martes, 27 de junio de 2017

¿Por qué el calor sofocante nos vuelve inútiles?

Cuando los termómetros rozan temperaturas extremas somos más proclives a no ser de utilidad ni entablar relaciones sociales. 

Un ambiente en el que el calor casi te impide respirar y en el que nuestro cuerpo no está cómodo aboca a situaciones en las que nos comportaremos de forma poco útil y con una inapetencia palpable para relacionarnos con ninguna persona: ya sean clientes o compañeros. Así lo cree un estudio liderado por la profesora Liuba Belkin (Lehigh University de Pensilvania) y publicado en la European Journal of Social Psychology, que ha investigado tres ámbitos diferentes para llegar a esta conclusión.

El primero de ellos se centró en una gran empresa rusa de distribución en la que se tomaron en cuenta los datos de producción de los trabajadores basándose en las condiciones de temperatura. Se llegó a la conclusión, que los empleados que desarrollaban sus funciones en un ambiente incómodamente caluroso, tenían un 50% menos de posibilidades de participar activamente en la parte social de la empresa: ayudar a clientes, escuchar activamente sus problemas o incluso plantear sugerencias a los jefes para mejorar la situación.

El segundo escenario resultó curioso. Se pidió a un grupo de personas que imaginaran o recordaran situaciones en la que se sintieran incómodas por el calor. Un experimento por el que se les aseguró, iban a ser pagados. Tras valorar sus sentimientos y percepciones se les pidió que contestaran otra encuesta, pero esta vez gratis. Según apunta Belkin, solo el 34% de las personas decidió seguir adelante: “Ni siquiera estaban sintiendo el calor real, y aún así, los participantes estaban más fatigados, lo que reducía considerablemente su intención de seguir manteniendo una conversación con nosotros”.

En la tercera parte del estudio, Belkin situó a parte de sus alumnos en una sala que tenía la calefacción puesta a una temperatura poco confortable, mientras que otro grupo se quedó en otra que tenía aire acondicionado. Se les pidió que contestaran a una encuesta para una ONG que ayudaba a niños y a gente sin recursos en el barrio. Solo el 64% de quienes estaban en la sala caliente decidieron quedarse a contestar algunas preguntas, mientras que en la otra, lo hizo un 95%. Por otro lado, el grupo que no estaba cómodo en la sala, solo llegó a contestar una media de 6 cuestiones, mientras que donde estaban más frescos llegaron hasta las 35.



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