lunes, 5 de junio de 2017

50 años de "Cien años de soledad"

En estos días, el mundo literario celebra los 50 años de Cien años de soledad, obra nacida en circunstancias apremiantes, que vino a marcar un hito que todavía hace sentir su peso. El libro tuvo éxito desde su primer momento, desde aquel 5 de junio de 1967, fecha desde la que no tardó en vender los primeros ocho mil ejemplares, de la edición de Sudamericana. Hasta hoy se estima que se han vendido más de 30 millones de ejemplares traducidos a 35 idiomas. 

En el Río de la Plata, Cien años de soledad siempre se editó por Sudamericana, por el vínculo que tenía Gabo con esa editorial, y por las historias míticas de cómo fue la primera contratación de la novela. Efectivamente, en 1967, después de un rechazo inicial de otro editor, García Márquez envió el manuscrito a la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, donde su director, Francisco Porrúa, decidió publicarla de inmediato, dado que comprendió de inmediato que se trataba de una obra excepcional.

Y es verdad. La mayor obra de García Márquez tiene méritos suficientes que conservan su frescura. El primero de ellos es quizá el uso del español de un modo tan creativo, con una fecundidad en el manejo de la lengua que es escuela para literatos. El segundo, su capacidad para divertir, para mantener en vilo al lector, a través de un largo relato que sin embargo jamás se hace pesado. La vitalidad de su prosa va en paralelo del carácter expansivo de muchos de sus personajes, aspecto que hace de Cien años de soledad no solamente una magnífica novela, sino un libro con el que la gente se identifica, un libro de cabecera. Entre los detractores, que no han faltado, se ha marcado la escasa profundidad psicológica de los personajes.

Otro elemento que dio mayor magnitud al asunto fue y es la identificación del libro con su autor. La biografía de García Márquez, su imagen pública, sus declaraciones chispeantes, hicieron de él un personaje atrapante, tan seductor como su obra.

La maestría de García Márquez quedó demostrada en textos de las más diversas extensiones, desde el cuento a la novela. Entre sus numerosos cuentos exquisitos, alcanza con tener presente, por ejemplo, La Santa, de su libro Doce cuentos peregrinos, una exquisitez de emoción y síntesis. En relatos de algo más de extensión, Crónica de una muerte anunciada sigue siendo una lección de suspenso, de juego entre los distintos puntos de vida, de sabia administración de la trama. Pero quizá siempre Cien años de soledad sea su obra más próxima a los lectores, por ese empuje vital que la anima, por ser como una invitación a vivir intensamente, a no temer a la excentricidad.



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