domingo, 18 de febrero de 2018

Tatuajes horripilantes...







Esto no es una mujer (mucho menos una novia): ¡es una torta!, y vale un millón de dólares


Conoce  a la "Novia del millon de dólares". Se trata de una torta de bodas con un peso de 120 kilogramos con el tamaño real de una novia árabe. La obra de Debbie Wingham está representada en la exposición Dubai Bride Show 2018 en los EAU.


Lulua, que así se llama la obra, en árabe "perlas", está diseñad< en forma de una novia árabe tradicional en un elegante vestido hecho de chocolate. El pastel consistía en docenas de capas de galletas, 25 kilogramos de chocolate y alrededor de 50 kilogramos de dulces. El peso total del producto de confitería era de aproximadamente 120 kilogramos, y para su transporte, se necesitaban seis cargadores. 


El impresionante vestido está decorado con 5 mil colores de fondant y 10 mil perlas comestibles. 


Y aunque Wingham describió su creación como totalmente comestible, esto ciertamente no se aplica a los 5 diamantes grandes que salpican el vestido y el sombrero de la novia. El costo de cada uno de ellos es de 200 mil dólares y son estos diamantes los que inspiraron al diseñador al nombre "Novia del millón de dólares".


"Belleza" y "glamour"...







La pavorosa historia real del caníbal masoquista, asesino y violador de niños

Hamilton Howard Albert Fish tenía 33 años –la mitad de los que viviría–, cuando una cámara fotográfica capturó su primera imagen: un atildado caballero de bien cortado bigote, buena ropa y bombín a la moda coronando su cabeza. Primera imagen y primera detención. Cargo: malversación de fondos.


Apenas una tenue sombra, un pecado venial preludio de su aterradora historia y de los bautismos de la prensa: El Hombre de Gris, El Hombre Lobo de Wysteria, El Vampiro de Brooklyn, El Maníaco de la Luna…
Llegó a este mundo el 19 de mayo de 1870 en Washington D.C. Eligió llamarse"Albert"después de la muerte de uno de sus tres hermanos, pero también para aventar el sobrenombre que le endilgaron en el orfanato donde pasó varios años de su infancia desde apenas sus cinco recién cumplidos: "Ham and Eggs" (huevos con jamón).

Nació con estigma: muchos de los Fish sufrieron enfermedades mentales y arrebatos místicos. Su padre, el viejo Fish, capitán de barco fluvial, murió de infarto en 1875, y su madre, casi medio siglo menor que el marido y sin un dólar, no tuvo otra opción que el orfanato: un destino de paredes grises, castigos, burlas, oprobio, pero también de un siniestro descubrimiento: Albert sentía placer ante el dolor físico, y los golpes le provocaban prematuros orgasmos.

Recién en 1879 su madre consiguió un empleo en el gobierno y pudo sacarlo del orfanato. Pero ya estaba marcado a fuego. A los 12 años empezó una relación homosexual con el hijo de un telegrafista algo mayor, y comenzó a esconderse en los baños y las piscinas públicas "porque me excitaban sus olores y sonidos", relataría en algunas cartas.

Pero fue aun más allá: se tornó adicto a la urofagia y a la coprofagia –ingestión de orina y excremento–, y a sus 20 años, radicado en Nueva York, se convirtió en prostituto y obsesivo violador de adolescentes.

Su madre imaginó que un matrimonio lo alejaría de ese repulsivo mundo, y en 1898 lo impulsó a casarse con un mujer nueve años menor.

El arreglo pareció funcionar y enmendar los desvíos de Albert. Tuvieron seis hijos: Albert, Anna, Gertrude, Eugene, John y Henry.

"En esos años fue un buen padre y esposo", recordó un detective que debió seguir sus pasos casi hasta la degradación y el derrumbe finales, y que en 1903 lo arrestó por malversación de fondos: delito que purgó en la prisión de Sing Sing, Ossining, estado de Nueva York, y temible no sólo por su durísimo régimen interno: también por ser la primera del país en instalar la silla eléctrica.

Resulta ocioso aclarar que las relaciones sexuales entre Albert y los presos fueron legendarias.

Sin embargo, su período marital y paterno, más allá de su escenario de normalidad, no fue más que un telón de fondo paralelo.

Bajo la apariencia de un inocente pintor de brocha gorda en casas particulares… ¡violó a no menos de un centenar de niños, varones, que no superaban los 6 años de edad!

