domingo, 17 de junio de 2018

Humor "spoileado"







Siempre magníficas e impresionantes: Fotos de la historia

Un piloto kamikaze antes de comenzar su última misión, 1944-1945

Ganadores de un concurso de belleza en 1922

La sede del Partido fascista italiano de Mussolini, 1934

Foto policial de Tim Allen después de ser arrestado en 1978 por posesión de más de 1.43 lb de cocaína

El registro criminal del FBI de Al Capone, que muestra que la mayoría de sus cargos criminales fueron desestimados. 1932

Imagen policial del soldado Elvis  Presley de finales de la década de 1950.

Rostros de personajes históricos científicamente recreados

Enrique IV de Francia

Enrique IV fue rey de Francia desde 1589 hasta 1610, cuando fue asesinado por un fanático católico. También fue conocido como el Buen Rey Henry por su gran preocupación por el bienestar de sus súbditos. Philippe Froesch creó una reconstrucción facial forense CGI 3D de Henry, utilizando su cráneo como base.

Ava

Ava era una mujer de la Edad del Bronce que murió hace 3.700 años. Fue encontrada en una tumba inusual para su tiempo. En lugar de ser enterrado en el suelo, como otros, el lugar de descanso final de Ava estaba tallado en roca sólida, lo que sugería que era especial. La arqueóloga escocesa Maya Hoole y el artista forense Hew Morrison se unieron para recrear la cara de Ava usando software sofisticado y diagramas de profundidad de tejido.

Dublines de 500 años
En 2014, los arqueólogos recuperaron los restos de un hombre que murió hace unos 500 años. Era uno de los 4 conjuntos de esqueletos encontrados, todos los cuales mostraban signos de desnutrición infantil y trabajo manual pesado, lo que sugiere que todos eran pobres. Como uno de los cráneos estaba bien conservado, lo usaron para reconstruir cómo se veía ese hombre hace 500 años.

Meritamun

La momia de 2.000 años conocida como 'Meritamun' volvió a la vida con la última tecnología. Científicos de la Universidad de Melbourne usaron su cráneo para determinar que Meritamun tenía entre 18 y 25 años, medía alrededor de 5 pies y 4 pulgadas de alto y estaba anémica. Desafortunadamente, no pudieron encontrar la causa de la muerte ya que el resto de su cuerpo nunca se recuperó. Para reconstruir la cara de Meritamun, los investigadores utilizaron la investigación médica, la ciencia forense, la tomografía computarizada (CT), la impresión 3D, la egiptología y el arte.

Johann Sebastian Bach

Johann Sebastian Bach (1685 - 1750) fue un compositor y músico del período barroco, considerado uno de los compositores más importantes de todos los tiempos. La antropóloga escocesa Caroline Wilkinson tomó medidas de los huesos faciales de Bach para recrear una imagen tridimensional de lo que debe haber sido la cara del compositor.Nicolás Copérnico

Copérnico fue uno de los matemáticos y astrónomos más brillantes de la era del Renacimiento, que formuló un modelo del universo que colocaba al Sol en lugar de la Tierra en el centro del universo. Murió a la edad de 70 años. Un equipo forense polaco reconstruyó esta cara de sus restos.

El pirmer libro de "cocina para gays" publicado hace 50 años

'The Gay Cookbook' es racista y plagado de estereotipos hirientes, pero tuvo un impacto positivo en la comunidad homosexual.

El 1 de diciembre de 1965 se anunció en The New York Times el primer recetario de cocina para homosexuales. Se titulaba The Gay Cookbook (Sherbourne Press), lo firmaba el chef Lou Rand Hogan y fue un éxito de ventas apabullante. Hoy suena extraño que algo pueda etiquetarse como cocina homosexual y, sin embargo, The Gay Cookbook tuvo un impacto positivo en la comunidad de hombres homosexuales estadounidenses, a pesar de que tener las dosis de racismo típicas de la época y una carretada de estereotipos.

El chascarrillo continuo sobre el sexo, las metáforas de los atributos sexuales y los estereotipos sobre la identidad homosexual pueden considerarse hoy pesadas y pasadas de moda. Pongamos dos ejemplo: en la receta de zanahoria rallada avisa con aspavientos que se puede dañar la manicura. Tal vez hoy no provoque las mismas sonrisas de complicidad que hace 60 años. Ni tampoco que te diga "No mariconees en el mercado. Sonríe al h.d.p. del carnicero mientras le preguntas 'gaymente': '¿Cómo tienes hoy la carne, carnicero?'".

