donde purgaba una pena de 30 años de cárcel por la muerte de un agente de seguridad durante un atraco a un furgón blindado. Fue la primera vez, pero no la última. Apenas dos años más tarde, y a pesar de que la prisión había reforzado su seguridad con mecanismos para evitar que se reprodujese otra fuga poniendo cables anti helicóptero, Payet requirió sólo de unos minutos para coordinar y ejecutar la fuga de los miembros de su banda con el mismo ‘modus operandi’.

Unas semanas después, Payet, conocido en su país como el ‘rey de las fugas’, era apresado y, tras pasar por diferentes centros penitenciarios, fue conducido a la cárcel de Grasse, donde también hizo de las suyas. Un 14 de julio de 2007, día de la celebración de la fiesta nacional en Francia, Payet utilizó su particular método para escaparse otra vez en un helicóptero que sus cómplices habían secuestrado. En esta ocasión, emprendió vuelo hasta la ciudad inglesa de Brighton, donde le esperaba un cirujano plástico para cambiarle el rostro. Finalmente lo capturaron en España, concretamente en Mataró, y terminó procesado en su país.

Huida en masa: los siete fugitivos de Texas

Existen otras ocasiones en que las huidas son colectivas. Como la que realizaron siete prisioneros de la cárcel de alta seguridad Connally Unit en Kenedy, al sur de Texas actuaron en grupo para despistar a algunos vigilantes mientras robaban la identificación de otros funcionarios, lo que les permitió hacerse pasar por ellos para superar las barreras de control. En total, estos siete fugitivos despistaron a nueve supervisores, cuatro funcionarios de prisiones y tres internos no involucrados en la fuga.

El famoso túnel de la fuga de Alcatraz

La de Frank Lee Morris, un delincuente común, y los hermanos Clarence y John Anglin, entre rejas por robar unos 15.000 dólares, (unos 112.000 euros actuales teniendo en cuenta la inflación) es considerada una de las fugas más célebres de todos los tiempos: cavaron un túnel para escapar de la prisión de la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, utilizando solo unas cucharas y mucha paciencia. Poco a poco, agrandaron los conductos de ventilación lo suficiente para poder entrar por ellos y llegar hasta la zona de tuberías que les daba acceso al tejado. Desde allí, continuaron su huida hasta alcanzar la orilla del mar.

Las autoridades concluyeron que los tres reclusos murieron ahogados, aunque sus cuerpos nunca fueron hallados. La prisión de Alcatraz fue cerrada menos de un año después. De seguir con vida, Morris (al que Clint Eastwood hizo eterno en la película homónima) tendría hoy 90 años de edad.

Equipado con una cuchara y unas sábanas

El ruso Oleg Topalov también utilizó una cuchara para realizar un agujero lo suficientemente grande como para escapar a través de las paredes de su celda en 2013. Una vez conseguido, salió por un tragaluz y saltó al tejado del edificio adyacente. Desde allí, se ayudó de una cuerda y unas sábanas para descender hasta el suelo y quedar libre. En siete décadas, sólo tres presos habían conseguido escapar de la prisión moscovita de Mastrosskaya Tishina (en ruso, “el silencio del marinero”). Según los investigadores, la huida de la prisión a golpe de cuchara solo fue posible debido al deterioro del edificio. A los pocos días, Oleg fue detenido en el noroeste de Moscú y devuelto a esta cárcel de máxima seguridad.

A la ‘pata coja’ y con muletas

También muy astuto fue el delincuente Walter Leandro Castro, quien cumplía una condena en la cárcel de la provincia de Río Negro, en Argentina, en 2013. Tras meterse en una pelea con otro preso, Walter se fracturó una pierna y tuvo que ser escayolado. En una de las visitas a la enfermería, engaño a un auxiliar para que llevara una nota a la dirección y aprovechó que había dejado la puerta abierta para emprender la huida con la ayuda de unas muletas. Las autoridades sospechan de que el fugado contó con la complicidad de los vigilantes, que hicieron la vista gorda al ver a aquel recluso salir por la puerta dando saltitos.

Disfrazado de inspector de policía

También goza de fama mundial el estafador Frank Abagnale Jr., quien se escapó de una manera muy peculiar del Centro de Detención Federal en Atlanta (Georgia) en 1971. En esta ocasión, la casualidad hizo que unos papeles perdidos en su traslado de prisión permitieran a Abagnale, un embaucador nato, convencer a los guardias que era un inspector encubierto. En su biografía explicó cómo, durante un tiempo, fue tratado mucho mejor que los internos por esta condición.

Con ayuda de un amigo (en su libro se refiere a él como ‘Jean Sebring’) consiguió dos tarjetas de visita falsas (una de agente del FBI y otra de inspector en prisión), lo que les permitió a los dos salir de allí sin levantar sospechas. En 2002, el actor Leonardo DiCaprio dio vida a este fugitivo en la película ‘Atrápame si puedes’, mientras que hoy Abagnale es director de Abagnale and Associates, compañía financiera de consultas de fraudes.

Aprovechando una noche de tormenta

También a un libro autobiográfico llevó su hazaña Billy Hayes. El autor de ‘Midnight Express’ (que más tarde se convirtió en una película) fue detenido en el aeropuerto de Turquía por contrabando de hachís. En un primero momento fue condenado a cuatro años y dos meses, pero cuando quedaban unas semanas para cumplir este tiempo, descubrió que las autoridades le habían sentenciado a cadena perpetua.

Entonces decidió escaparse en una noche de tormenta y, con ayuda de un pequeño bote, llegó a remo a la costa turca. Allí se tiñó el pelo y logró llegar hasta Grecia, desde donde fue deportado a los Estados Unidos después de varias semanas de detención e interrogatorios para obtener datos sobre Turquía.

Las cosas de ‘El Chapo’ Guzmán

Tres arrestos, dos fugas de película y, por fin, una extradición a un penal de máxima seguridad en EEUU, donde desde principios de año espera juicio. Y es que la historia carcelaria de Joaquín ‘Chapo‘ Guzmán Loera, líder del cártel de Sinaloada, da para una serie. El 9 de junio de 1993 era capturado cerca de la frontera de Chiapas con Guatemala y trasladado a un penal de máxima seguridad en Jalisco, de donde se fugó el 18 de enero de 2001 escondido en un carrito de lavandería. Al menos 71 personas estuvieron involucradas en su huída.

No obstante, la madrugada del 22 de febrero de 2014, ‘El Chapo’ Guzmán fue recapturado por la Marina Nacional mexicana y trasladado al penal de máxima seguridad del Altiplano. Volvió a escapar el 11 de julio de 2015, cuando se fugó a través de un túnel de 1,5 kilómetros que comunicaba su celda con una casa a medio construir en las afueras de la cárcel. Para la confección del túnel se contó con la colaboración de dos motocicletas, para facilitar el traslado y las excavaciones. Una fuga tan mediática como preparada, que incluso obligó al Presidente Enrique Peña Nieto a asumir personalmente el error en la custodia del preso más importante del país.




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