martes, 25 de abril de 2017

Si lo tocas, te mueres: el libro mas peligroso del mundo

Ni El Guardián entre el Centeno, ni El Libro de la Cocina del Anarquista, ni Los Versos Satánicos. El libro más peligroso del mundo es Shadows from the Walls of Death y está en la segunda planta de la Biblioteca Buhr de la Universidad de Michigan.


El libro no contiene ideas radicales, ni instrucciones para el suicidio, ni siquiera una historia maldita a su alrededor. La premisa que hace de éste el libro más peligroso del mundo es que si lo tocas, mueres. Así de simple y de cruel.

El autor del Shadows from the Walls of Death es un químico en el que perfectamente se podría haber inspirado J.K. Rowling para crear el personaje de Snape: presidió el comité sobre Venenos, fuentes especiales de peligro para la vida y la salud.

Y es que el siglo XIX, el uso del arsénico estaba tan extendido como el aceite de colza en España durante los ochenta. Entradas de conciertos, panfletos, pósters e incluso juguetes de niños contenían arsénico. También medicamentos — por esta razón se cree que Jane Austen murió—.

Sin embargo, lo que más le preocupaba a Kedzie era el que impregnaba las paredes: los colores del papel con el que se cubría éstas estaban creados a partir de arsénico. Luego el pigmento podía desmenuzarse y flotar en el ambiente de la casa como polvo inhalable.

Entre 1878 y 1883 entre el 54 y el 65% del papel para empapelar paredes vendido en Estados Unidos contenía pigmento arsenical. Usado para lograr tonos verdosos, su empleo recuerda al que se hace de la cochinilla para extraer el colorante rojo. Con la salvedad, claro, de que este animal no es venenoso.

Harto de que sus palabras, ensayos y conferencias fueran para la sociedad como agua en espalda de pato, Kedzie impregnó con arsénico las páginas de cien copias de Shadows from the Walls of Death.

Fue entonces, cuando se dijo que Kedzie había envenenado a una señora que examinó el libro, cuando se tuvo en cuenta lo que había estado diciendo el químico estadounidense: el uso del arsénico tenía consecuencias perniciosas para la salud.

Inmediatamente las autoridades se pusieron manos a la obra e hicieron con los libros de Kedzie lo mismo que Montag en Farenheit 451. Ahora sólo quedan dos copias y quien tenga las agallas de leerlas, deberá hacerlo con guantes (si no quiere morir, claro).



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