domingo, 23 de julio de 2017

Cómo se entrena un perro bomba

Es difícil concebir una mejor herramienta que el hocico de un perro para olfatear el peligro en lugares públicos. Conocé cómo es el entrenamiento de un futuro ‘perro bomba’ para aprender el vocabulario de los olores sospechosos.

Cuando conozco a Merry, una joven hembra de labrador, se está limpiando las fosas nasales con nueve o diez resoplidos agudos antes de olfatear ruidosamente una hilera de equipajes en un gran hangar fuera de Hartford, Connecticut. Es la Bomb Dog U, lugar donde la MSA Security entrena a los perros que se conocen entre el gremio de seguridad como Caninos de Detección de Explosivos o EDC, según sus siglas en inglés. La mayoría de las personas los llaman perros bomba.

En el campus de la ‘Bomb Dog U’ de MSA, las piezas de equipaje incluyen palés envueltos en plástico y bloques de cemento. No es necesario enseñar a los perros cómo olfatear, pero sí dónde, por ejemplo, a lo largo de las costuras de una maleta o debajo de una tarima, en donde se asientan los vapores más pesados que el aire.

En el oculto mundo de la educación de los perros bomba, la MSA es una academia de élite. Empezó en 1987 con un puñado de perros, y en la actualidad cuenta con 160 equipos, que se despliegan principalmente a las grandes ciudades del país y cada perro trabaja con un adiestrador específico, en general, durante ocho o nueve años. La MSA también proporciona perros para lo que describe escuetamente como “una agencia gubernamental denominada con tres iniciales, que los usa en las zonas de conflicto en Oriente Próximo”.

¿Cómo hacen los perros para descubrir una bomba?
En sentido estricto, el perro no huele la bomba. Disgrega los olores de sus componentes y selecciona las sustancias químicas que han sido entrenados a detectar. Zane Roberts, el principal entrenador canino y actual subdirector de programas de la MSA, hace una analogía gastronómica: “Cuando entrás en una cocina y alguien está preparando salsa para espaguetis, tu olfato dice: Ajá, salsa para espaguetis. El olfato de un perro no dice eso. De manera instintiva, dice: tomates, ajo, romero, cebolla, orégano”. El entrenador es quien dice salsa de espaguetis, o en este caso, bomba.

Los perros de la MSA empiezan a construir su vocabulario de olores sospechosos trabajando con hileras de más de 100 latas idénticas colocadas en cuadrado. Los ingredientes de las familias de las sustancias químicas básicas que se utilizan en los explosivos se colocan en latas aleatorias.


A todos los perros bomba se les enseña que sentarse es la forma de responder cuando encuentran lo que están buscando. Nadie quiere que un perro golpee y rasque con la pata un objeto que podría explotar.

Los perros de la MSA llegan a la sede principal cuando tienen entre año y año y medio. Casi todos han ido primero a una guardería canina poco común llamada Puppies Behind Bars (Cachorros entre rejas) un programa sin ánimo de lucro, que entrena perros para invidentes, pero la idea era que los reclusos también aprendieran. Un interno escribió en un diario de entrenamiento, sobre su cachorro labrador: “me ha demostrado lo que importa de verdad: el amor, la honestidad, el dar y la perseverancia”. Con el 11-S, los Puppies Behind Bars entraron en la guerra del terror. Desde entonces, 528 perros, la mayoría de detección de explosivos, se han graduado en el programa en las prisiones.

Sería muy difícil concebir una máquina para detectar olores mejor que un perro. Su nariz se extiende desde las fosas nasales a la parte posterior de la garganta, lo que le da un área olfativa 40 veces mayor que la de un ser humano.

El 35 % del cerebro de un perro está relacionado con el olfato, mientras que solo el 5 % de los recursos celulares de un cerebro humano se encarga de esta tarea.

Cuando entra el aire en el hocico de un perro, se divide en dos vías separadas: una para respirar y otra para oler. Así, cuando un perro exhala, el aire sale por una serie de aberturas a los lados de la nariz y no perturba su capacidad de analizar los olores que entran. Aún más importante, esto permite a los perros oler de manera continua durante varios ciclos de respiración. Un estudio noruego descubrió a un perro de caza que podía oler en un flujo de aire ininterrumpido, durante 40 segundos.


Hoy los perros bomba están en bancos, aeropuertos, trenes, oficinas de correos, estadios deportivos. Hace varios años, un banco empezó a usar dos perros para revisar cada uno de los paquetes que entraba y salía del edificio. “A la gente le encanta tener perros a su alrededor”, comenta un guardia de seguridad del banco. “Pero se pone nerviosa ante un policía con chaleco antibalas y un arma. Es una obviedad.”

El lugar donde los perros bomba de verdad han demostrado su temple es en el campo de batalla. Joe Atherall, antes de ser vicepresidente de operaciones en MSA comandaba a un batallón de marines en Irak. La unidad tenía tres equipos de perros. “Un día fuimos a una escuela, pero no encontramos mucho. Había desagües alrededor de la escuela, y los perros empezaron a golpearlos. Cuando los abrimos, encontramos un amplio depósito de pequeñas armas de fuego, mortero y cordón de detonación junto a material explosivo. “Salvaron vidas”, comenta Atherall.

Es difícil imaginar a un guerrero más valiente que un perro. Los perros trabajan por amor, por ser elogiados, por la comida, pero, sobre todo, porque les gusta hacerlo. Mike Wynn, director de entrenamiento canino de MSA comenta: “Los mejores perros bomba son los que de verdad disfrutan”.
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