Pero entonces el contexto era otro y la reivindicación de los derechos y la identidad LGTB tan sólo daba sus primeros pasos. Tal y como explica Vider: “Para Hogan, como para otros hombres homosexuales de su generación, el camp era una manera de negociar construcciones culturales de género y sexualidad y, al mismo tiempo, crear comunidad”.

Cuando The Gay Cookbook se publicó todavía no había tenido lugar el primer paso de la revolución sexual LGTB que acontecería a partir de los disturbios de Stonewall en el Nueva York de 1969. Y por aquel entonces, por ley se consideraba obscena y por ello se censuraba cualquier publicación de temática homosexual, a la par que muy pocos bares y restaurantes acogían a personas que se hubieran declarado abiertamente homosexuales. Incluso las organizaciones homófilas en defensa de los derechos LGTB, como la Mattachine Society de San Francisco y la ONE, Inc., de Los Angeles, afirmaban en los 50s que para la integración de los homosexuales era necesario comportarse de forma heteronormativa.


Por eso The Gay Cookbook suponía un soplo de aire fresco con todo su despliegue de plumas. Tenía en la exageración, en las alusiones a las formas del sexo gay y en este salirse de la norma todos los ingredientes del camp (un tipo de sensibilidad estética del arte popular que basa su atractivo en el humor, la ironía y la exageración) que la crítica de arte Susan Sontag había conceptualizado en 1964 y con el que había despertado el interés estadounidense hacia la cultura homosexual: tomarse menos en serio a uno mismo, jugar con los géneros y llamar a sus lectores varones con nombre de mujer, aludiendo y potenciando aspectos considerados socialmente como femeninos con los que se identificaban los hombres homosexuales.

En resumen, publicaciones como Life, Time, The Washington Post y The New York Times, “debatían la homosexualidad de forma regular, como un tema serio de la ficción y el teatro y como un problema social que debía resolverse”, cuenta Stephen Vider en su artículo "Camp Humor and Gay Domesticity".

Los trabajadores rusos en el mundial de fútbol tienen la "obligación de sonreir"

Rusia invirtió muchos recursos para tener todo listo para la inauguración del Mundial. El día del comienzo del evento,  se celebró la ceremonia de apertura y la selección nacional le ganó a Arabia con un gran despliegue, aunque no todo "el trabajo" del país es tangible.

El gobierno también ha impartido clases para enseñar a los empleados de empresas como la FIFA, el Metro de Moscú o los Ferrocarriles a ser más amables y serviciales con los turistas.

Tal y como ha revelado la BBC, los empleados de estas compañías han recibido una formación por parte de psicólogos que les han enseñado a suavizar la imagen que dan, para no parecer antipáticos al 1,5 millones de turistas que Rusia espera recibir durante el evento deportivo.


Según esta información, las clases les enseñaron cómo sonreir y cambiar su 
actitud.  Es un tópico ampliamente extendido que aparece incluso en las guías para turistas: los rusos no sonríen. Los rusos son fríos y secos. A los rusos nada les hace mucha gracia y mucho menos tú, con tu cara de turista en la Plaza Roja posando con un gorro de pelo de nutria.

Estos "cursos para sonreir", son una estrategia para falsear la expresión en la nación de la eterna Resting Bitch Face -RBF-.

Ni en Rusia ni en ningún otro país de Europa del Este está bien visto que la gente sonría a los desconocidos. La causa es evidentemente sociocultural y es por eso mismo por lo que a los occidentales les incomoda tanto estar en un lugar en el que la cara de las personas de verdad exprese lo que sienten por dentro.

Lo máximo que se permiten los rusos es una media sonrisa, levantar ligeramente la comisura de los labios. Nada de enseñar los dientes. De hecho, ese tipo de sonrisa abierta en Rusia se conoce como “sonrisa americana” y se considera tan vulgar y vacía que su otro nombre es “sonrisa de caballo”.

Este cambio implica el desapego de los trabajadores a la cultura de su país. Sonreír en las calles rusas no es señal de cortesía ni de buena educación, sino todo lo contrario. La gente piensa que están riendo de ella o están siendo hostiles.

