lunes, 10 de julio de 2017

Lo que sientes cuando te sientes fracasado

Una niña de 9 años que bebe ginebra y fuma cigarrillos, un ciudadano de Marte que esconde su homosexualidad, una mujer cree que al convertirse en bruja recuperará a su bebé muerto, un superhéroe viejísimo y mucho más

En la vida hay tres cosas especialmente dolorosas.
  • La primera es que la persona que amas te rechace.
  • La segunda es perder un hijo.
  • La tercera es ser invisible. O lo que es lo mismo: que nadie valore tus esfuerzos. O lo que es lo mismo: que a nadie note tu ausencia en el caso de que ya no estés.
Esas tres cosas hacen que la vida duela. Y cuando la vida duele, lo cierto es que pasa muy despacio. Lentamente. Angustiosamente. Pegajosamente.

La vidas de los seis superhéroes que el guionista canadiense Jeff Lemire ha retratado en los capítulos que conforman Black Hammer. Orígenes secretos (Astiberri) tienen bastante de esas tres cosas. Si bien es cierto que cada uno de ellos guarda sus propios secretos y demonios, el hilo que une sus desesperaciones tiene mucho que ver con el desamor, la pérdida y el olvido.

A modo de resumen: Black Hammer. Orígenes secretos es la historia de los que un día fueron héroes en Spiral City —esa ciudad que bien podría ser un Nueva York o un Tokio, atestado de monstruos cuyos nombres son perversiones de personajes de literatura de género— pero que ahora nadie recuerda.

Esos seis extraños héroes salvaron Spiral City, pero a cambio, y sin motivo aparente, quedaron desterrados a una granja misteriosa y perdida de un pueblucho misterioso y perdido en el que tuvieron que rehacer sus vidas al margen de la fama, la heroicidad y el poder.

¿Pero cómo van a pasar desapercibidos seis superhéroes?

¿Cómo van a ocultar un robot, un espía de marte o una mujer libélula durante diez largos años sus verdaderas identidades?

En este primer tomo de Black Hammer el lector no lo adivinará nunca. Entre otras cosas porque la historia comienza justo cuando se cumple el décimo aniversario del destierro de los personajes.

Para entonces, están desesperados, algunos parecen haberse vuelto locos, otros no pueden seguir reprimiendo su poder, y otros que no son humanos parecen incluso estar renegando de sus orígenes y entendiendo una parte de ellos mismos que no conocían.

Aunque todos carismáticos, incluso dentro de su oscuridad, puede que los personajes más memorables de Jeff Lemire sean los de Madamme Libélula —que a causa de la muerte prematura de su bebé fue condenada a ser bruja eternamente—, Golden Gail —que a pesar de ser casi anciana vive atrapada en un cuerpo de niña que bebe ginebra y fuma cigarrillos— y Barbalien —el marciano que llegó a la tierra para espiarnos pero que ahora se ha convertido en el más humano de todos—.

Ellos, junto a Talky Walky y el enloquecido Coronel, están capitaneados por Abraham Slam, el boxeador que un día encarnó al superhéroe clásico y que ahora se muestra como un simple granjero que cada día lucha para mantener todo signo de magia oculto ante el resto del pueblo.

Quizá porque siempre fue el más humano de todos, su facilidad para resistir en el anonimato sea mayor.

Pero lo que no sabe Slam ni ninguno de los otros viejos héroes es que su existencia está a punto de cambiar, porque alguien que llevaba mucho tiempo buscándoles —la única persona que reconoce su labor y su importancia— está a punto de encontrarles viajando desde muy lejos.
Entonces, ¿significa eso que a pesar de haber sido rechazados, de haber perdido un hijo, de haber sido olvidados… los seis volverán a ser libres?

El primer tomo de Black Hammer tampoco responde a esta pregunta, pero sus últimas páginas nos dejan con esa intriga y esa esperanza.

La única certeza que Lemire nos deja aquí es que hasta en el más delirante de los mundos —allí donde existen aliens, monstruos o simples espíritus— el dolor se impone.

Y lo irónico es que, a pesar de todo, es el impulso de estar vivos lo que nos empuja a abrazarlo.




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