jueves, 4 de mayo de 2017

La ciencia dice que la película Buscando a Nemo, tenía razón...

Alejarse de su hogar, enfrentarse a tiburones, a minas explosivas, dejarse capturar por un pelícano y huir de decenas de gaviotas. Estas son entre otras, las dificultades a las que se enfrenta Marlin, el padre de la película Buscando a Nemo. Este pez payaso (Amphiprion ocellaris) pretende retratar las dificultades que un padre es capaz de afrontar cuando su hijo, Nemo, está en peligro. Y ahora la ciencia parece haber descubierto que no es solamente una fábula.

Un nuevo estudio, liderado por Ross DeAngelis, revela algunas de las señales hormonales que regulan la conducta paternal de este pez. De acuerdo con los resultados, publicados en Hormone and Behavior, los peces payaso dependen de una molécula casi idéntica a la oxitocina (la hormona del amor en los seres humanos y también asociada con la maternidad) para mantener su fidelidad paternal. De hecho cuando los investigadores bloquearon esta hormona, conocida como isotocina, en el pez macho, los papás dejaron de atender a sus crías. Aunque no es el primer estudio que demuestra la función de la isotocina, sí es el único que se ha centrado en los peces payaso.

Otro ejemplo del sorprendente comportamiento paternal del pez payaso es que si a un macho se le dan huevos de esta especie, aunque el ejemplar no tenga pareja y nunca haya tenido crías, él se ocupará de ellos, limpiando los huevos y moviéndolos hacia aguas ricas en oxígeno. De acuerdo con los autores del estudio, esto es único de los peces payaso, ya que cualquier otro pez se los comería.

Los investigadores también analizaron cómo otra hormona, la arginina vasotocina (importante en las conductas de dominación y cortejo), influye en el cuidado paternal. Cuando los investigadores bloquearon la vasotocina en machos de diferente especies, estos mostraron una agresión significativamente menor. Pero al hacerlo en peces payaso se produjo un resultado inesperado: los padres se volvían más atentos aún.

"Nos sorprendió por esto porque estos peces muestran un alto nivel de compromiso como padres – explica DeAngelis en un comunicado –. Nuestra hipótesis es que mediante el bloqueo de la vasotocina, se reduce la vigilancia y la defensa del nido, lo que permite realizar un mayor esfuerzo dirigido hacia el cuidado de su prole”.

Aún hay que ver si este tipo de conducta puede aplicarse también a los seres humanos. “Existen muchas investigaciones – concluye DeAngelis – que demuestran que estos comportamientos, como la agresión o el cuidado de las crías, están distribuidos de manera ubicua entre los vertebrados, y los mecanismos que promueven y mantienen esos comportamientos son similares en todas las especies. Los vertebrados evolucionaron a lo largo de más de 400 millones de años y durante 300 de ellos fueron peces. Los cuidados paternales tienen orígenes muy profundos y los mecanismos moleculares o la genética serán similares a través de las especies. Creo que podemos aprender mucho de nuestros antepasados de peces”.




Publicar un comentario