¿Quién es el gobierno para quitarles el derecho a no sonreír nunca?
La cadena británica ha ido un paso más allá y asegura que sonreír por la calle puede ser motivo de sospecha y llamar la atención de los cuerpos de seguridad del estado. De hecho, la directora de cine Yulia Melamed dice en el reportaje que ella misma fue parada por la policía en la calle sin ninguna explicación.

Al preguntar por el motivo, el agente le admitió que había sido por sonreir. En el Mundial debieron cambiar su política de detenciones.



El curioso "museo de robots"

Si hay algo que caracteriza al siglo XXI, y especialmente a esta última década, es la vigente revolución tecnológica, que está cambiando la forma de vivir de las personas (para mejor o para peor, cada cual tendrá su opinión). Así pues, empieza a ser frecuente escuchar aquello de “el mundo ha cambiado más en estos últimos diez años que en toda su historia”. Conceptos como smartphones, redes sociales, coches eléctricos, industria 4.0, Internet de las Cosas o Big Data, entre muchos otros, puede que estuvieran en mente de aquellos gurús y empresas que en este tiempo han sido capaz de generar todo un escenario tecnológico, pero, probablemente, no en el ciudadano de a pie.

Daniel Bayón, CEO de Juguetrónica e impulsor de The Robot Museum, junto a algunas piezas del museo.
Sin embargo, parece que los robots siempre estuvieron ahí. De hecho, cuentan que el primer autómata fue construido el siglo IV antes de Cristo por el matemático griego Arquitas de Tarento, que creó un ave mecánico a vapor y que bautizó como ‘La paloma’. Y ya más cerca, si nos remontamos a los años 30 hallaremos a Elektro, catalogado oficialmente como el primer robot de la historia, sin olvidar los gloriosos 60, cuando el inventor estadounidense George Devol sentó las bases del primer robot industrial y fundó Unimation, la primera empresa de robótica de la historia.


Cuando uno entra en el madrileño The Robot Museum la sensación es la de ese huésped que se siente como en casa. Y es que los anfitriones de esta visita, los robots, hacen del museo un lugar acogedor y con una historia que contar tras cada cristalera que los cobija. Daniel Bayón, CEO de Juguetrónica e impulsor de The Robot Museum, reconoce disfrutar de cada visita como el primer día. “En cinco años hemos pasado de enfocar el museo a particulares que tenían curiosidad por la robótica a convertirnos en un punto de referencia de la investigación y la innovación”.


Así lo demuestra la amplia colección de robots del museo, en constante renovación gracias a la colaboración de Alejandro Alonso, experto en robótica, pero también su carácter divulgador. “Cada vez son más los centros escolares que visitan The Robot Museum. Esto es algo muy importante, puesto que estamos formando parte de la educación de los jóvenes”, asegura Bayón. En este sentido, el objetivo del museo fue precisamente “ser más que un simple museo” donde admirar las piezas. “Cada robot tiene su historia, su significado y ha representado un momento concreto en el sector”. De ahí que en el museo convivan desde robots de entretenimiento de los años 50 a algunas de las últimas creaciones dotadas de grandes avances en Inteligencia Artificial.

Pasado, presente y futuro de la robótica
“No existían pantallas táctiles y ya había robots”. Más allá del auge de la robótica en facetas como el cine, con películas como Blade Runner 2049 o populares series de televisión como Black Mirror, la robótica, ya sea de entretenimiento o industrial, se ha instalado como uno de los principales retos del futuro de la humanidad ¿Nos quitarán los robots el trabajo o simplemente harán las tareas más duras? ¿Hasta dónde será capaz de llegar un robot? ¿Tendrán la suficiente inteligencia para ser prácticamente humanos? Ante este debate social, Bayón considera aún lejana la posibilidad de que los autómatas puedan realizar ciertos trabajos. “Que los robots puedan manipular objetos con normalidad puede parecer algo sencillo pero es de lo más complicado y en lo que la industria está trabajando, al igual que dotarles de la capacidad de reacción para salirse de lo estrictamente programado”.


Innovando desde dentro

En 2014, Antonio Banderas protagonizaba la que probablemente ha sido una de las películas españolas más relevantes en cuando al mundo de los robots. Autómata estuvo nominada a cuatro premios en aquellos Goya, pero pese no ganar ninguno de ellos sí hubo alguien que se llevó su galardón particular. “Las personas que participaron en el desarrollo de los robots de la película formaban parte de nuestro equipo”, afirma Bayón con orgullo. Una muestra de que “pese a que en España no estamos a la cabeza en robótica, tampoco estamos tan mal como algunos dicen”.

