Documental sobre las antípodas abre Festival de Venecia

Este miércoles abre el festival de Cine de Venecia un documental que visita lugares opuestos del mundo. Su director: el ruso Victor Kossakovsky. 
Viajando en una remota región de Argentina, el director ruso Victor Kossakovsky llegó a un pequeño poblado con sólo tres casas al borde de un pequeño río. Bajo la luz del atardecer, le pareció uno de los más hermosos y pacíficos lugares de la Tierra. La imagen de un hombre parado en un puente pescando con una línea de 25 metros le hizo preguntarse: ¿Qué pasaría si extendiera esta tanza mucho más lejos, a través del centro de la Tierra? ¿Qué encontraría al otro lado del mundo? (Clic en las imágenes para ampliarlas)




“Resultó ser Shanghái, uno de los lugares más poderosos, explosivos y ruidosos del planeta. Fue así como nació la idea de esta película”, cuenta desde Venecia, donde este miércoles abrió con su documental “¡Vivan las antípodas!” el famoso festival de cine. Así comenzó a rodarlo en la provincia de Entre Ríos, en una aldea remota que consiste de tres casas sin electricidad y es el hogar de Abel y Orlando, dos hermanos de unos 50 años que manejan el ferry que cruza el río de la localidad. "Las dos personas más maravillosas que conocí en mi vida. Unos filósofos de la vida", cuenta el realizador ruso.




Kossakovsky pasó dos años a la caza de los lugares ideales para su película. Dado que dos tercios de la superficie de la Tierra están cubiertos por agua, la elección de antípodas en tierra firme era limitada. Las antípodas son cualquier par de puntos en la tierra diametralmente opuestos uno del otro, situados de manera tal que una línea recta trazada de un punto al otro pasa a través del centro de la Tierra. La longitud de un túnel recto que condujera de una antípoda a otra sería de unos 12.756 kilómetros.




El rodaje le llevó otros dos años, durante los cuales visitó cuatro pares de antípodas: Argentina y China, España y Nueva Zelanda, la Patagonia chilena y el lago Baikal en Rusia y Botswana y Hawaii. "Cuando di la vuelta por el mundo entendí que la gente no sabe qué quiere decir de verdad la expresión estar en las antípodas, por eso, incluso, puse al principio del documental una explicación en rótulos del término", explicó el director al presentar el filme.




Gran parte del tiempo los hermanos la pasan sentados, tomando mate y reflexionando sobre el mundo. En el lado opuesto Shanghái, el motor del auge económico de China. Las historias son opuestas, aunque similares al mismo tiempo, cuenta Kossakovsky. Por ejemplo, el realizador encontró similitudes entre la tranquilidad del campo de Entre Ríos y el febril ritmo de Shanghái. “En ambos observé la doble realidad del hombre macho y el tímido, por ejemplo. Y en ambos lugares vi que la gente silba”.




En Nueva Zelanda, una ballena quedó encallada en la costa. En las antípodas, España, la rocosa sierra de Miraflores descansa en el mismo lugar desde hace miles de años, expuesta a violentos cambios climáticos.




La Patagonia chilena es la casa de René Vargas, el "hombre Cóndor". Cada mañana este solitario pastor les habla a sus animales. “Tiene cientos de ovejas y se acuerda del nombre de todas. Es increíble”, dice Kossakovsky.




En el otro extremo del mundo Tatiana, cerca del lago Baikal, en Rusia, se está yendo a dormir. Junto con su hija Alina -en la foto, con sus gansos- charlan en el frío otoño sobre el amor y la soledad. Kossakovsky cuenta que le habría gustado juntar a Tatiana y René en Venecia, punto medio entre los dos, para que se conocieran.




"¡Vivan las antípodas!" celebra lo opuesto, no sólo geográficamente sino en otros sentidos más amplios, de una manera metafórica, dice Kossakovsky. El documental, (en la foto) una coproducción de Alemania, Argentina, Holanda, Chile y Rusia, fue presentado fuera de concurso en la jornada inaugural de la "Mostra", que se extenderá hasta el próximo 10 de septiembre.


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