Y por si poco fuera, multiplicó sus visitas a burdeles, exigiéndoles a las prostitutas que lo azotaran sin piedad, hasta sangrarlo, al mismo tiempo que encontró fascinante la castración, y hasta la intentó en un retardado mental que logró huir a tiempo.

Hacia 1917, bordeando ya sus 47 años, su mujer lo abandonó por otro hombre, y Albert agregó al espanto de su vida otros datos de locura: juraba oír voces: entre ellas, las del apóstol Juan, que le ordenaba envolverse en una alfombra… se ignora con qué fin.

Pero cuanto hasta entonces había ocurrido apenas soslayaba el infierno.

A sus 60 años atacó a un débil mental –Thomas Bedden– en Delaware, y mató a puñaladas a un niño negro, también retrasado mental, en Georgetown. Dos primeros pasos. Obertura de una ópera sangrienta, trágica, apenas imaginable aun por los más endurecidos policías de una novela de Raymond Chandler.

Espíritus impresionables, detener la lectura…

Cómo ser irresistible

  • 1) Mírar a los ojos En el transcurso de dos experimentos psicológicos, los participantes tuvieron que mirar a los ojos de los extraños del sexo opuesto, sin apartar la mirada durante dos minutos. Resultó que después de tales contactos las personas parecían mucho más atractivas.
  • 2) ¿La relación no despega? Habla de viajes, no de películas. Después de hablar de películas, el deseo de reunirse nuevamente surgió en menos del nueve por ciento de los participantes en el estudio. En aquellos casos en que el tema de la conversación era de viaje,dichoel número se duplicó.
  • 3) ¿Quieres lucir más atractivo? ¿Cuánto tiempo lleva entender que una persona es guapa? Trece milisegundos. Esto no es una broma.
Para calcular con precisión en qué momento podemos determinar si alguien nos quiere o no, los neurocientíficos Olson y Christy Marshiets llevaron a cabo dicho experimento:

Mostraron a los hombres y mujeres varios individuos, ordinarios y sorprendentemente hermosos, y se les pidió que evaluaran el grado de su atractivo. El truco fue que las caras brillaban delante de los participantes tan rápidamente que cada disparo representaba 13 milisegundos. A esta velocidad y para considerar algo es imposible. Y, sin embargo, los participantes evaluaron los rostros (que, como dijeron, no tuvieron tiempo de ver) son increíblemente precisión.
Entonces no tienes mucho tiempo para impresionar, pero hay algunas cosas que puedes hacer:
  1. La belleza del sueño: realmente dormir bien ayuda.
  2. Ropa roja No importa si eres hombre o mujer. El rojo te agregará puntos.
  3. Hombres: levanta la barbilla. 
  4. Mujeres: baja ligeramente la barbilla.
  • 4) Olvídate de las aburridas cenas en el restaurante. Piensa en algo más original. ¿Qué puede ayudar a los cónyuges que han estado casados ​​durante mucho tiempo a revitalizar su relación? Los científicos dicen: el mejor medio es experimentar algo emocionante juntos.
Los científicos llevaron a cabo un estudio de 10 semanas, durante el cual a las parejas se les proporcionó un pasatiempo agradable y tranquilo y aventuras emocionantes. La opción ganadora fue la aventura.

¿Por qué las experiencias fuertes tienen un impacto tan positivo en las relaciones? Debido a que nuestra mente subconsciente no está muy bien informada sobre por que hemos aumentado la frecuencia cardíaca. Si comenzamos a preocuparnos, no importa, por esta razón, esta emoción se asociará en nosotros con la persona que en ese momento estaé cerca. Incluso si nuestra emoción no tiene nada que ver con él / ella.

Y más: los buenos momentos tienen más poder que los malos. Por lo tanto, cualquier cosa que celebren juntos será mas importante celebrar es mucho más importante que la forma en que discuten.