Esta convicción es lo que ha hecho del museo uno de los espacios de referencia en Europa. “Hay un trabajo que se ve, el de los robots que mostramos, y otro que no se ve: la investigación y el trabajo que se hace a diario. Desarrollamos software propio, hacemos pruebas con humanoides, diferentes experimentos… En definitiva, hay todo un trabajo detrás de la belleza del museo”, apunta Bayón, que entre robot y robot nos desvela los planes de futuro del museo. “Seguiremos en la misma línea, pero mejorando en aspectos como las demostraciones al público. Queremos que los visitantes puedan ver cómo se mueven los robots en el mismo momento siempre que lo deseen y también estamos trabajando en incorporar de la suficiente Inteligencia Artificial a un robot que sea capaz de enseñar robótica. Algo así como un robot profesor”.




El rock clandestino de la URSS que se grababa en radiografías

Durante los años de la Guerra fría, en la Unión soviética existían pocas cosas que hacer para entretenerse que no implicasen en mayor o menor medida el beber anticongelante de motores o fumar cartulinas disfrazadas de tabaco.

La culpa la tenía un Estado que en aquella época decidió protegerse de la perniciosa cultura occidental vistiendo el Telón de Acero a modo de chaleco antibalas, prohibiendo la cultura foránea y contemplando por la mirilla a todas las artes extranjeras que abandonaba en el rellano.

En el terreno musical, las prohibiciones fueron tajantes y las caderas que se meneaban en poniente se consideraron inadmisibles, mientras el rock, el jazz o cualquier otro ritmo marchoso era vetado por completo en las fronteras de la URSS.

Una censura musical que se extendería durante décadas hasta provocar situaciones delirantes: en 1985, la lista de las bandas oficialmente prohibidas en el territorio soviético metía en el mismo saco a Slayer, Black Sabbath, Iron Maiden, Donna Summer, Julio Iglesias (etiquetado como neofascista) y los Village people.

A estos últimos se les acusaba de ser asilvestrados, violentos y promover el militarismo, una observación muy lúcida por parte de censores incapaces de entender que la letra de In the Navy no aludía a norteamericanos patriotas envolviéndose en banderas, sino a señores aficionados a dejarse envolver por otros varones.

La etapa más dura de tanta condena a las artes ocurrió mucho antes, durante los cincuenta y sesenta, cuando la censura obligó a los oídos soviéticos a conformarse con juglares nacionales que recibían el visto bueno del Estado y un jazz soviético de teatral puesta en escena que estaba más cerca de los Cantajuegos que de las refriegas musicales de Art Blakey y Thelonious Monk.

Tanta censura propició que la música extranjera se convirtiese en motor de todo un mercado underground regentado por marineros, actores y otras gentes viajadas que traficaban con vinilos de compases exóticos para alimentar los tocadiscos de la Unión soviética.

El problema es que lo arriesgado de aquel comercio furtivo provocó que el valor de los discos clandestinos alcanzase precios prohibitivos para el trabajador medio que gustaba de comer caliente y conservar todos los órganos internos en su sitio. Hasta que alguien encontró la solución perfecta: tallar la música en los huesos de la gente.


Bill Haley -‘Rock around the clock’.
La culpa fue de Ruslan Bugaslovski y Boris Taigin, un par de fanáticos de la música naturales de Leningrado que idearon un método con el que duplicar melodías de manera barata, algo inusual en una época donde las siglas MP3 y P2P sonaban a robótica avanzada.

Aquella pareja se dedicó a pescar radiografías descartadas de pacientes entre los contenedores de los hospitales para horadar, aprovechando lo maleable del material y mediante un aparato de fabricación propia, surcos sobre ellas como si se tratase de vinilos.

Aquellas placas de rayos X mutaban en elepés gracias a las manualidades caseras, la circunferencia de cada disco se recortaba a mano y para perforar el orificio central bastaba con quemar el negativo con un cigarrillo encendido.

El resultado era un producto de vida efímera y calidad exigua, pues solo era posible grabar los surcos sobre una de las caras de la radiografía y las pistas registradas se desgastaban a cada escucha, pero que se convirtió en la vía principal para escuchar música clandestina al ofrecer un camuflaje perfecto para la mercancía y un producto barato para el público.

