lunes, 1 de mayo de 2017

Encefalitis autoinmune, la enfermedad que se parece a una "posesión demoníaca"

En el pasado, cuando una persona presentaba conductas y/o movimientos innexplicables, la respuesta automática era atribuir la situación a una posesión demoníaca. En la actualidad sabemos que existen enfermedades psiquiátricas y neurológicas que pueden desencadenar estos cuadros.


Una de ella es la encefalitis autoinmune. Tal como describe la fundación Anti NMDA Receptor Encefalitis, es una condición que “se produce cuando los anticuerpos producidos por el propio sistema inmunológico, atacan los receptores NMDA que se encuentran en su mayoría en el cerebro”.

Según explican “los receptores de NMDA son proteínas que participan en el control de los impulsos eléctricos en el sistema nervioso central. Sus funciones son esenciales para el juicio, la percepción de la realidad, la interacción humana, la formación y la recuperación de la memoria y el control de las actividades inconscientes (como la respiración, la deglución, etc.), también conocidas como las funciones autónomas”.

Este trastorno, que afecta más a mujeres que hombres -80% de los casos son del sexo femenino-, tiene síntomas muy variables. Puede comenzar como una gripe, para luego seguir con déficit de memoria, trastornos del sueño, disfunciones del habla (lenguaje poco coherente), hasta movimientos inusuales de extremidades, boca, y lengua; delirio, alucinaciones, comportamiento deshinibido y confuso, convulsiones, inmovilidad repentina (la persona puede pasar horas en la misma posición, sea acostado, sentado o de pie), pérdida del conocimiento, respiración irregular, arritmia, pérdida de control de esfínteres, alteraciones graves del humor o conducta, entre otros.

“Muchas personas se quejan de síntomas parecidos a la gripe en el tiempo que comienza su enfermedad. La posibilidad de que una infección provoque o contribuya al desarrollo de la encefalitis autoinmune se está considerando activamente en la investigación”, explica la fundación. Pero no hay una sola posible causa.

De acuerdo al doctor Domingo Escudero, neurólogo en el Grupo de Neuroinmunología del Hospital Clinic de Barcelona, “en las mujeres jóvenes, el 50% es debido a un teratoma (tumor benigno de ovario). El organismo fabrica anticuerpos para atacar a las células extrañas y esto conlleva un ataque al sistema nervioso. Lo que no se sabe es por qué sucede en un momento y no en otro”.

Por otro lado el neuropsiquiatra Tomás Vila al diario El País, “cuanto más pequeños son, menos probabilidades hay de que la encefalitis se deba a un tumor. Otras veces se presenta después de que el paciente haya pasado una encefalitis producida por el herpes simple. Y en muchos casos no se llega a saber la causa que desencadena esta respuesta autoinmune”.

El caso de Sofía
El relato de una madre cuya hija sufrió esta enfermedad, se publicó en el diario español El País. Allí, la mujer dijo que en algún momento pensó en que su hija era víctima de algún tipo de maldición.

Carolina Andila Lenis, reveló que la niña tenía 6 años cuando un día llegó del colegio diciendo que le dolía la cabeza y esa misma noche sufrió convulsiones.

“Parecía un ataque epiléptico, le temblaban los brazos y las piernas y no podía respirar. La llevamos de urgencia al hospital y allí le pusieron medicación. Estuvo sedada todo el día, cuando despertó no recordaba nada y las convulsiones habían cesado, sólo presentaba pequeños tics en los ojos, nariz y boca”, contó.

Sin ebargo, el miedo se apoderó de Carolina y su familia cuando al día siguiente, la pequeña empezó a tener comportamientos y movimientos extraños.

“Ponía los ojos en blanco, giraba la cabeza con el cuello totalmente rígido y retorcía el cuerpo: apoyaba la parte posterior de la cabeza en la cama al mismo tiempo que arqueaba la espalda y se elevaba. Además, tenía alucinaciones, apenas dormía, se mostraba muy agresiva y mostraba mucha fuerza, tanta que, para sujetarla, se necesitaban seis enfermeras. En algunos momentos, cesaban las crisis y actuaba con normalidad”, reveló.

Al presenciar esto, llegó a pensar que su hija estaba bajo el dominio de algún tipo de hechizo. “Yo soy de Latinoamérica y allí se practica la magia negra, por eso llegué a creer que le habían echado mal de ojo”, señaló la madre, agregando que con el tiempo la niña “dejó de hablar, de caminar, de comer, perdió el control de esfínteres…”.

Después de un mes de ver varios médicos, se encontraron con el neuropediatra Miguel Tomás Villa en el Hospital La Fe de Valencia, donde recibió su diagnóstico: encefalitis autoinmune.

Aunque es una enfermedad grave, les explicaron que con un tratamiento con inmunomoduladores (combinación de corticoides, inmunoglobulina, rituximab, plasmaféresis), la niña podría llegar a recuperarse, pues un 60% de los pacientes lo logra.

Y efectivamente Sofía lo consiguió. “No recuerda nada de la enfermedad. Hemos tenido que enseñarle de nuevo a caminar, vestirse, comer, escribir… Pero está recuperada”, señaló Carolina.

El neurólogo que se enfermó
Otro que debió lidiar con la enfermedad, fue el mismo neurólogo Domingo Escudero. “Perdí la noción de la realidad, a ratos estaba lúcido y a ratos no; tenía dificultad para hablar, perdida de memoria, agitación psicomotriz (leves movimientos involuntarios de las extremidades), aunque sin llegar a tener convulsiones; alucinaciones y desinhibición, llegué a acosar verbalmente al personal de enfermería”, recordó en conversación con El País.

Como la enfermedad comenzó a afectarlo en 2006 cuando aún nadie la había descrito -fue detallada por primera vez en 2009 por Josep Dalmau-, Domingo pasó un año en tratamiento psiquiátrico, cuando en realidad debió seguir uno neurológico.

“Me curé sin tratamiento específico porque en un 10% o 15% de los casos la enfermedad regresa por si sola, aunque puede haber recaídas”, indicó el médico, añadiendo que en cuanto leyó la investigación de Dalmau se dio cuenta que podía ser su caso. “Me vi reflejado. Al cabo de dos meses, diagnostiqué dos casos de encefalitis por anticuerpos NMDA en mi hospital. Y dos años más tarde sufrí otro brote de la enfermedad, pero entonces ya sabía cómo tratarla”.

Cabe destacar que niños y adultos no presentan los mismos síntomas. Los primeros pueden sufrir más síntomas psiquiátricos como psicosis o alucinaciones, y los segundos más problemas de movimiento o neurológicos. “Y cuanto más pequeño es el niño, más predominan los síntomas neurológicos sobre los psiquiátricos”, señaló Tomás Vila.



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