  • 5) ¿Qué regalar? Los estudios han demostrado que la mejor solución aquí no es tratar de ser original, sino simplemente darle a una persona lo que quiere, pero lo que nunca se atreve a gastar.
  • 6) Haz las preguntas correctas El psicólogo de la Universidad de Nueva York Arthur Aron realizó su propia investigación para encontrar la mejor manera de establecer un contacto rápido y profundo entre las personas. Resultó que la mejor manera es hacer las preguntas "correctas".
Durante el experimento, Aron les pidió a hombres y mujeres que nunca se habían visto antes, que hablaran durante una hora. Tratando de alcanzar ese grado de intimidad, que generalmente lleva meses o incluso años. Para ello escribió una lista de 36 preguntas. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los siguientes:
  • - Si tuvieras la oportunidad de cenar con absolutamente cualquier persona, ¿a quién elegirías?
  • - ¿Te gustaría ser famoso? ¿En qué área?
  • - Antes de hacer una entrevista importante, ¿alguna vez ensayaste?
  • - Si pudieras vivir hasta los 90 años, manteniendo la nitidez de la mente o la juventud del cuerpo, ¿qué elegirías?
  • - ¿A quién estás más agradecido?
tras hacer las preguntas dirigidas, se comprobó que realmente se establecía un tipo de relación que resultó incluso más fuerte que las relaciones que se han desarrollado a lo largo de los años.

Humor guerrero







Magníficas fotos de la historia


Elton John, Dodgers Stadium, 1975.

David Letterman frente a su camioneta, en la que vivió, cuando se mudó a California (1978)


Este letrero analiza el precio de la gasolina a 20 centavos.

Configuración de la oficina en el hogar de los 80.

Freddie Mercury con su madre, 1947.

Interior de un Nissan en 1983.


Cuando no había viagra: la impotencia a través del tiempo

La impotencia masculina ha sido un recurso habitual en la literatura picaresca. Libros como El Decamerón, de Boccaccio, están repletos de historias de maridos impotentes cuyas ansiosas esposas se desfogan con otros hombres más jóvenes y vigorosos. 

El mismo Cervantes relató una historia muy similar en su comedia El viejo celoso. 

Pero, probablemente, la novela que convirtió la impotencia en materia de escándalo fue El amante de lady Chatterley (1927), del británico D. H. Lawrence. ¿La historia? La joven esposa de un aristócrata británico que está ”sexualmente incapacitado” tras ser herido en la guerra se entrega a los brazos de un fornido guardabosques. La novela causó tal polémica en su momento que fue prohibida en numerosos países.

Los impotentes de todas las épocas callaron y sufrieron en silencio. Padecer un mal tan privado era la muerte en vida. Al filósofo griego Dionisio de Heraclea le regalaron una prostituta, pero cuando vio que ante ella nada se elevaba, la devolvió diciendo: “No puedo tensar el arco. Que otro lo haga”. Y se dejó morir de hambre. Una tragedia que rondaba a muchos hombres. Para los antiguos, aquella terrible e inesperada maldición solo podía venir de los dioses, airados por alguna falta.


Víctimas de la brujería sexual
El papa Inocencio VII afirmó en su Bula sobre brujas (1484) que: “Muchas personas practican la magia sexual para impedir a los varones procrear”. Esta fue la espoleta que hizo que la Inquisición quemara a decenas de brujas acusadas de ser las causantes de la impotencia. Tal era el temor que existía a sus maleficios que las parejas de novios consumaban el acto en secreto, antes de la boda.
Una afección manipulada
Observando la historia, uno se pregunta si ha existido realmente la impotencia. Más bien parece que ha sido un cajón de sastre donde se ha echado de todo, lo que la ha convertido en una excusa perfecta para satisfacer turbios intereses.
Desde un punto de vista médico, la impotencia, o “disfunción eréctil”, es la imposibilidad de tener erecciones para poder consumar el acto sexual. Hay una impotencia fisiológica, con la que se nace o es causada por una enfermedad, y otra psíquica, inducida por experiencias traumáticas. A su vez, puede ser absoluta (la imposibilidad de hacerlo con nadie) o relativa (imposibilidad de hacerlo con una persona determinada). También puede ser temporal o permanente. Pero si la impotencia hubiera consistido solo en esto, seguramente habría sido un problema más fácil de superar.

