El ave que resucitó


El ave de la imagen ha resucitado. Es un paíño de Nueva Zelanda (Oceanites maorianus), un pequeño ave de unos 17 centímetros que vive en alta mar y solo regresa a tierra para construir un nido donde poner huevos. Se dio por extinguida en el siglo XIX.
Desde 1850 nadie veía un ejemplar. Pero estaba ahí revoloteando delante de todos nosotros sin que nadie se diera cuenta. Hasta que en 2003 dos grupos de ornitólogos avistaron, de manera independiente, decenas de estos paíños sobrevolando las aguas el golfo de Hauraki. Desde ese momento, los especialistas comenzaron a mirar con otros ojos los cielos de las aguas neozelandesas. Buscaban a estos fantasmas vivientes. Entonces, los avistamientos se sucedieron. El último documentado se produjo en abril de 2010.

 Hace cinco años, el zoólogo Bruce Robertson, de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), decidió realizar un análisis de ADN a esas aves tan extremadamente parecidas a la que se suponía extinguida. Junto a su equipo rastreó en los museos en busca de ejemplares muertos bien conservados. Tan solo encontraron tres. Tres joyas para la ciencia.
Tomaron muestras de ADN de la piel de estos paíños y lo compararon con el extraído de muestras de sangre de los avistados capturados en 2005. Los resultados, que publica ahora, concluyen sin lugar a dudas que se trata de la misma especie.
El siguiente paso que darán será estudiar las costumbres de esta misteriosa especie de la que poco se sabe e impulsar un programa de protección y recuperación. ¡Bienvenido de nuevo a la vida paíño de Nueva Zelanda!


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