Le disparó a su mujer porque confundió su peinado con un pájaro + Café para haraganes

Un hombre de Colorado le disparó un balazo a una joven con un peinado mohicano que confundió con un pájaro rojo que estaba molestando a sus gatos.

En un extraño y tragicómico caso de confusión, Derril Rockwell de Grand Junction, Colorado, fue sentenciado a 5 años de libertad condicional luego de que le disparara a una mujer con un peinado tipo mohicano o Mohwak, porque pensó que éste era un ave de plumaje rojo. Un ave que  aparentemente había estado hostigando a sus gatos.
La mujer de 23 años sobrevivió el impacto de bala; Rockwell había perseguido a este pájaro a lo largo de una colina a una distancia de más de 20 metros. 
Derril Rockwell disparó una vez, pero el pájaro no se fue. Al segundo disparo escuchó el gemido de una mujer. Poco después pudo constatar que se trataba de una joven  pelirroja con un protuberante peinado. 
La naturaleza accidental de lo ocurrido hizo que se retiraran cargos de mayor gravedad y Rockwell se delcaró culpable de posesión de un arma, un delito menor, y pagó 10 mil dólares a la víctima.


La taza de café por las mañanas, sin la cual pocos se atreverían a enfrentar la jornada cotidiana, podría ser efectiva como estimulante solo entre las personas que son de por sí perezosas; en las activas, el efecto podría ser el opuesto.
El café de la mañana es, para muchas personas, uno de los rituales más importantes “para despertar de veras”, una especie de umbral después del cual es posible acometer todas las actividades que la jornada laboral demanda, un supuesto potenciador o vivificador del ánimo y la voluntad cuya ausencia solo induce ese estado Bartleby en que se prefiere no hacer lo que se tiene que hacer. 
Sin embargo, este prestigio del café podría no ser más que una idea cultural y para nada un efecto fisiológico, o al menos no para todas las personas.
De acuerdo con un estudio llevado a cabo por Jay Hosking, candidato a doctor en el Departamento de Psiciología de la Universidad de British Columbia, ni el café ni otros estimulantes como las anfetaminas incrementan los niveles de motivación y, además de que pude generar el efecto contrario, quienes así lo sientan es solo porque son de por sí perezosos.
Hosking experimentó con ratas, específicamente con dos grupos que, como en los seres humanos, están claramente diferenciados por su tendencia natural y cerebral a la resolución de problemas: por un lado las que destacan en esta actividad, las ratas “diligentes” y, por el otro, las que no las realizan de buen grado o ratas “perezosas”.
Bajos los efectos de la cafeína y las anfetaminas, las llamadas ratas “diligentes” solo se hicieron menos activas y motivadas y, por el contrario, las “perezosas” incrementaron significativamente la energía con que resolvieron un rompecabezas específicamente diseñado en el laboratorio para tal fin.
“Todos los días millones de personas utilizan estimulantes para despertar, mantenerse alertas e incrementar su productividad ―de conductores que manejan la noche entera a estudiantes preparándose para los exámenes. Estos resultados sugieren que ciertos estimulantes podrían de hecho tener un efecto opuesto en las personas naturalmente inclinadas hacia las tareas difíciles de la vida que vienen acompañadas de grandes recompensas”, concluye Hosking.


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