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martes, 28 de junio de 2011

Experimenta con tu cuerpo

Dias atras les dejaba un post coon algunos experimentos "corporales" interesantes. Hoy les dejo 3 mas, para que continuen comprobando como la magia del engaño, logra evadir la confiabilidad de nuestros sentidos y de nuestro cerebro.

Experimenta con tu sensibilidad
En la piel hay millones de diminutos sensores de varios tipos, que responden ante estímulos como la temperatura, la presión y el dolor, y que son los responsables del tacto.
Pero estos receptores no están distribuidos homogéneamente a lo largo de todo el cuerpo, sino que existen zonas más sensibles que otras.
Lo puedes comprobar mediante este sencillo experimento: coloca dos dedos ligeramente separados sobre la piel de otra persona y pregúntale cuántos dedos siente.
Dependiendo de dónde la hayas tocado y de la separación de los dedos, puede que note un solo contacto.
Separa los dedos poco a poco, hasta que note los dos. La separación entre ambos será la medida en centímetros de su sensibilidad táctil en esa región del cuerpo. 



Experimenta con tus ojos
Recorta una donde dibujarás un círculo en el lado superior izquierdo y una X en el extremo superior derecho,   y sitúala a 30 o 40 cm de los ojos. Cierra el ojo derecho y fija el izquierdo en la cruz —a pesar de eso, sigues viendo el círculo—.
Si ahora acercas lentamente la tarjeta, llegará un momento en que el círculo desaparezca: al coincidir con el punto ciego del ojo,  es decir, la zona de la retina que no posee fotorreceptores por ser el punto de conexión del globo ocular con el nervio óptico.
Así, en lugar del círculo lo que se aprecia es un fondo continuo, ya que el cerebro suple la falta de información de esa ‘zona oscura’ con elementos sacados del entorno, y completa la imagen. 


Experimenta con tus manos
Cierra los ojos. No necesitas mirarte para conocer la posición de tu cabeza, cuello o extremidades.
Para ello, el cuerpo humano ya dispone de millones de sensores microscópicos en los músculos y en las articulaciones, llamados ‘propioceptores’, que suministran  al cerebro información suficiente en cada momento para hacerse una composición de lugar y disponer de un mapa ‘interno’ del cuerpo.
No obstante, hay veces en las que esta propiocepción no es suficiente; sobre todo, cuando se trata de realizar actividades que requieran una gran precisión. Y en eso, las manos son nuestras auténticas especialistas. Por eso, para tener una buena referencia de su posición exacta, los ojos miran regularmente las manos.
Ahora cruza las manos como se expone en las fotografías e intenta mover un dedo. ¿Lo has conseguido o ha sido otro el que ha ‘saltado’?
Tus manos están en una posición ‘extraña’, y al cerebro no le calzan las informaciones que recibe de la vista y de los propioceptores, lo que provoca un ‘cortocircuito’. El resultado: al intentar mover un dedo el que salta es otro.. 

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