Jinetes
En el siglo IV a. C., Hipócrates relató que los jinetes escitas sufrían impotencia de tanto montar a caballo, pero también expuso otras supuestas causas de este mal: la preocupación por el trabajo y tener una esposa poco atractiva.
Pero la ausencia de erección se convirtió en un arma política. Se celebraba un matrimonio y, si posteriormente este no satisfacía las expectativas económicas o de otra índole, se anulaba. Porque la Iglesia, al menos desde el siglo XII, admitía la impotencia como cau­sa legítima de disolución. Fue la argucia del papa Borgia para desembarazarse de su yerno, Giovanni Sforza, y volver a casar a la bella Lucrecia con Alfonso de Aragón. Anteriormente, en tiempos menos corruptos, el rey francés Felipe Augusto alegó lo mismo para quitarse de en medio a la danesa Ingeborg, pero el papa Inocencio III se lo denegó. Al iniciar un viaje para ver qué se esconde bajo la temida palabra comprobamos que el paisaje es tan variado como las civilizaciones que ha conocido la Humanidad. Para los romanos, el impotente estaba envuelto en un aura pecaminosa y contaminaba a quienes convi­vían con él. En uno de sus poemas, Catulo nos cuenta la historia de Cecilio: “Cuyo puñalito, que le cuelga más lacio que una acelga tierna, nunca se le levantó ni a la mitad de la túnica”. Tuvo que ser su propio padre quien desflorara a su mujer, ya que él no podía. Y luego, ella no dudó en entregarse a los brazos de otros.
El dios que cura
Urano fue castrado por Cronos, quien arrojó los genitales a un lago. Y se decía que sus aguas devolvían el vigor.
Sin embargo, prevaleció la idea de que era un castigo de los dioses; por eso, los fieles de Cibeles que la sufrían se amputaban los testículos y se los ofrecían a la diosa para purgar sus faltas.
En el siglo XVII esta ya se había convertido en una costumbre entre la nobleza. Fue así cómo, en Inglaterra, la atractiva Francess Howard logró romper los lazos que la mantenían atada a su primer marido, para casarse posteriormente con el hombre del que estaba locamente enamorada: el conde de Somerset.

Poseídos por los Diablos
Con el transcurso de los siglos, la responsabilidad de la impotencia pasó de los dioses a los demonios. Desde Tomás de Aquino, si alguien no creía que Luzbel y sus acólitos producían impotencia, era visto como un hereje; el teólogo llegó a escribir: “La fe católica nos enseña que los demonios dañan al hombre y pueden poner obstáculos a la relación sexual”. Así, se pensaba que cuando la cópula se hacía únicamente por placer, el demonio se empleaba a gusto, haciendo que el miembro pareciera la torre inclinada de Pisa. Contra la impotencia, se recomendaba ir a la cama rezando y solamente para procrear.

El fin del punto y coma

La sala estaba en semipenumbra. Apenas un par de lámparas de luz tenue iluminaban aquella estancia fría que poco a poco se iba llenando de gente. No sabía bien cómo había llegado al tanatorio, pero algo le decía que tenía que entrar en aquel velatorio. Había mucha gente en la sala. Los signos de puntuación lloraban desconsolados mirando hacia la cristalera que se dejaba ver tímidamente desde la entrada. Allí, detrás de ella, había un ataúd –qué otra cosa podría encontrarse, si no, en un tanatorio– rodeado de coronas de flores; pero no podía distinguirse bien desde el lugar donde estaba quién era el difunto.

Las palabras moribundas estaban sentadas en los sillones, comentando entre sí lo buena persona que fue el finado. No lo decían, pero aquel muerto les recordaba dolorosamente lo cerca que estaba también su propio fin. Nadie parecía reparar en la figura de aquel extraño que se abría paso lentamente entre la apesadumbrada multitud. Ya en el medio de la sala, antes de llegar a la cristalera que se empeñaba en esconder al muerto, le pareció reconocer a un punto con quien había compartido frase en cierta ocasión.

También vio al fondo a la coma, una antigua novia de juventud con la que acabó perdiendo relación con el paso de los años, que consolaba a unas llorosas comillas. Y cuando por fin llegó a la cristalera, comprobó con horror que el muerto era él. «¡Pobre punto y coma!», comentaban las comillas; «morir así, atropellado por el desuso y abandonado en la cuneta sin que nadie hiciera nada por salvarle».

No es una historia muy alegre, cierto, pero sí es más real de lo que al punto y coma le gustaría. Aún no está muerto, pero si revisamos los textos que se escriben, no nos equivocamos mucho si decimos que es uno de los signos de puntuación más en peligro de extinción. No digamos si esos textos son tuits o wasaps, por ejemplo. ¿Y si hacemos algo por salvarlo?