El curioso formato elegido hizo que aquel tipo de discos fuesen bautizados popularmente con nombres de inspiración tan osteópata como «Música de hueso», «Costillas» o «Jazz en los huesos». Cuando el estado descubrió todo aquello, decidió actuar persiguiendo la producción furtiva con firmeza y enviando a la cárcel de tres a cinco años a todos aquellos que se dedicasen a elaborar elepés artesanales.

Las teorías y leyendas mas fantásticas sobre Leonardo Da Vinci

La Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos quiso descifrar el libro más extraño: El manuscrito Voynich. Fracasó.


Antes fracasaron lingüistas, criptógrafos, matemáticos y el bibliófilo Wilfrid Voynich. El bibliófilo compró el texto en 1912 a los arruinados jesuitas de Villa Mondragone (Italia). Creía que contenía el secreto de la eterna juventud.

El contenido sigue siendo un misterio. Otro es: ¿quién lo hizo?

Extraterrestres, apuntan escritores de fantasía. Leonardo da Vinci, especulan algunos historiadores… cuando era niño: así casaría con las pruebas de carbono 14 que hizo la Universidad de Arizona.

Una vez más, Da Vinci (o los extraterrestres) como respuesta comodín a enigmas del mundo y los huecos de la historia. La siguiente infografía recoge algunos de los mitos y teorías sobre Leonardo o que tienen al genio como solución fantástica:





Las noticias que cambiarán la historia (y que tu no has leído)

Vivimos en un mundo muy ruidoso, sí. Las redes y los medios nos permiten acceder de forma instantánea al puñado de temas que ocupan las conversaciones y que, por ello, se sitúan en primera línea de la actualidad.

Y sin embargo, los hechos más trascendentales, los que van a tener una repercusión más directa en nuestro día a día, pueden pasar desapercibidos. Y no porque sean un secreto: están ahí, pero muchas veces resulta imposible verlos, porque apenas se los distingue en el maremágnum.

Un ejemplo evidente fue la noticia que se asomó a las pantallas y las páginas de la prensa en enero de este año, pero que no logró escalar hasta primera línea de la atención en las redes. El día 24, un equipo de biólogos de Shanghái, encabezados por los científicos Sun Qianj y Liu Zhen, anunciaron que habían logrado por primera vez la clonación de dos macacos.

Suponía el mayor avance desde la presentación en sociedad de la oveja Dolly, en 1996, el primer mamífero viable nacido mediante esta técnica en la que un individuo es creado con exactamente el mismo material genético que el original.

Que hubieran pasado más de veinte años entre uno y otro anuncio demuestra que, a pesar de las expectativas abiertas con la oveja más famosa de la historia (con permiso, quizá, de la oveja Shaun), los avances en un campo tan sensible como este no son inmediatos.

La noticia apenas pasó de las páginas especializadas de ciencia de los medios, a pesar incluso de las reacciones cautas que hubo en la comunidad científica, escaldada por hechos poco edificantes ocurridos antes en los que incluso se había llegado a anunciar falsamente la clonación de un ser humano. Desgraciadamente, no se puede decir que fuera precisamente a prime time.

Y sin embargo, cuando volvemos la vista atrás y comprobamos el profundo impacto que supuso la presentación en sociedad de Dolly, no dejamos de sorprendernos. La oveja fue portada en prácticamente todos los medios del mundo, con titulares a cinco columnas y la correspondiente controversia que coleó durante meses, algo también que no puede faltar en el anuncio de cualquier avance científico.

Centenares de cámaras la inmortalizaron y decenas de micrófonos registraron sus balidos, a pesar de que en realidad su aspecto era el de un típico ejemplar de la raza Finn Dorset, más que habitual en Escocia, donde nació y vivió durante toda su vida. A pesar de ello, su nombre se coló en todas las conversaciones del desayuno y de la oficina, y se convirtió en una estrella mundial.

Por contra, casi nadie sabría identificar a Zhong Zhong y Hua Hua, los dos macacos clonados en China. Y sin embargo, son comparativamente tanto o más trascendentales que Dolly, porque en su caso estamos hablando de primates, el orden animal más cercano al nuestro. O lo que es lo mismo, de parientes muy próximos.

Y es comúnmente aceptado que cuando una técnica se revela eficaz con primates, es altamente probable que lo sea en humanos. Por decirlo clara y llanamente: el éxito de la clonación de los macacos nos está diciendo que la de los humanos está a la vuelta de la esquina, aunque los científicos chinos se apresuraran a decir que tal cosa no estaba en su agenda.

