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viernes, 6 de abril de 2012

Pescado, huevos, chocolate...¿cual es el origen de estas costumbres de Pascua?


En el hemisferio norte, la Pascua transcurre en primavera, cuando se va el frío y las flores dan color a las plantas. Muchas culturas asociaron esta estación a la fertilidad y, justamente, la nueva vida. La fiesta cristiana conmemora la resurrección de Jesús, que no es otra cosa que la celebración de la posibilidad para los hombres de alcanzar una nueva vida en el Paraíso después de la muerte.
En este sentido, “los huevos de Pascua son una referencia a esa vida que Jesús nos trae”, explica el padre Gerardo Castellano, cura párroco de la Iglesia de San Juan Bautista. Desde tiempos antiguos, distintas culturas usaron huevos coloreados para simbolizar el nacimiento y la fertilidad. Durante la Edad Media, los europeos solían coleccionar huevos de colores de diferentes aves y, gradualmente, esta costumbre se asoció a la Pascua. Después comenzaron a pintar y decorar los huevos con motivos festivos y alegres y los conejos también fueron usados como símbolos de fertilidad en algunas culturas.
Con una receta simple basada en leche, huevos y harina, la rosca completa la mesa pascual. El huevo duro característico de este postre remite, al igual que los de chocolate, al nacimiento y la fertilidad. Sin embargo, no tiene un origen religioso, sino que fue asociado a ciertas costumbres folklóricas. Por ejemplo, cuando los campesinos amasaban la rosca y la llevaban a misa para pedir por una buena cosecha.
¿Comer o no comer (carne)?
“En los orígenes de la Iglesia, el ayuno implicaba privarse de la comida durante un día para darle eso a los pobres. Sobre todo en Europa, la carne era un alimento lujoso y caro, pero el pescado era gratis: sólo bastaba con ir a pescarlo. Así, estaba excluido de la penitencia, porque no se ahorraba nada al comerlo”, explica el padre Luis.

En la actualidad, la Iglesia propone que el Miércoles de Ceniza (día que comienza la Cuaresma), el Viernes Santo (el día que se conmemora la muerte de Jesús) y todos los viernes del año cada uno realice un esfuerzo individual y se prive de algo placentero, no necesariamente tiene que ser carne. “No tiene sentido hacer penitencia de carne y comer una cazuela de mariscos o bacalao”, dice Luis. “La idea es que uno se prive de alguna cosa para compartir la Pasión de Jesús, asociarse a su dolor y no pasarla tan bien”, comparte el padre Gerardo.
“Una anécdota: un hombre tenía a un amigo preso y durante esos días durmió en el piso para compartir su padecimiento. Se trata de hacer un esfuerzo que nos haga mejorar y, si redunda en un beneficio para otro, mucho mejor. Por ejemplo, con el dinero que nos cuesta la carne, podemos comprar comida para otros”, traduce el padre de la Iglesia de San Juan Bautista.


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