viernes, 4 de agosto de 2017

Fantasmas en la carretera (leyendas urbanas).


Es quizás una de las leyendas urbanas por excelencia. Todos hemos pasado por carreteras solitarias con poca luz, donde sólo la luz de los focos del coche iluminan unos pocos metros nuestra visión. Muchas veces las carreteras solitarias, están ubicadas cerca de campos y bosques y muy pocas veces encontramos coches de frente. En esos momentos solemos estar cansados o con sueño y he incluso a veces viajamos solos.
La historia de "La chica de la Curva", aunque existen muchos matices, es la siguiente:En plena noche, conduciendo en solitario, en la carretera solitaria, se encuentra una chica, normalmente atractiva, vestida  con un camisón blanco.La persona que conduce, siente la necesidad de parar y hacer subir a la chica. Por lo general, la chica no suele hablar y permanece callada a nuestro lado o en el asiento de atrás.Al llegar a una curva, la chica nos dice: "Ves con cuidado en esta curva" o incluso "Disminuye, que en esta curva me maté yo".Después de hacer caso a la chica y frenar o disminuir la marcha, al mirar al lado o al asiento de atrás, la persona se da cuenta que la chica ya no está en el vehículo.Esta es la breve historia o mejor dicho una de sus versiones, de la leyenda urbana de la chica de la curva.


El coche patrulla
Todo sucedió cerca de Talavera de la Reina, en la carretera N-V. Un hombre, cuyas iniciales eran A.J.M., conducía bajo los efectos del alcohol, cuando fue obligado a detenerse por una patrulla de la Guardia Civil que estaba llevando a cabo un control rutinario de alcoholemia.

Mientras la pareja de guardias civiles le estaba pidiendo la documentación, tuvo lugar muy cerca de allí, a unos escasos 300 metros, una colisión entre dos vehículos. Dicho acontecimiento obligó a los agentes a alejarse durante unos minutos de allí para socorrer a los accidentados. Aprovechando la circunstancia, el conductor, que presuntamente estaba bebido, se dio a la fuga.
Cuando A.J.M. llegó a su domicilio, y tras meter el coche en el garaje y cerrar éste con llave, le dijo a su mujer que, si alguien preguntaba, dijera que él había pasado toda la noche en casa. Le pidió, en definitiva, que mintiera para salvarlo de la pérdida de seis puntos.
No obstante, tres horas después aparecieron dos agentes de la benemérita en su puerta. Tanto el conductor como su cónyuge aseguraron que habían estado juntos toda la noche en casa. Juraron y perjuraron, hasta que los agentes les dijeron que les mostrasen su garaje. Allí estaba. Solo y con las luces superiores aún encendidas: el coche patrulla.

La autostopista fantasma
Un matrimonio y su hijo regresaban a su casa tras pasar unos días en la montaña. Una carretera comarcal de América del Sur fue el escenario. El momento: una noche con niebla espesa. De pronto, apareció ante el coche, en medio de la carretera, una mujer con el cuello y la ropa ensangrentados solicitando su ayuda. Tras detener el vehículo, la mujer, muy alterada y 
llorando, les explicó que acababa de tener un accidente y que su coche se había caído por el barranco. La mujer rogó al hombre que le ayudase, pues tenía un bebé que había quedado atrapado entre los hierros del coche.
El hombre, sin dudarlo un momento, cogió su equipo de montaña y descendió por el barranco. Después de un tiempo, que para su familia se hizo eterno, el hombre volvió muy nervioso y con el bebé entre sus brazos. «¿Dónde está la mujer?». «Está sentada en aquella piedra». Pero al dirigir la mirada hacia el lugar donde apuntaba su dedo índice descubrió que allí no había nadie. La señora había desaparecido. El hombre entró rápidamente en el vehículo, e instó a su mujer a que hiciera lo mismo. Después arrancó el coche y se fueron de aquel lugar. «¿Por qué nos llevamos al bebé? ¿Por qué no buscamos a la mujer?», le preguntó su esposa, a lo que él respondió: «Cuando bajé y cogí al crío, vi a su lado a su madre. La señora que nos pidió ayuda estaba allí. Muerta».

El motorista real
Un amigo de un amigo circulaba por un monte alejado cuando se quedó sin combustible. El móvil: sin cobertura. La gasolinera más cercana: demasiado lejos. No obstante, dio la casualidad de que apareció por allí un simpático motorista que se ofreció a acercarlo a una gasolinera y volverlo a traer hasta el vehículo. Tras toda la operación, el conductor le agradeció encarecidamente su ayuda al motorista, quien se quitó el casco para despedirse, descubriendo así su rostro. El amable motorista, según cuenta la leyenda, era el Rey Juan Carlos de españa.

El coche sin luces
Cuentan la historia de una banda callejera, los Sangre, que recorre las carreteras de la Península Ibérica en plena noche con las luces de su vehículo apagadas. Aquellos que relatan la historia advierten que no se les debe hacer señales luminosas para avisarles de su error, pues las consecuencias serían nefastas. En ese caso, la banda perseguirá al otro coche hasta que consiga echarlo de la carretera y matar a todos sus ocupantes.





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