Lo cierto es que su uso es bastante subjetivo, lo que dificulta mucho las cosas. La Academia dice que «indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto». Y también nos dice que, en su lugar, podemos optar por un punto y seguido, una coma o dos puntos. Ya ves, el enemigo en casa. Pero si queremos hacer el esfuerzo y seguir escribiéndolo, hay tres usos principales:

  • –En enumeraciones largas y para no liarnos con las comas: Metieron goles a placer: el primero, por la derecha; el segundo, por el centro; el tercero, por la izquierda…
  • –Para separar oraciones independientes, pero que guardan cierta conexión semántica: Cada mochuelo a su olivo; se acabó la fiesta.
  • –Delante de conectores como sin embargo, así pues, en definitiva, por tanto…: Eres más bruto que un arado; sin embargo tienes un puntito.
Hay más cosas que decir sobre el punto y coma, pero una página no da para mucho más; mejor acudid a la RAE, que te lo explica mejor; aunque sin mucho entusiasmo. Sin duda, se temen lo peor. ¿Habrá llegado el momento de decirle al punto y coma «descanse en paz»?



El curioso caso de las marcas de ropa que falsifican sus propias prendas

Cajas de cartón apiladas, cartulinas de colores con precios de ganga y camisetas colgadas en un toldo verde como de kiosko. A simple vista, el local aparecido el pasado fin de semana en el Chinatown neoyorkino reunía las características de una tienda de ropa falsificada, en este caso concreto de ropa Deisel, aparente fake de la marca Diesel. Nada más lejos: Deisel es un invento de la firma auténtica para ironizar sobre el fenómeno de las imitaciones en el mundo de la moda y –de paso– llevarse la caja con las cartas de los tramposos.


La jugada de Diesel y su pop-up store en Canal Street forma parte de una campaña bautizada Go with the fake, y se suma a la estrategia emprendida por algunas firmas punteras en la batalla contra el negocio del fraude textil. La maniobra consiste en borrar la línea entre lo real y la copia, arrinconar el clasismo para conversar con los bajos fondos de la ciudad y reconocer que en la falsificación misma hay cierta seducción: el encanto de lo clandestino.

Renzo Rosso es la cara visible de esta transgresión. El CEO de Diesel y presidente de su empresa matriz –Only the Brave Group–, no destaca precisamente por echar gasolina en el fuego del mercado negro textil. De hecho, según The New York Times, solo en 2017 su compañía consiguió cerrar 87 páginas web que comercializaban copias de Diesel. Sin embargo, Rosso se dejó ver orgulloso junto a los cazadores de chollos atraídos por las falsificaciones de Diesel, encarnando, de este modo, la gran paradoja de la industria de la moda:

«Si alguien copia tu ropa, significa que esta está bien valorada y posicionada en la mente de los consumidores. Eso es halagador; pero, al mismo tiempo, hacemos todo lo posible para proteger nuestra marca de la práctica que supone la falsificación. Seguiremos luchando para protegerla mediante la implementación de tecnología, porque no podemos tolerar a los estafadores», explica el empresario a la revista Vogue.

Los estafadores de los que habla Rosso tienen en cartera otras marcas a las que exprimen el prestigio, caso de la costosísima Gucci. Unas veces plagiada en formato calco y otras bajo pseudónimos tan aproximados que inducen al equívoco, como Guccy. ¿Qué se puede hacer frente a esto? Lo mismo que Diesel: contraatacar. Hace apenas unos meses, la casa italiana decidió fichar para campañas futuras al histórico modisto de Dapper Dan, un sastre al que le cerraron el taller en los 90 por copiar el logo de, entre otras, la propia Gucci.

La alianza de Gucci y Dapper se antoja simbólica en la medida en que supone –una vez más– el reconocimiento del valor de la imitación. O mejor dicho, de la inspiración. O incluso en términos elogiosos, del homenaje. Dapper satisfizo el sueño de muchos chavales de Harlem y cubrió sus pieles con telas marcadas por los anagramas de Gucci o Louis Vuitton a un precio que por fin se podían permitir. Lo hizo durante los años 80 y sin permiso alguno, de modo que cuando los agentes encontraron en su estudio de la calle 125 prendas con logos de otras firmas, le cerraron el taller y eliminaron todas sus obras.

30 años después, en mayo de 2017, la marca italiana sacó a pasear en la colección Crucero 2018 un abrigo inspirado en un diseño original de Dapper Dan. El modelo antiguo tenía mangas abullonadas en las que se repetía el logo de Louis Vuitton; el moderno era exáctamente igual, pero con el logo de Gucci. Algunos seguidores señalaron el plagio en las redes sociales y, a los pocos días, la firma italiana anunció su acuerdo con el diseñador. Gucci tendió la mano a sus imitadores y lo hizo por partida doble: en esa misma colección, las prendas llevaban el nombre de Guccy.