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sábado, 7 de abril de 2012

Cuando creían que "bañarse era sucio" y otras historias de baños.


Al emperador azteca Moctezuma le gustaba tanto bañarse que tenía varios cuartos de baño.


1. Bañarse era sucio. A partir de la Edad Media los europeos dejaron por completo de pasarse por agua. Pensaban que era “sucio” moralmente. Tal era la falta de higiene que cuando comenzaron a llegar en masa a América, los indios autóctonos no dejaban de sorprenderse por el hedor que desprendían. Había quienes pensaban que bastaba con exponer el cuerpo al sol y al aire para asearse; otros, que llevando una camisa de lino la suciedad se desprendería de la piel. Y la mayoría optaba por combatir el mal olor y la roña con productos cosméticos. Aunque, lo cierto es que ¡todo el mundo apestaba!

2. Una actividad en compañía. En la Edad Media, los monasterios contaban con letrinas que tenían asientos de madera. Estaban separadas unas de otras mediante un tabique para ganar algo de intimidad, y detrás contaban con una pequeña ventana para ventilar e iluminar. En los castillos se aprovechaban los contrafuertes de los muros para disponer espacios destinados a las letrinas. Incluso en ocasiones se situaban junto a la sala de banquetes. En el siglo XV, era costumbre defecar delante de ciertas personas, distinguidas. Se consideraba un honor… Y por increíble que pueda parecernos hoy en día, los retretes tenían diversos asientos para facilitar la conversación.

3. La prehistoria de los baños franceses. En París, antes del siglo XIV, no existían retretes o excusados en las casas. Por lo mismo, los excrementos eran arrojados por las ventanas a las calles. En los años 1372 y 1395 se decretaron ordenanzas reales para prohibir esta actividad. Sin embargo, no fue sino hasta 1513 cuando se ordenó que todas las casas tuvieran excusados.

4. Orinales reales. Pertenecieron al rey de Francia Luis XIV, conocido como Rey Sol. Contaba con dos pots-de-chambre de plata con su escudo, que eran los que usaba cotidianamente, pero también tenía otros dos de reemplazo que eran del mismo material. Se dice que durante la guerra utilizó uno de plata dorada.

5. El gobernador vanidoso. Fue el azteca Moctezuma, quien se cambiaba de vestido todos los días, hasta cuatro veces y no volvía a utilizar los que se quitaba, “sino que se destinaban para los nobles y soldados que se distinguían en la guerra”; además se bañaba todos los días y, por lo mismo, los historiadores señalan sus palacios contaban con muchos baños. Miguel León-Portilla dice que “no había cosa que hiciese más vanidad que del aseo de su persona y demás cosas que le pertenecía”, por lo que más de mil hombre se dedicaban a barrer y regar las calles de Tenochtitlán.

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