En realidad, aseguraban, la finalidad inmediata sería la preparación de grupos de animales exactamente iguales que disminuirán, de esa forma, los costes y duración de las pruebas de estudio de los medicamentos. Las diferencias existentes entre los sujetos que se usan hoy en día, similares pero no iguales a causa de su individualidad, lleva inevitablemente a introducir siempre un margen de incertidumbre en los resultados.

Hay quien dice que falta perspectiva para valorar como verdaderamente merece la importancia de este anuncio, máxime con la falta de transparencia habitual de todo lo que proviene de China. Aunque es cierto que todo el mundo está convencido de que el avance en las técnicas de clonación es inevitable, y que la única incógnita es el cuándo. Eso sí, también hay consenso de que es algo mucho más cercano de lo que podría pensarse.

Los sueños, esos misteriosos y desconocidos visitantes

No se sabe muy bien por qué dormimos, cuál es completa y exactamente la función del sueño. Sabemos que dormir sirve para consolidar los recuerdos. Sirve para realizar procesos de mantenimiento del cerebro y sus funciones que serían más difíciles o peligrosos de hacer durante la vigilia. Se sabe que hay genes que actúan de día y genes que actúan de noche.

Que estos últimos tienen sobre todo una función restauradora, o sea, que aquello del sueñecito reparador es rigurosamente literal, incluso a nivel genético y celular. Los ritmos circadianos juegan un papel fundamental en nuestro funcionamiento y en nuestra salud y cada vez se entienden mejor, aunque todavía no comprendemos del todo por qué y para qué dormimos como lo hacemos.

Mucho menos sabemos por qué y para qué soñamos. Hay quien dice que nuestro cerebro lanza en los sueños estímulos aleatorios, mezcla de nuestras percepciones y recuerdos.

Otra teoría afirma que los sueños están relacionados con ese proceso de actualización nocturna de la memoria. Otros ven en nuestras ensoñaciones nocturnas reflejos de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, de nuestras inquietudes. Seguramente estas teorías y otras son partes complementarias de una pintura compleja y variada.

Lo que está claro es que hay quien aprovecha sus sueños de una forma extraordinaria. El sueño más famoso de la historia de la ciencia es el del químico alemán August Kekulé, uno de los padres de la química orgánica moderna, que logró descubrir la estructura circular del benceno tras soñar con un ouroboros, una serpiente que se muerde la cola.

Dioses y demonios se aparecen en sueños y a veces otorgan sus regalos –y sus pagos– en forma de descubrimientos o creaciones. El músico veneciano Tartini soñó que había hecho un pacto con el diablo y que Satanás tocaba para él una pieza maravillosa. Al despertar anotó lo que recordaba de la obra, que se convirtió en su composición más celebrada, la sonata en sol menor para violín El trino del Diablo.

En el otro extremo del espectro está el caso de Srinivasa Ramanujan. Este muchacho indio recibía por las noches la visita de Narashima, consorte de su diosa familiar Namakkal, que le dictaba complejos resultados matemáticos.

Ramanujan anotaba esos resultados y los mostraba a sus profesores, que reconociéndose incapaces de evaluarlos, los enviaron a Cambridge, donde Hardy y Littlewood reinaban en la Teoría de Números.

Cuando estos vieron los resultados de aquel muchacho, no podían creerlo. Estaban en presencia de la obra de un genio. Hardy invitó a Ramanujan a Cambridge y juntos comenzaron una de las más fascinantes y fructíferas colaboraciones de la historia de las matemáticas.

Paul McCartney recibió en sueños Yesterday, votada como la mejor canción pop de la historia, y no es el único hit surgido de la imaginación de genios durmientes: Purple Haze de Hendrix, Every breath you take de Police o Let it be, también del soñador McCartney, son algunos ejemplos famosos.

Los sueños han sido motivo de cuentos y novelas desde antes del principio de la historia; están en las Mil y Una Noches, en Calderón, en Lewis Carroll, en Borges, en García Márquez y en Harry Potter. Incluso se dice que James Cameron el crador de Terminator soñó que un robot del futuro venía a matarlo y de ahí surgió la idea para la exitosa película.

Y quizá no es más que una versión de ese temor a no saber si nuestra vida es sueño o realidad la historia de Matrix y esa teoría cada vez más extendida de que vivimos en una simulación hecha por ordenador.