domingo, 6 de agosto de 2017

Los beneficios de ser desordenados

"Es muy desordenado". La gente lo dice así, con un tono que va del repudio a la resignación. Como crítica después de que alguien pregunte, por ejemplo, sobre algún defecto de la pareja. Sí, ser desordenado siempre fue sinónimo de algo malo, criticable y repudiable. Hasta hoy.

Hace pocas semanas, un libro volvió a posar la mirada sobre el tema. Después del culto al orden que transformó a la japonesa Marie Kondo en la gurú internacional de la organización con su archivendido libro La magia del orden, llegan los detractores. El más reciente —camino a transformarse, también, en bestseller— es El poder del desorden, de Tim Harford, un economista inglés que suele ser orador en las charlas TED. Harto de la mala prensa que persigue a los desordenados, Harford investigó sobre el caos que muchas veces termina siendo fundamental para que las cosas sucedan.

Así fue como Harford se erigió en uno de sus adeptos y defensores del caos: "El desorden activa la creatividad, fomenta la resiliencia y, en general, saca lo mejor de nosotros. Los éxitos que admiramos se basan a menudo en fundamentos caóticos, incluso cuando no son evidentes a simple vista. Defenderé el desorden no porque piense que es la respuesta a todas las preguntas de la vida, sino porque creo que tiene muy pocos defensores. Y porque hay algo de magia en el desorden", dice en el libro.

Reconozcámoslo: el desorden tiene mala prensa y hasta es causante de rupturas de amistad y de pareja. "Se asocia con desidia, la pereza, la fealdad, la dejadez, y el descontrol —dice Federico González, director de la Maestría en Psicología Organizacional de la Universidad Abierta Interamericana (UAI)—. Le tememos al desorden como le tememos a la pobreza, a la degradación y a la vejez y porque es una medida del descontrol. Creemos (y con razón) que si no hacemos lo hay que hacer (es decir: si no ponemos orden a las cosas) se vendrán abajo hasta derrumbarse y la vida se nos irá tornando sórdida y la atmósfera irrespirable —dice el especialista—. Sin embargo, también existe una mirada romántica del desorden donde éste es elevado a la categoría de flexibilidad, creatividad y desafío. El desorden entonces es sinónimo de juego o puzzle de ideas, donde el disfrute parece proporcional al caos que se pretende ordenar. En similar sentido el desorden se asocia a la transgresión, al desacartonamiento, libertad, antiestereotipo, etcétera y, concomitantemente, se amolda a los arquetipos del bohemio, el artista libertario, el anarquista y el científico loco".

Esta última concepción romántica del desorden es, precisamente, la que toma Harford en su último libro. Allí el economista sostiene que a menudo caemos en la tentación de actuar de forma ordenada cuando nos iría mejor aceptar cierto grado de desorden. "Al parecer, la necesidad innata de crear un mundo ordenado, sistematizado, cuantificado, claramente diferenciado en categorías, planificado y predecible, es útil. De otra forma, no sería un instinto tan arraigado. Pero con frecuencia nos seducen tanto las ventajas del orden que no apreciamos las virtudes del desorden".

Desde la filosofía, Darío Sztajnszrajber plantea que hay distintas teorías que hablan del desorden como lo originario. "En los textos primeros de Occidente ya está anunciado. La Biblia dice que el mundo viene desordenado y que Dios le da a Adan el poder para ordenarlo con el lenguaje. Y Anaximandro, en el mundo griego, decía que el principio de todas la cosas es lo indeterminado —dice el filósofo—. En el principio está el desorden: el orden es siempre algo posterior que viene a meter mano en lo dado. El orden aparece en una segunda instancia frente al vértigo que causa lo desordenado. Y causa vértigo porque si hay desorden, no hay control. El orden nos da el control, nos hace poderosos", dice el filósofo y profesor universitario.

Por eso, para Sztajnszrajber transgredir el orden artificial e impuesto es recuperar lo auténtico, algo propio. "Un desordenado pelea primero contra un mandato social y luego por la emancipación de las reglas que no son propias. Lo más interesante es que se ubica en un plano nunca definitivo porque el desorden es un movimiento permanente frente al orden que siempre es fijo. Eso hace a una persona creativa"





Publicar un comentario