jueves, 27 de abril de 2017

Superman, la televisión, los helados y otros geniales inventos creados por adolescentes

Más allá de Edison, Marconi y otros prohombres que han quedado en los anales de la ciencia y la tecnología, existen muchos inventores que también han dejado su granito de arena para el progreso de la humanidad. Y además, de todas las edades. De hecho, un buen número de inventos de uso cotidiano los han creado personas que probablemente tenían más granos en la cara que dinero en la cuenta corriente.

La cama elástica

No hay edad para montarse en esta atracción que tanta diversión asegura en ferias de todo tipo. Detrás de ella solo podía haber una persona joven, y no precisamente de espíritu: en los años 30 del siglo XX, George Nissen era un gimnasta adolescente que, junto a su entrenador, inventó una plataforma que permitiera a los atletas rebotar lo suficiente como para hacer una voltereta en el aire. El primer modelo se hizo con neumáticos y acero y ha llegado hasta nuestros días trascendiendo el ámbito deportivo.

El braille

El sistema de lectura para invidentes toma el nombre de su creador, Louis Braille, que tuvo un accidente que lo dejó ciego con apenas tres años. Durante la siguiente década, Braille leyó con un método bastante farragoso: seguir el trazo de letras caligrafiadas y en relieve con el dedo. Sin embargo, cuando tenía 12 años supo de un método que habían creado los militares franceses para comunicarse sin hacer ruido, mediante puntos en relieve, y decidió adaptarlo a un sistema que equivalía a letras o signos de puntuación. Con 16 años ya lo tenía lo suficientemente desarrollado. Con el tiempo entró a trabajar como profesor del Instituto de Jóvenes Ciegos de París, del que antes había sido alumno, para comenzar a difundirlo.

Polos de hielo

Ahora que llega el verano en el hemisferio norte no está de más preguntarse cómo surgió uno de los refrigerios favoritos de esta época. Se lo debemos a Frank Epperson, un joven de San Francisco de 11 años que en 1905 estaba mezclando polvos de soda con agua para hacerse un refresco en el porche de su casa. Sus padres lo llamaron y él se olvidó la mezcla en el lugar, con una cuchara en el interior del bol. Al día siguiente, cuando se encontró con ella, se había congelado y parecía una especie de piruleta. Durante años estuvo haciendo estos polos para amigos y sus hijos, hasta que en 1924 pidió una patente.

La primera televisión electrónica

Ver la televisión no sería posible sin el ingenio de Philo Farnsworth, un estadounidense que a sus 15 años de edad, pensó que el mundo sería más divertido si existiera la transmisión de imágenes a largas distancias, uniendo las características de la radio y el cine. Farnsworth cumple perfectamente con el estereotipo de inventor hecho así mismo, autodidacta y con unos orígenes humildes. Tuvo su primer contacto con la electricidad a la edad de 11 años, en la granja donde vivía y donde, de una manera casi intuitiva, inventaba cosas en sus ratos libres, fabricando motores y aparatos gracias a libros y revistas que recibía por correo.

La idea se le ocurrió arando un campo de patatas cuando tenía 15 años y, en 1926, él y su socio fundaron la Farnsworth Radio y Television Corporation; sólo un año después, Farnsworth se convirtió en el inventor de la primera televisión totalmente electrónica y el padre de la transmisión de imágenes por televisión. Sus patentes fueron compradas por David Sarnoff, magnate de la radio, por un millón de dólares en 1938 (en torno a 18 millones de euros actuales, teniendo en cuenta la inflación). Farnsworth también inventó también un pequeño dispositivo de fusión nuclear conocido como fusor, que se utiliza en fundición. Ahí es nada.

