viernes, 2 de junio de 2017

Raymond Robinson, el hombre sin rostro

Lo llaman "el Hombre Verde" o "Charlie sin rostro". En la zona de Pittsburg, Pensilvania, los padres cuentan a los niños historias sobre él para asustarlos. "Si te quedas por ahí hasta tarde, te podrías encontrar con el Hombre Verde te robará la cara para ponerla en el agujero donde una vez estuvo la suya.


Como en todas las leyendas, no hay una única versión sobre nuestro amigo Charlie, el hombre sin cara. Algunos dicen que fue un empleado público que se quemó cuando un poste eléctrico le cayó encima y convirtió su piel en verde. Otros, que fue alcanzado por un rayo, y pasó el resto de sus días en una casa abandonada de la que salía solo de noche para aterrorizar a los habitantes de la zona.

La diferencia entre esta y otras leyendas urbanas es que la de Charlie tiene mucho de verdad. El verdadero nombre de Charlie "el Hombre Verde" era Raymond Robinson, nacido en 1910 en el condado de Beaver, Pensilvania. Su vida era la de un niño normal hasta que el 18 de junio de 1919, cuando solo tenía 8 años, un accidente cambió su vida para siempre.

Un día cualquiera de verano el pequeño Raymond estaba de camino al lago con unos amigos cuando se detuvo para trepar una viga para tratar de coger los huevos de un nido que había arriba. Cuando estaba arriba resbaló y cayó con su cara y la parte superior de su cuerpo sobre un cableado eléctrico por el que pasaban 22.000 voltios de potencia.


A pesar de que todo apuntaba a que Raymond iba a fallecer, casi de forma milagrosa sobrevivió y se recuperó. Desgraciadamente, su rostro parecía "derretido por una antorcha". Había perdido la nariz, los ojos y un brazo. Sus labios y sus orejas estaban completamente desfigurados.

Después de innumerables cirugías lo mejor que pudieron hacer por el fue cubrir con piel los socavones donde otrora se encontraron su nariz y sus ojos. Raymond pasó su vida adulta viviendo con su familia, encerrado. Se ganaba la vida haciendo felpudos y objetos artesanales de cuero. De cuando en vez salía por el día y charlaba con sus vecinos a cambio de cerveza y cigarrillos, pero generalmente Raymond solo salía de noche, cuando no tenía que preocuparse de que lo juzgaran como un monstruo.

Incluso en sus largos paseos nocturnos Raymond, que de desplazaba con la ayuda de un bastón y arrastrando sus pies por el suelo, trataba de no ser visto, y corría a esconderse en cuanto escuchaba el sonido de los coches.

Ello no hizo más que alimentar su leyenda de "fantasma": muchos conductores afirmaban haber visto un "fantasma" deambulando por la carretera. Un figura tan monstruosa que no podía ser humana. Pero no, ese "fantasma" era Raymond. Y era muy real.


La familia Robinson odiaba sus paseos nocturnos. Odiaban que se pasease por allí toda la noche, que se refirieran a él con esos ofensivos motes y, sobre todo, que le diesen alcohol a cambio de conversación (puesto que ellos eran abstemios).

En ocasiones Raymond acababa borracho y se perdía al tratar de volver a casa. Dicen que en una ocasión incluso lo encontraron tirado en una cuneta, o en el sembrado de alguna granja próxima.

Algunos dicen que el apodo del hombre verde viene porque realmente su piel se tornó de este color tras el accidente, otras versiones aseguran que era el color del que vestía siempre y simplemente el tono de su ropa reflejaba en su piel creando ese efecto.

La gente se acercaba a la casa a cualquier hora de la noche gritando "¡Queremos ver a Charlie!", como si la vida de aquel pobre hombre fuese un espectáculo de feria sin horarios fijos. Algunos vinieron desde Chicago solo para ver su deforme rostro, muchos con la intención de contratarlo para alguno de aquellos terribles freakshows.

Con los años, los habitantes del pueblo comenzaron a difundir cuentos sobre él, hasta convertir su historia en una leyenda urbana.

Robinson dejó sus eternos paseos solo un año antes de fallecer. Murió en un hospital geriátrico de su zona el 11 de junio de 1985, pero la leyenda de Charlie sin rostro, el hombre verde sigue ahora igual de viva que entonces.




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