Superman

Jerry Siegel era un adolescente allá por los años 30 del siglo XX cuando, una calurosa noche de verano, no podía dormir. Insomne, se acordó de las historias de ciencia ficción que le gustaban mientras contemplaba la enorme luna que aquella noche brillaba. Se dio cuenta de cuánto le gustaría volar y, a partir de ahí, su mente comenzó a maquinar un personaje que pudiera, si no volar, por lo menos saltar lo suficiente como para llegar al satélite y, a la vez, ayudara a los más desfavorecidos, como muchos estadounidenses tras la Gran Depresión. Al día siguiente lo comentó con su amigo, el también adolescente artista Joe Shuster. En 1938, Superman era una realidad.

Aletas de natación

Si los inventos de unos tenían que ver con saltos estratosféricos, los de otros jovenzuelos tuvieron que ver con moverse mejor por el agua. A comienzos del siglo XVIII, un chaval de 11 años llamado Benjamin Franklin (efectivamente, el que años después inventaría el pararrayos) se dio cuenta de que podía nadar más rápido si se colocaba algo en las manos con lo que impulsarse. Para ello, Franklin se colocó unas tablas a las que hizo agujeros; el invento funcionó. Curiosamente, hizo lo mismo para los pies, pero abandonó la idea porque eran muy molestas. Sin embargo, han sido las aletas para pies las que más han trascendido.

Luces de Navidad

El que las calles y casas brillen cada mes de diciembre se lo debemos a un adolescente. Allá por 1917, el joven estadounidense Albert Sadacca, de 15 años, comprobó que la electricidad estaba lo suficientemente difundida y que la gente ya confiaba en ella como para diseñar unas luces eléctricas asequibles con las que decorar el árbol. Para producirlas, contaba con enchufe (y nunca mejor dicho): sus padres tenían una empresa de iluminación. La jugada salió bien y hoy estas pequeñas bombillas decoran calles de todo el mundo.

Las orejeras

Se ve que el ingenio de los adolescentes aumenta cuando el invierno golpea. Después de las luces navideñas nos encontramos con las orejeras, inventadas por un chaval de 15 años llamado Chester Greenwood allá por 1877. Al bueno de Greenwood le gustaba patinar, pero una alergia a la lana y el tamaño de sus orejas le impedía protegerlas bien del frío de su Maine (Estados Unidos) natal. Su ingenio se puso en marcha y le pidió a su abuela que le uniera unas almohadillas de franela o piel de castor a dos aros unidos por alambre. Unos años después, Greenwood tenía su propia fábrica de orejeras, que daba trabajo a muchas mujeres de la zona.

La motonieve

El canadiense Joseph Bombardier tenía 15 años cuando, en 1922, sorprendió a toda su familia dándole una vuelta al tradicional trineo para moverse por la nieve. Acopló el motor de un Ford T a cuatro patines y añadió una hélice. En el primer viaje, este prototipo de motonieve se desplazó más de 800 metros. Bombardier siguió perfeccionando su invento con el objetivo de desplazarse por las nevadas carreteras de Quebec. En el año 2000, el Gobierno canadiense lo homenajeó con un sello honorífico.

Water Talkie

Esta versión del instrumento de comunicación directa entre dos personas también fue una idea de niños. Creado en 1996, el propósito es el mismo que el del Walkie Talkie tradicional (creado por Motorola en 1934 para su uso militar) solo que debajo del agua. Era una especie de cono que permitía escuchar y recibir sonidos por encima de los 4 metros de profundidad. Se vendieron más de 100.000 unidades en Estados Unidos.

Detrás de ello estaba el pequeño de 10 años Richie Stachowski, al que la idea le surgió tras viajar con su familia a Hawái para bucear y darse cuenta de que no podía comunicarse con ellos debajo del mar. Por si esto fuera poco, en 1998 y con 12 años, presentó una máscara de buceo. Sin embargo, parece que ninguno de los dos inventos ha trascendido hasta nuestros días, así que Stachowski ha pasado al museo de los juguetes rotos, como tantos otros niños prodigio cuyas invenciones, aunque lo intentaron, también se quedaron en el camino.



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